amor romántico

La historia no contada de cómo el romanticismo mató al amor

 

Pero… ¿qué locura es ésta? ¡Menuda tontería!, lo uno lleva a lo otro, porque sin romanticismo no puede existir el amor en pareja, ¿o si?

Evolución del concepto del amor

amor romántico 

A lo largo de la historia el concepto del amor ha pasado por distintas fases. Hasta el siglo XVI se diferenciaba perfectamente entre la unión conyugal, concebida como un contrato que aportaba beneficios y seguridad, y la pasión. Se entendía que la pasión era un impulso sexual que se vivía fuera del matrimonio, ya fuera en la imaginación o en la vida real. A partir de finales del siglo XVII, gracias a Shakespeare y a sus archiconocidos Romeo y Julieta, la idea del amor romántico se implanta en la sociedad y en la cultura. Poco a poco va fortaleciéndose hasta llegar a nuestros días con la fuerza que desprende actualmente.

 

Si, ya sabemos, por lo que hemos oído, leído o nos han dicho que el amor romántico no es bueno. Que las grandes compañías cinematográficas nos han vendido una imagen del amor casi imposible de alcanzar. Pero entonces, ¿por qué siguen triunfando las películas en las que finalmente los enamorados terminan juntos a pesar de las dificultades?, ¿por qué los temas musicales cantan y cantan al amor?, ¿por qué he escrito “casi imposible” 3 líneas más arriba?… Quizás porque es una idea, la del amor romántico, que queremos descartar pero que nos llama una y otra vez como si de una droga embriagadora se tratase de la que es muy difícil desengancharse.

 

La idea romántica

amor romántico 

Y es en esta idea romántica, en la que buscamos incesantes a aquella persona que nos completa y gracias a la cual encontramos el sentido de la vida y la felicidad, donde matamos al amor. Porque para seguir el ideal romántico es necesario asumir una serie de creencias que pueden llegar a hacernos esclavos del amor. Algunas de las creencias más importantes son las siguientes:

En una relación basada en el ideal romántico no existe la diferencia entre los miembros de la pareja. Se presupone que las dos personas piensan y sienten igual y que les gustan las mismas cosas, surgiendo expresiones como “están hechos el uno para el otro” o “eres mi media naranja”.

Para el romanticismo lo más importante es la otra persona, de hecho, su importancia es tal que se sitúa por encima de la propia vida. Aquí vuelven a aparecer los amantes de Verona, haciendo gala de este principio. Sin embargo no tenemos que irnos tan atrás en el tiempo para encontrar numerosos ejemplos. O acaso ¿no has dicho o has oído a algún amigo o amiga decir frases como “no puedo vivir sin él/ella”, “como me deje me muero” o un largo etcétera?

El mito de la omnipotencia del amor, según el cual el verdadero amor puede superar cualquier tipo de problema o de dolor. Podemos ver este mito en frases como “el amor todo lo puede” o en conversaciones de la calle en las que a pesar de las quejas o problemas que una persona pueda estar manifestando acerca de su pareja su amiga/o le contesta “vale, pero ¿y tú le quieres?”. Como si la respuesta a esa pregunta invalidará todo lo demás.

 

Las consecuencias negativas del romanticismo

 amor dependiente

 

Esta idealización del amor tan alejada de la realidad, y la presión que supone tener que sentir de esa manera para “amar de verdad” trae consigo numerosos problemas. Entre otros, relaciones de dependencia, de maltrato, celos patológicos, renuncias personales o sufrimiento e incomprensión cuando los miembros de la pareja conciben el amor de manera diferente. Lo cierto es que poner en cuestión las creencias o los mitos románticos puede resultar peligroso. Aún así vamos a intentarlo.

 

Si partimos de la realidad de que cada miembro de la pareja proviene de familias distintas, con creencias y formas de actuar diferentes, en las que las relaciones se han vivido de manera diferente, el argumento de que los miembros de la pareja son iguales cae por su propio peso. Es natural en cualquier relación, y más en la de pareja, vivir un proceso que puede durar toda la vida, en el que ambas partes tengan que conocerse, negociar, estar abiertos a escuchar y llegar a acuerdos. Y esto, según el ideal romántico, ya no sería amor. De hecho muchas parejas viven estas situaciones con gran desilusión ya que se supone que “ella/él debería saber lo que me molesta, lo que me gusta o lo que me entristece, si se lo tengo que decir ya pierde la gracia”. En lugar de enfocar estas situaciones como oportunidades de descubrimiento del otro y de crecimiento juntos se viven, por la presión del ideal romántico, como fracasos o fallos de la relación.

 

Por otra parte, encontramos la idea de que el otro es más importante que yo. Si seguimos esta creencia renunciaremos a lo que queremos o necesitamos por el supuesto “bienestar del otro”. Esta idea es una contradicción en si misma. Al igual que si no tengo comida no la puedo compartir con otra persona, si no me encuentro bien y no satisfago mis necesidades personales, sociales o profesionales no podré compartir con mi pareja la alegría, la seguridad o el amor. Si yo no me doy, no te puedo dar a ti. Cuidar de uno mismo es una necesidad vital que cuando se niega provoca poco a poco y, muchas veces de forma inconsciente, la separación de la persona amada. Se va creando un poso de resentimiento que va contaminando la relación hasta envenenarla del todo.

 

Y, por último, el amor pleno es un resultado, producto del trabajo mutuo y de la comunicación de la pareja, y no un concepto que sirva como excusa para resignarse ante problemáticas graves como el maltrato, las adicciones o la infelicidad en la pareja.

 

Por todo ello considero que el amor romántico tal como se nos empaqueta y se nos vende no es sino una ilusión pasajera producto de los mitos y de la cultura. Una ilusión hermosa que puede hacernos sentir que volamos pero que también puede atraparnos en la búsqueda insatisfecha, por imposible, de una falsa idea de felicidad. No hay nada más bello que el amor cuando se ama y se es amado o amada en libertad. Todo lo que se distancie de este principio no es amor, simplemente es otra cosa.

 

amor en libertad

 

marta.bengoechea@gmail.com

Fundadora del Centro de Psicoterapia MB en Bilbao. www.psicologosmbbilbao.com

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