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¿Condenados a la psicopatía?

¿Qué ocurre cuando nacemos en un ambiente decididamente marcado por la psicopatía?

Recientemente nos hemos encontrado con dos impactantes noticias que podrían ser los dos lados de un mismo espejo. Las dos han tenido lugar en Italia con la Mafia como telón de fondo.

En la primera historia, María, una joven perteneciente a uno de los importantes clanes de la Mafia calabresa, se suicidaba como consecuencia del rechazo social provocado por su apellido. María se graduaba con buenas calificaciones en la Universidad de Reggio Calabria, sin embargo al comunicar a su novio y amigos quién era, estos decidieron no asistir a su graduación. Tan fuerte fue el peso del rechazo social que María se quitaba la vida seis meses más tarde. La historia es particularmente desoladora porque María había decidido vivir una vida diferente a aquella que tenían sus familiares, marcada por estancias en la cárcel, muertes, crimen y violencia.

La segunda historia la hemos conocido esta semana y muestra la cara opuesta. En ella, el joven Alex de 15 años asesina a punta de pistola a su amigo Francesco de 19, a causa de un like en una foto de facebook de la novia del primero. Da la casualidad de que Alex es hijo de un capo de la ‘Ndraguetta, la misma organización criminal con la que estaba relacionada la familia de María.

Estas dos historias nos llevan a la pregunta que se planteaba al principio. ¿Qué sucede cuando una persona nace en u ambiente en el que la psicopatía es la norma? ¿Es posible escapar y tener una vida normal o estas personas están condenadas a repetir los errores de sus familiares?

Por desgracia, en la mayoría de los casos resulta muy difícil escapar de un ambiente criminal sin tener perturbada de alguna manera la percepción del bien y del mal o sin asumir un gran conflicto interior.

psicopatía

Los orígenes de la psicopatía no están claros. Parece que existen determinadas estructuras neuronales que están estructuradas de forma diferente en aquellas personas que será psicópatas, sin embargo estos datos vienen en su gran mayoría de estudios realizados después de la muerte o después del crimen y no existen medidas realizadas en la infancia que permitan contrastar si se han producido cambios en la estructura cerebral o si esas características que determinan la psicopatía estaban ya presentes desde el nacimiento. Sabemos que el cerebro es plástico y no se mantiene inalterado por lo que nuevos estudios de tipo longitudinal serán precisos para esclarecer este asunto de forma definitiva.

Si aceptamos la hipótesis cultural, por la que yo me inclino, encontramos en los casos descritos varios elementos que generan una gran confusión en el niño. Estamos hablando de familias en las que el crimen y la violencia están justificados, pero en las que, al tiempo, existen relaciones afectivas entre sus miembros y conductas que podrían calificarse como “morales” o de apoyo mutuo. En definitiva, la eterna contradicción que a tantos ha fascinado en las películas dedicadas a este tema, como “el Padrino”.

Se genera, de esta forma, en el núcleo familiar un código moral diferente a aquel que rige en el resto de la sociedad. Los niños nacidos en estas familias crecerán con gran confusión cuando sean capaces de comprender la contradicción. Algunos aceptarán este código como válido, como es el caso de Alex, mantendrán la importancia del honor y el derecho a asesinar a aquel que ose interponerse en el camino de su deseo. Otros, como María, buscarán la alternativa contraria, intentarán huir del ambiente familiar y buscarán una vía de desarrollo personal diferente a aquella que dicta el código de la familia en la que han nacido. Esto supone un esfuerzo extraordinario y un conflicto interno muy importante porque implica, no solo una confrontación directa con todo el orden normativo familiar sino también el rechazo de un código moral que se nos ha inculcado desde niños y la “traición” de este código en pro de una vida que se rija por la moral existente fuera de la familia.

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Por este motivo el caso de María es especialmente triste. Ella realizó una proeza, se enfrentó al código moral de su familia, buscó ser una persona distinta de aquella que estaba predestinada a ser. Sin embargo la sociedad no perdona, no olvida tan fácilmente a sus muertos y es natural. El miedo es muy poderoso. María lo sabía y por eso no reveló su identidad hasta que estuvo segura de que sería aceptada, de que encontraría el apoyo que necesitaba. Se equivocó. Ella daba la espalda a su familia y el mundo le dió la espalda a ella. Entre dos tierras María se quitó la vida.

Seguramente habría bastado una persona que le diese esperanza y María se habría liberado de su condena. La mayoría de las personas que nacen en condiciones como estas repetirán las conductas de sus padres, pero una pequeña porción buscará la luz.

A ellos debemos tenderles la mano.

 

 

ecuribesch@gmail.com

Psicólogo colegiado de Madrid, pintor de estilo figurativo, miembro fundador de Psiquentelequia y presidente de la Asociación Cultural Glycon

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