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Aceptar el orden del mundo para alcanzar la felicidad (Lección de filosofía 4)

En esta serie de 4 posts sobre las lecciones de la filosofía estoica que siguen vigentes en la actualidad, hoy nos toca hablar de la única actitud capaz de llevarnos a una felicidad plena: aceptar totalmente y sin condiciones el orden del mundo. Gracias a Monica Cavallé, y a su libro “El arte de ser“, que recomiendo fervientemente, podrás profundizar mucho más en estas ideas.

Si quieres leer antes las otras lecciones, aquí las tienes:

Todo sufrimiento proviene de la no-aceptación

“Nuestro soberano interior, cuando es conforme a la naturaleza, tiene ante los acontecimientos una actitud tal que siempre se adapta fácilmente a lo dado.”

Marco Aurelio

Las tradiciones sapienciales son un canto y una invitación a la confianza en la providencia, es el Lógos que nos guía y nos sostiene. Confiar en esa presencia inteligente en nosotros equivale a…

1- … reconocer nuestro poder esencial, el que siempre depende de nosotros

El que nos permite convertir todo en un bien interior. Siempre podemos alcanzar nuestro fin porque nuestra virtud no depende de lo que nos pasa, sino de las respuesta que damos ante lo que nos pasa.

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2- … aceptar nuestros límites en el ámbito de lo que no depende de nosotros

El grado más elemental de esta aceptación es el que nos conduce a asumir “lo que es” porque sencillamente es, porque es inevitable, porque carece de sentido luchar contra la realidad.

“Solo al ser racional le ha sido dado seguir voluntariamente los acontecimientos, pues seguirlos sin más es obligatorio para todos.”

Marco Aurelio

Esta aceptación madura cuando comprendemos ya no solo la inutilidad de rebelarnos ante lo inevitable, sino el sinsentido de poner objeciones a la inteligencia única basándonos en nuestros conocimientos parciales y fragmentarios; el sinsentido de pretender juzgar, con nuestras luces ilimitadas, lo que excede nuestro presente entendimiento –la totalidad de la que formamos parte y el misterio que nos envuelve– cuando, de hecho, nuestra propia inteligencia particular no es obra nuestra, nos ha sido dada, y es una expresión del Lógos que nos sostiene.

“El pepino es amargo: tíralo. Hay zarzas en el camino: esquívalas. Basta con ello. No añadas: ¿por qué existen estas cosas en el mundo?.”

Marco Aurelio

3- … a confiar plenamente en que la realidad es inteligente y benéfica

Equivale a confiar en que el fondo del universo y nuestro propio fondo son benignos y dignos de confianza. Y en que, por lo tanto, podemos lanzarnos al vacío, atravesar la confusión y la incertidumbre, dejar aquello que nuestro corazón intuye que hemos de dejar atrás (sin necesitar un sustituto nuevo al que aferrarnos), porque sabemos que, si situamos nuestro bien y nuestro mal en lo que depende de nosotros, la inteligencia que nos sostiene se ocupará de nosotros. Descubrimos tras saltar en el abismo, que se trata de un abismo en el que no caemos, sino en el que flotamos. Solo esta confianza nos permite soltar, recobrar la inocencia, abandonar el hábito de intentar manipular la realidad, a los demás y a nosotros mismos.

“A la naturaleza, que da y que quita todo, el que está instruido y es discreto dice: “Dame todo lo que quieras; quíteme lo que quieras”. Esto lo dice sin animosidad hacia ella, sino solo obedeciéndola y teniéndole buena fe.”

Marco Aurelio

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“Todo se me acomoda lo que a ti se acomoda. ¡Oh, Cosmos! Nada me llega tarde, nada demasiado pronto, si llega a punto para ti.”

Marco Aurelio

El sufrimiento se origina en la falta de aceptación

La falta de aceptación de lo inevitable es fuente de sufrimiento y de desarmonía. Aceptar los límites de la vida y los reveses del destino (la inevitabilidad de lo que no depende de nosotros), sin instalarnos en la rebelión y en la amargura, no nos evita el dolor, pero lo torna más sereno, más aún, alquímico, pues antes o después, y por sendas interiores ocultas, el dolor aceptado terminará elevándonos y liberándonos.

“Pregunta: ¿Por qué hay tanto sufrimiento?
Nisargadatta: El dolor es físico; el sufrimiento es mental. Más allá de la mente no hay sufrimiento. El dolor es una mera señal de que el cuerpo está en peligro y requiere atención. De modo similar, el sufrimiento nos avisa de que la estructura de la memoria y de los hábitos que llamamos la persona está amenazada (…). El dolor es esencial para la supervivencia del cuerpo, pero nadie nos obliga a sufrir. El sufrimiento se debe enteramente al apego o a la resistencia; es un signo de nuestra renuncia a seguir adelante, a fluir con la vida. Del mismo modo que una vida sana está libre de dolor, una vida sabia está libre de sufrimiento.
P: Nadie ha sufrido tanto como los santos y los sabios.
N: ¿Se lo dijeron ellos o lo dice usted? La esencia de la sabiduría es la total aceptación del momento presente, la armonía con las cosas en el modo en que suceden. Un sabio no quiere que las cosas sean distintas a como son; él sabe que, considerando todos los factores, las cosas son inevitables. Es amigo de lo inevitable y, por tanto, no sufre. Puede que conozca el dolor, pero este no lo alterará. Si puede, hará lo necesario para restablecer el equilibrio perdido, o dejará que las cosas sigan su curso.”

Nisargadatta

La aceptación así entendida, prosigue Nisargadatta, en la medida en que quiebra las creencias, apegos y exigencias que conforman nuestro yo superficial, implica la disolución de este último y nos despierta a nuestro yo profundo. Paradójicamente, la aceptación del dolor libera la fuente perenne del gozo sereno.

N: Cualquiera que sea la situación, si resulta aceptable es placentera; si no es aceptable, es dolorosa. Lo que la hace aceptable no es importante; la causa puede ser física, psicológica o irrastreable; la aceptación es el factor decisivo. En el universo, el sufrimiento se debe a la no-aceptación.
P: El dolor no es aceptable.
N: ¿Por qué no? ¿Lo intentó alguna vez? Inténtelo y encontrará en el dolor un gozo que el placer no puede dar, por la simple razón de que la aceptación del dolor lo lleva más profundo y más lejos que el placer. El ego, por su propia naturaleza, está continuamente persiguiendo el placer y evitando el dolor. Acabar con esa pauta es acabar con el ego. Acabar con el ego, con sus deseos y temores, le permite a usted retornar a su naturaleza real, la fuente de toda felicidad y paz. (…) Cuando se acepta el dolor por lo que es, una lección y un aviso, y se mira con profundidad y se le escucha, la separación entre el dolor y el placer se rompe y ambos se convierten en experiencia: dolorosa cuando es resistida, gozosa cuando es aceptada.
P: ¿Aconseja usted evitar el placer y perseguir el dolor?
N: No, ni perseguir el placer y evitar el dolor. Acepte ambos como vengan, disfrute ambos mientras duren, déjelos ir cuando deban irse.
P: ¿cómo es posible gozar el dolor? El dolor físico pide acción.
N: Por supuesto. E igualmente el dolor mental. La bienaventuranza está en la total conciencia de ello, en no encogerse o rehuirlo en ningún modo. Toda felicidad proviene de la conciencia. Cuanto más conscientes somos, más profundo es el gozo. La aceptación del dolor, la no-resistencia, el valor y la paciencia, todo esto abre fuentes profundas y perennes de felicidad real, de verdadera bienaventuranza.
P: ¿Por qué el dolor debería ser más efectivo que el placer?
N: El placer se acepta inmediatamente, mientras que todos los poderes del yo rechazan el dolor. Puesto que la aceptación del dolor es la negación del ego, y el ego se interpone en el camino de la verdadera felicidad, la aceptación total del dolor libera el manantial de la felicidad.”

Nisargadatta

“En el universo, el sufrimiento se debe a la no aceptación”. Dicho de otro modo, el sufrimiento se sostiene en la creencia: “Lo que es aquí y ahora, no debería ser”.

Por supuesto, nuestro impulso hacia la excelencia y nuestro sentido de justicia nos incitan a cambiar o perfeccionar las situaciones que pueden ser corregidas u optimizadas; pero esta disposición es perfectamente compatible con asumir que, aquí y ahora, lo que es, es.

No hay que confundir los “debería” legítimos, los que encauzan nuestra aspiración hacia la excelencia, con los “debería” que entrañan la exigencia ontológica de que las cosas, aquí y ahora, sean de una determinada manera, la que se ajusta a nuestras ideas al respecto.

La vida, ciertamente, no está al servicio de nuestros deseos y preferencias personales. La realidad sigue su curso ajena a nuestras exigencias.

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No nos hace sufrir el dolor, sino el pensamiento “Esto no debería ser como es”. Detrás de todas las formas de sufrimiento mental cabe hallar la lucha con la realidad, con los hechos: hemos convertido nuestras preferencias legítimas en exigencias.

La aceptación de “lo que es” remueve la raíz misma del sufrimiento. No elimina el dolor, pues el dolor anímico o físico es un aspecto indisociable del hecho de estar vivo, pero sí el sufrimiento mental. El apego a nuestras ideas sobre cómo deberían ser las cosas, nos conduce a estar asiduamente en conflicto con nuestra experiencia presente.

“En esto consiste la educación (filosófica): en aprender a querer cada una de las cosas tal y como son.”

Epicteto


elsa@psiquentelequia.com

Fundadora de Psiquentelequia. Periodista, blogger, profesora... Estudiante de psicología y Terapia Gestalt... Amante del yoga, la espiritualidad y la filosofía. Lectora, fotógrafa y viajera.

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