En defensa del Psicoanálisis

Escribo este artículo como una respuesta (la primera) a las durísimas y despiadadas críticas que se vienen lanzando últimamente contra el psicoanálisis desde medios muy diversos.

En concreto, me animo a hacerlo a raíz de una pseudoentrevista -que en realidad es un refrito de un artículo anterior- realizada a un psicólogo conductista que aparentemente cree poder alcanzar fama y reconocimiento convirtiéndose en una especie de Ayatola fanático que lanza fatwas con un lenguaje inspirado en Sálvame *Deluxe*.

Este señor es la musa de mi defensa pero no lo citaré ni pondré vínculo a su artículo ni a la “entrevista”. No le voy a hacer el favor. Tampoco es necesario ya que en realidad las objeciones que plantea tampoco son suyas sino que las toma del libro de Frederick Crews  “Freud: The Making of an Illusion”. Son, por otra parte, las críticas habituales sazonadas, en este caso, con un estilo chabacano.

“Freud era cocainómano, misógino, homófobo o un impostor en general.”

Sigmund Freud (1856-1939) es una figura que sigue generando airadísimas controversias. Muchas de las críticas al psicoanálisis se centran en desacreditar personalmente a Freud. Se podría simplemente descartar todas estas críticas como una falacia ad hominem puesto que el hecho de que Freud fuera una mala persona no invalidaría su teoría de ninguna manera. Sin embargo, me interesa detenerme en alguna de las objeciones que se hacen en su contra porque me parecen bastante sospechosas.

Antes de nada, paremos a pensar en lo que le exigimos a Freud. Un médico judío nacido en el Imperio Austrohúngaro que vivió las dos Guerras Mundiales. ¿Queremos que sea postmoderno, feminista de tercera ola, proLGTBIQA+ o animalista? No olvidemos que, considerando la época en la que Freud vivió, algo como la Carta a la madre de un hijo homosexual era una heroicidad.

Continuemos. Para empezar se acusa a Freud de cocainómano, cosa que es cierta. Freud fue durante un periodo importante de su vida adicto a la cocaína, droga que comenzó a consumir como un experimento por su posible potencial terapéutico. Estamos hablando de un momento en el que el conocimiento de las drogas y sus efectos sobre el cerebro y la conducta está todavía en pañales, sin embargo, a Freud se le juzga como una especie de “vicioso” que se “inventa” el psicoanálisis para poder pagarse su adicción. Es de una simpleza que asusta y redunda en una imagen estigmatizada de las personas drogodependientes como incapaces de hacer nada bueno. ¡Sorpresa! Ha habido personas adictas que han creado obras fudamentales para el arte y el pensamiento a pesar de su adicción. Una persona es más que sus adicciones y Freud era mucho más que la cocaína, la cual por cierto terminó dejando con el tiempo.

Respecto a la homofobia ya he mencionado la carta a la madre de un homosexual. Este fue un tema complejo dentro de los primeros años de la Asociación Psicoanalítica y finalmente se optó, tras la muerte de Freud por una posición restrictiva y claramente homófoba sobre todo con el traslado de poder a EEUU y el contagio de su tradicional puritanismo. No está, sin embargo, el conductismo libre de pecado en lo que concierne a la homofobia. De hecho, la terapia de conversión que TODAVÍA se practica en sitios tan extraños como Madrid (y lo digo porque me consta) es de tipo cognitivo conductual principalmente (también hay una supuesta coach enajenada por ahí a la que tampoco voy a dar publicidad).

Por otra parte decir que Freud era misógino cuando admitió desde el principio a mujeres como psicoanalistas y defendió la existencia de una sexualidad femenina que debía poder expresarse es, de nuevo, no saber poner al personaje dentro de su contexto histórico. Evidentemente Freud no podía ser une feministe no binarie del siglo XXI, pero su legado fue liberador en la época en la que se formuló, también para las mujeres. Y si se le critica por el tratamiento que dio a la histeria – hablar- ¿Qué pensaremos de los tratamientos anteriores que incluían torturas y sadismo? Naturalmente si se piensa que Freud es el “inventor” de la histeria además de desconocer la historia de la psicología se ignorará el avance que supuso el psicoanálisis para estas pacientes (que sufrían por cierto -y entre otras cosas- de lo que ahora llamaríamos trastorno disociativo y/o trastorno de conversión. Lo digo por aquellos que dicen que la histeria no existía, Persia existió aunque ahora se llame Irán).

Por supuesto Freud es un personaje que tuvo conductas muy criticables. Algunos de sus casos clínicos fueron espectaculares fracasos, robó ideas a colegas sin citarlos debidamente (famoso el caso de Sabina Spilrein o el de Fliess) y sostuvo algunos posicionamientos que a la luz de la contemporaneidad merecen ser cuestionados, revisados o incluso completamente desechados.

Sin embargo, ninguno de esos argumentos invalida el conjunto de la teoría psicoanalítica. Entre otras cosas porque no existe UNA única teoría psicoanalítica. Esto es FUNDAMENTAL y ninguno de los críticos del psicoanálisis parece querer enterarse. Tal vez porque enterarse de esto supone ponerse a estudiar a cientos de autores y perspectivas. Es mucho trabajo. Mucho mejor desacreditemos a Freud y a la técnica psicoanalítica clásica.

El psicoanálisis no es una teoría cristalizada en la muerte de Freud. Las obras completas de su fundador no son una Biblia inmutable que no haya sido desarrollada y cuestionada mil veces desde dentro del psicoanálisis. El psicoanálisis (o la psicoterapia psicoanalítica) actualmente es un paraguas que engloba a multitud de escuelas y perspectivas diferentes.

Puedo entender que la idea de que la mente no sea una calculadora y de que haya diferentes enfoques para mismos problemas sea algo que perturbe a los “discípulos de Skinner”, pero ¡hey! hay vida más allá de las ratitas.

Continuará…

ecuribesch@gmail.com

Fundador de Psiquentelequia. Psicólogo colegiado de Madrid, pintor de estilo figurativo, miembro fundador de Psiquentelequia y presidente de la Asociación Cultural Glycon.

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