Amistad

Para hablar de la amistad me gustaría sacarme el sombrero que no llevo, ponerme de pie, subir a un escenario para dar un discurso grave, definitivo. Tal es el peso que tiene para mí la amistad, pero ¿qué es lo que define a una amistad? ¿a qué tipo de vínculo se refiere?

 

Amistad como lo sagrado

Suena amistad en mi cabeza con reminiscencias de algo sagrado. Única en su especie, personalísima, arbitraria, inexplicable. La amistad no se parece más que a sí misma. Guarda siempre algo de misterio, de inefable. Yo no tengo ni idea qué me unió, qué me une, a Ale (alias el Canicio), al Negro, Javo, Fran, Huans, Larva, Fefo, Viruta, Rama, Marvo, Fekia, Lea, Sheiko, Tibi o Reimon. De ellos aprendí cosas que hoy forman parte de mi identidad. Uno me hizo abrazar a la música y la pintura, otro al teatro, otro al cine, al fútbol. Con alguno de ellos he viajado por la Patagonia, he llegado a los Campos Eliseos por primera vez, que estaban cubiertos de nieve, he compartido el inodoro. Esos amigos, los amigos. Casi sin darnos cuenta.

Hemos enterrado a nuestros muertos, hemos tumbado el mundo y lo hemos vuelto a levantar. Hemos discutido de política, hemos ido envejeciendo mientras el cenicero se llenaba de colillas y el país seguía en un eterno retorno. Nos hemos reído una y otra vez de los mismos chistes, de las mismas anécdotas. Nos hemos mandado a la mierda.

La primera borrachera, la adrenalina de los recitales, la pasión por las cosas raras, las caminatas interminables de madrugada.

Pienso en amistad y aparece la fe a prueba de balas en un puñado de personas. Creo más en ellos que en Dios y en esta religión de la amistad soy un practicante convencido.

Entre los amigos cada uno es hijo de su padre y de su madre, pero compartimos una cierta manera de estar en la vida. Intraducible a principios. Alguna vez nos inventamos aquello de “los códigos de la vieja guardia”, pero luego resultó que ninguno sabía a ciencia cierta en qué consistía aquello. De lo que se trataba era de no romper dichos códigos y aunque nunca hayan sido expresados de forma manifiesta lo cierto es que nunca se han vulnerado. Nadie se quedó con la novia de otro, nunca uno de los nuestros fue abandonado borracho y perdido en una discoteca.

Amistad como “el otro yo”

Habiendo cumplido con algunos amigos el vigésimo quinto aniversario, se confunde el que soy con ellos. Me veo abriendo el cartón de leche igual que uno de ellos, torciendo la boca de la misma manera, emocionándonos con las mismas películas, queriendo ir de viaje a los mismos lugares.

Mis amigos me gustan, me parecen los más graciosos, los más guapos de la reunión, los más valientes para cavar una trinchera y esperar juntos al enemigo. Supongo que la amistad guarda cierto parecido con la atracción erótica pero contiene otros ingredientes. Quiero que mis amigos me vean bien, gustarles pero no tengo que impostar o simular nada. Presumo de ellos y sus logros los hago míos. Me hace feliz cuando dos amigos míos de diferente procedencia se hacen amigos entre sí.

Los amigos de verdad, dicen, se cuentan con los dedos de una mano. ¿Y qué pasa con los que quedan fuera? ¿Son como amigos del Facebook? ¿Utilizamos la misma palabra de amistad para hablar de cosas diferentes?

Hay tanta variedad de amigos y clasificaciones posibles: los de toda la vida, los del cole, los de la uni, los del trabajo, los amigos para salir de juerga, los amigos para hacer deporte, los amigos que te escuchan, los que sólo te llaman cuando están mal. En todos ellos algo mío y viceversa. Como las piezas de un puzzle que generan mi propia imagen.

Dicen que los grandes amigos se hacen antes de los treinta. Yo he tenido la suerte tremenda de seguir cosechando amistades en la última década.

Amistad como antídoto contra la muerte

Siempre con la nostalgia pisándome los talones, se me ocurrió vivir lejos de los viejos amigos. Con eso, aunque sin pretenderlo, sometí a las amistades al examen de los reencuentros: ¿seguirá queriéndome X después de tantos meses sin hablar, sin vernos? ¿me habré vuelto un extraño ante los ojos de Y?

Las fantasías se disipan al vernos. No nos hace falta más. Se descartan maratónicas charlas para ponernos al día. La confianza permanece y se burla del tiempo transcurrido.

He saboreado momentos de amistad en las que no ha ocurrido nada pero en los que he llegado a sentir que ganaba la lucha contra el tiempo que no es otra que la lucha contra la muerte y lo irreparable. De lo ya vivido con los amigos, me quedo con el aburrimiento, con la presencia muda en esas tardes en que nos juntábamos cuando éramos chicos para no hacer nada o bien para hacer algo que tenía un carácter secundario. Esas jornadas de resistencia heroica ante el insistente soborno que nos quería imponer la idea de futuro. Lo ya vivido, con los amigos, no se lo puede llevar ni la muerte.

saravia.gregorio@gmail.com

Profesor de Filosofía. Doctor en Estudios Avanzados en Derechos Humanos.

  • Matias Franco

    13/09/2017

    Un vínculo mágico que nos une como el hilo de plata invisible. Supera lo meramente físico y tal vez sea una evidencia de la existencia del alma.
    “Yo soy otro tú, tú eres otro yo”

    • Gregorio Saravia

      Gregorio Saravia

      14/09/2017

      Gracias Matías por tus aladas palabras, con las que me emociono y comulgo.

  • Pablo Javier Landau

    13/09/2017

    Lo de la amistad me parece hermoso. Te felicito y muchas gracias por compartirlo conmigo querido Goyo!

  • Gregorio Saravia

    Gregorio Saravia

    14/09/2017

    Gracias a vos querido Pablo. Hasta el próximo texto.

  • Antonio

    14/09/2017

    Lindo Post Goyo! me acuerdo ahora de la frase “A amizade é um amor que nunca morre” (Mario Quintana)

    • Gregorio Saravia

      Gregorio Saravia

      02/10/2017

      Muchas gracias Antonio. Guardaré la frase de Quintana como un hermoso regalo.

  • Tania Carrasco Aguilar

    14/09/2017

    Es un privilegio contarme en esa banda.. y más tener a un ser humano tan sabio y extraordinario en mi vida… eres un precioso regalo de la vida… lo repito.. si hubieran más como tú, el mundo sería un lugar perfecto

    • Gregorio Saravia

      Gregorio Saravia

      02/10/2017

      Gracias Tania por tus comentarios, exagerados desde luego por el cariño que nos une ya desde hace tiempo.

  • Nacho

    14/09/2017

    Siempre es un gustazo leerte, como a los grandes, por lo que dices y por cómo lo dices. Tus viajes introspectivos consigues que sobrepasen el papel y agarren al lector y le lleven a realizar su propio viaje. Gracias.

    • Gregorio Saravia

      Gregorio Saravia

      02/10/2017

      Nacho, muchas gracias por tu comentario. Me has hecho el mejor elogio que puede hacerse a alguien que gasta unas líneas: agarrar al lector por un rato y llevarlo de viaje.