Recuerdo cuando nacieron mis sobrinos, siendo yo adolescente, que comencé a ser consciente de los mensajes que le llegaban como bombardeo a mi hermana para que “los educara bien”: “no lo cojas mucho en brazos, que luego se acostumbra mal”, “un buen azote a tiempo …”, “déjale llorar, que ya se le pasará”, y así un sinfín de consejos que reconozco que asumí en aquel entonces, y que creo que aún están muy infiltrados dentro del mundo de creencias de nuestra cultura. Pero, ¿realmente aprendemos a ser autónomos, independientes y conscientes de nuestras emociones, además de sobrevivir mejor en el

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