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Las fuerzas del cambio, ¿cómo avanzar sin perdernos a nosotros mismos?

El cambio nos acompaña a lo largo de nuestra vida lo queramos o no, es algo inherente al hecho de existir. Si nos fijamos en la naturaleza observamos que nada en ella permanece estático, todo cambia, a distinto ritmo e intensidad eso es cierto, pero siempre cambia. Los cambios pueden ser visibles, como el cambio físico que experimenta el cuerpo de una persona desde el nacimiento hasta la vejez, o pueden pasar más desapercibidos, como los cambios de actitud, de conocimientos, de interés y de sentimientos. El cambio está siempre presente.

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Las fuerzas del cambio: la lucha entre la homeostasis y la physis.

 

Cambiar, a pesar de ser un proceso natural, que si se bloquea o impide puede llevarnos a la no salud, es un proceso duro. Debido a su dificultad y al reto que supone, a veces repetimos acciones y/o pensamientos que no nos gustan o que deseamos evitar. Aunque lo que vayamos a obtener después del cambio sea satisfactorio para nosotros y nos haga sentirnos más orgullosos o fuertes, el hecho es que cambiar en si mismo puede resultar apabullante. Si te tomas un segundo para pensar en los cambios que has ido realizando a lo largo de tu vida es probable que recuerdes la sensación de vértigo que los precedió. Los nervios antes de iniciar un nuevo trabajo, al irte a vivir con tu pareja, al hacer una compra importante o incluso tal vez al decidir cambiarte el corte de pelo.

 

miedo al cambio

 

La lucha interna que precede al cambio se debe a la tendencia en el ser humano de mantener la homeostasis. Según la RAE se entiende por homeostasis al conjunto de fenómenos de autorregulación, que conducen al mantenimiento de la constancia en la composición y propiedades del medio interno de un organismo. En el terreno psicológico Richard Erskine explica la homeostasis como una forma que tiene la persona de dar continuidad y predictibilidad a su vida. Según explica el fundador de la Psicoterapia Integrativa en su artículo “Los desafíos del Cambio y del Crecimiento”, mediante el mantenimiento de los antiguos patrones de comportamiento, de los hábitos, incluso de las antiguas relaciones, la persona adquiere una estructura psicológica que le permite dar significado a su vida.

 

Las personas necesitan tener una sensación de seguridad y de control que les permita hacerse una idea del futuro y predecir lo que vendrá. Mediante la homeostasis se consigue esta sensación de continuidad, de vivir algo conocido que sabemos cómo afrontar. Gracias a esta teoría podemos entender mejor por qué nos cuesta tanto dar ese paso final que nos llevará a cambiar algo en nuestras vidas, a pesar de que lo que nos espera tras esa decisión sea algo positivo.

 

Sin embargo, como hemos dicho al principio del artículo el cambio es algo intrínseco a cualquier organismo vivo, por tanto es algo inevitable. Si la homeostasis es la fuerza que nos ayuda a mantenernos estables, la physis es la fuerza que nos lleva a cambiar. La physis es la fuerza que nos impulsa a crecer, a desarrollarnos, a ser más creativos, a establecer nuevos objetivos y a descubrir nuevas facetas de nosotros mismos. Es la fuerza interna que nos lleva a buscar nuevos caminos cuando los conocidos se nos quedan pequeños, es la vitalidad y el descubrimiento de lo que está por venir.

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A pesar de ser contrarias ambas fuerzas son igualmente importantes para mantener el bienestar y la salud mental y emocional de la persona. Como casi todo en la vida la clave está en el término medio, en que ambas fuerzas se equilibren. Gracias a la homeostasis sentimos estabilidad y cierta sensación de control y de capacidad de respuesta que nos permite continuar con nuestras vidas y gracias a la physis somos capaces de avanzar, de cambiar, de no quedarnos estancados. Podríamos decir que el crecimiento saludable es aquel en el que la persona va cambiando a un ritmo ajustado a su capacidad de adaptación, de forma que a la vez que cambia mantiene su estabilidad interna.

 

Paradoja del cambio, ¿por qué cuánto más deseo cambiar menos lo consigo?

 

Según explica el Dr. Erskine la teoría paradójica del cambio de Arnold Beisser (1971) propone que “el crecimiento psicológico ocurre cuando nosotros y otras personas a nuestro alrededor apreciamos quiénes somos”. Cuánto más forzamos el cambio menos se produce, el cuerpo y la mente se resisten a algo para lo que no están preparados y luchan para mantener la homeostasis de la que hablábamos antes. Sin embargo, si en un proceso terapéutico, el terapeuta se interesa genuinamente por la experiencia de la persona, por su manera de afrontarla, por sus acciones y por sus sentimientos, sin entrar a juzgarla, fomentará en ella el deseo propio de cambiar y de crecer.

Resulta paradójico que el camino hacia el cambio pase por la aceptación de uno mismo pero no por paradójico resulta menos verdadero. Espero que este artículo sirva para reflexionar acerca de uno mismo y para afrontar lo que se desee cambiar desde la auto aceptación y las ganas de crecer y no desde la lucha y la ira.

 

aceptación y cambio

 

Fuentes

http://dle.rae.es/srv/search?m=30&w=homeostasis

http://www.integrativetherapy.com/es/articles.php?id=89

 

 

marta.bengoechea@gmail.com

Fundadora del Centro de Psicoterapia MB en Bilbao. www.psicologosmbbilbao.com

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