comunicación

¿Desde dónde te comunicas?

Muchas veces cuando los y las profesionales de la psicología hablamos de comunicación nos centramos en técnicas útiles que nos sirvan para transmitir el mensaje deseado de la manera más eficaz posible. Para ello nos centramos en fórmulas y estrategias que nos faciliten la recepción del mensaje emitido y nos permitan, con ello, mejorar la comunicación. Sin embargo a menudo nos encontramos con dificultades a la hora de poner en práctica dichas estrategias ya que se activan emociones de elevada intensidad, tanto en el emisor como en el receptor, que dificultan el proceso de la comunicación.

 

¿ Y por qué me pasa eso si yo sé racionalmente lo que quiero transmitir?

 

Para poder dar respuesta a esta pregunta primero tenemos que hablar de los diferentes estados del yo. Desde el Análisis Transaccional se plantea un modelo para comprender la personalidad humana, las relaciones y la comunicación. Este modelo de los estados del yo o modelo PAN fue desarrollado por Eric Berne y propone la existencia de 3 estados del yo dentro de cada uno de nosotros:

 

COMUNICACIÓN

 

Cuando nos comportamos, pensamos y/o sentimos de maneras que copian a uno de nuestros padres u a otros que fueron figuras parentales se dice que estamos en el estado padre del yo.

 

Cuando nos comportamos, pensamos y/o sentimos en respuesta a lo que sucede alrededor aquí y ahora se dice que estamos en el estado del yo adulto.

 

Cuando utilizamos formas de comportamiento, pensamientos o sentimientos que utilizamos cuando éramos niños se dice que estamos en el estado del yo niño.

 

Estos estados del yo están presentes a cada momento de nuestra vida diaria y podemos pasar de uno a otro en una fracción de segundo. Dependiendo desde que estado del yo nos vivamos a nosotros mismos la comunicación irá dirigida en un sentido o en otro. Pongamos un ejemplo: María va en el coche camino a una reunión de trabajo. Durante el trayecto está atenta a las señales de tráfico y a los conductores que pasan a su lado, en ese momento María está en su estado del yo adulto. De pronto un conductor pasa por su lado y se incorpora delante de ella a gran velocidad obligando a María a reducir la marcha y a comprobar si venía alguien por detrás, María sigue en su estado del yo adulto. Una vez que ha hecho la maniobra pone gesto de desaprobación y comenta para sí misma “hay personas a las que no se les debería dar el carnet de conducir, son un peligro”, en este momento María ha pasado a su estado del yo padre ya que está reproduciendo la reacción que veía en su padre cuando ella era pequeña. Continúa la marcha hasta llegar a la oficina y darse cuenta de que llega 15 minutos tarde y tenía una reunión importante. En este momento María empieza a sentir como el corazón se le acelera y empieza a experimentar angustia, María ha pasado a su estado del yo niño ya que siente la misma angustia que sentía cuando llegaba tarde a clase y sus profesores le reprendían por ello. Finalmente María se da cuenta de que su jefa es una mujer razonable y entenderá que ha llegado tarde a causa del tráfico ya que no es una conducta habitual en ella. Así María se tranquiliza y vuelve a su estado del yo adulto.

 

Es decir, en función del estado del yo pensaremos y experimentaremos distintas cosas y en función de eso nos comunicaremos con nosotros mismos y con los demás de diferente manera. Cuando en una conversación con otra persona nuestra reacción emocional es desproporcionada con la situación experimentada probablemente se deba a que estamos en un estado del yo niño o padre. Cuando esto ocurre la comunicación se dificulta y pocas veces termina en algo satisfactorio para ambas partes.

 

¿ También me puede pasar esto con mi pareja?

 

En el mundo de la pareja esto ocurre a menudo, haciendo que los miembros de la pareja puedan discutir acerca de lo mismo en repetidas ocasiones sin llegar a ninguna conclusión. Cuando esto ocurre genera mucha frustración e impotencia en la pareja, junto con la sensación de que la otra persona no nos comprende y de que esa situación nunca cambiará. En estos casos estaríamos delante de lo que se conocen como transacciones complementarias entre estados del yo niño o padre que son diálogos infinitos que llevan al mismo punto y a repetir una y otra vez la misma discusión con contenidos diferentes.

 

Entonces, ¿qué puedo hacer?

 

La solución a estas situaciones parte de llamar a nuestro adulto para que se ponga a los mandos. Para eso ayuda enormemente describir la situación como si de un observador externo se tratase sin hacer ningún juicio de valor (estado del yo padre). Esto nos ayuda a entrar en contacto con la situación actual impidiendo que generalicemos a otras situaciones pasadas ya que cuando hacemos eso, la conversación se hace tan grande en cuanto a contenidos y tan cargada emocionalmente que resulta imposible poder darle solución. Y es en estas discusiones cuando empezamos a hablar con nuestra pareja de quién hace la compra esta semana y terminamos, no sabemos muy bien cómo, discutiendo acerca de aquello que ocurrió hace 2 años cuando…

Tomar conciencia de lo que sentimos y de lo que pensamos es el paso previo para poder afrontar cualquier situación de comunicación con otra persona. Al hacerlo nos responsabilizamos de nuestra actuación para con nosotros mismos y para con el otro y esto nos permite expresar lo que realmente está pasando, haciendo que podamos llegar a una conclusión adecuada en el aquí y ahora.

 

comunicación

 

Referencia bibliográfica:

Stewart y Joines,  AT HOY Una nueva introducción al Análisis Transaccional, Editorial CCS. edición 2007.

marta.bengoechea@gmail.com

Fundadora del Centro de Psicoterapia MB en Bilbao. www.psicologosmbbilbao.com

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