cotilleo

¿Por qué somos tan cotillas? Teoría del chismorreo de Robin Dunbar

La semana pasada saltó la noticia: Angelina Jolie y Brad Pitt se divorcian. Al instante cientos de medios comienzan a compartir información absurda. Que si ha sido por las drogas; que si tiene un amante… Si buscas en google “angelina jolie and brad pitt divorce” se pasa de 2.960.000 respuestas a 24.000.000 ¡en sólo 4 días!. Y así seguirá hasta que otro nuevo cotilleo llegue a nuestras vidas.

“Bueno… pero es que ellos son famosos, y los famosos nos interesan mucho” podrán decir algunos…

Observa a las personas con las que estás conectada en Facebook, ¿acaso no tienes “amigos” (del colegio por ejemplo) a los que hace años que no ves? Personas que realmente no te aportan nada pero que mantienes en tu red para (admítelo) ¿poder cotillear su perfil?

En los grupos sociales, ya sea de amigos, de compañeros de trabajo, etc, siempre suele haber, por lo menos una persona experta en el arte del espionaje en internet, que disfruta de lo lindo soltando bombazos ajenos.

.

Cotilleo

.

Y es que resulta que todos somos un poco cotillas, y de hecho este ha sido uno de los temas de indagación de estudiosos y antropólogos que se han dedicado a analizar los procesos de evolución humanos. ¿Nos ayudó el cotilleo a construír nuestras civilizaciones?

El evolucionismo social de Robin Dunbar

El evolucionismo social intenta estudiar los cambios que se van dando en una sociedad a medida que ésta se hace más compleja. Las civilizacione se situarían así en un contínuo. En uno de sus extremos estarían los primeros individuos que formaban sociedades muy sencillas, hasta llegar al otro polo donde encontramos las sociedades más complejas. Pero, ¿qué permite a una tribu de pocos individuos avanzar hasta las grandes comunidades de las que formamos parte en la actualidad?

 

Aquí es donde entra en juego Robin Dunbar. Dunbar es un antropólogo y biólogo británico especializado en el estudio de primates. Actualmente trabaja en la Universidad de Oxford donde imparte clases de psicología evolutiva.

 

Robin DunbarLa teoría evolucionista que plantea podría resumirse de la siguiente manera: hace millones de años nuestros antepasados convivían en grupos muy pequeños. Las relaciones que se establecían entre los miembros de la tribu eran muy directas y recíprocas, y serían parecidas a las conductas de limpieza que podemos observar en los primates. Yo te acicalo y tú me acicalas. Este tipo de relaciones fomentan la cohesión del grupo: lo hace más fuerte. En los grupos de primates más avanzados que tienen hasta 55 individuos, los chimancés dedican un 20% del día, casi 5 horas, a cultivar este tipo de relaciones sociales, sobre todo táctiles y por parejas. ¿Qué ocurre con el hombre que vive en grupos mayores?

 

Pues bien, según Robin Dunbar, cuando nuestros ancestros empezaron a abandonar la vida nómada, y formaron grupos sociales  mayores, tuvieron que buscar alternativas para mantener la cohesión del grupo. Porque claro está, manosear y despiojar a 60 personas al día consume demasiado tiempo…

Y es aquí donde entra en juego el cotilleo.

El cotilleo como base social

Una vez que los grupos comienzan a ser más numerosos, las antiguas conductas que se utilizaban para establecer alianzas (yo te acicalo y tú me acicalas) dejaron de ser eficientes por cuestión de tiempo y recursos. Tuvieron entonces que buscar alternativas  y el chismorreo emergió como una manera megaeficiente de hacerlo (yo te cuento y tú me cuentas).

El lenguaje es una solución alternativa para el ejercicio de la inteligencia social.

Dunbar introduce el concepto de inteligencia social que se relaciona directamente con el tamaño del cerebro, más concretamente del neocórtex. Cuantos más individuos conforman un grupo, es necesario tener un cerebro más grande para poder mantener una comunicación eficaz con los demás miembros del grupo.  De hecho, el neocórtex  es responsable del lenguaje y evolutivamente es la última zona que se desarrolló.

No se está diciendo que el lenguaje se creara con el fin de cotillear. Lo que está diciendo es que un aspecto del lenguaje, el chismorreo, apareció como herramienta fundamental para crear vínculos sociales. Por supuesto que el lenguaje tenía un gran uso técnico, pero cuando estas personas terminaban sus faenas y se reunían en torno al fuego, o donde fuera que se encontraran, hacían uso del chismorreo para establecer vínculos con los demás. Se abandonan las herramientas basadas en el contacto directo por técnicas simbólicas con babasadas en el lenguaje. 

 

primates

 

¿Qué ocurre en la actualidad? En una investigación que realizó el antropólogo, observó que de media, pasamos el 65% del tiempo de una conversación chismorreando (que no criticando). Una cantidad de tiempo nada desdeñable. Y la cosa se complica si tenemos en cuenta que el número de personas con las que interactuamos desde la llegada de la redes sociales se ha disparado. Tenemos la titánica misión de mantener relación con ¿200? ¿300? contactos virtuales, a los que debemos sumarles los contactos reales.

Y es que, ¿cuántas relaciones sociales podemos mantener?

El número Dunbar

Hace algunos años, en 1992 para ser exactos, estaba Robin Dunbar estudiando poblaciones de primates cuando se le ocurrió comprobar si había una relación entre el tamaño de la corteza cerebral, y el número de individuos que componen los grupos en los que vivían los primates. Efectivamente encontró una fuerte correlación entre el tamaño de la población y el tamaño del cerebro así que aplicando la formula a los humanos estableció que el número óptimo de personas con los que podemos mantener relaciones estrechas es de 150 (147,8).

Para contrastar si esto era cierto aplicó la fórmula en grupos de humanos de diversos momentos históricos, analizando los “censos” de los que tenemos conocimiento. Estableció tres categorías:

  • Grupos de 30 – 50 individuos.
  • Grupos de 100 – 200 individuos.
  • Grupos de 500 – 2.500 individuos.

Observó que los grupos que rondaban los 150 individuos funcionaban mucho mejor que los que eran más numerosos en parte porque sus miembros podían socializar los unos con los otros con menos esfuerzo. De hecho predice que a partir de esta cifra los conflictos surgidos dentro del grupo crecerán exponencialmente.

¿Qué ocurre ne la actualidad con las redes sociales como Facebook por ejemplo? En una entrevista concedida a Eduard Punset para el promgrama REDES en 2011 el autor explicó que cuando hablaba de “150 personas” hablaba de amigos directos, familiares; gente muy cercana. Los amigos de Facebbok no los considera como tal ya que:

No estamos hablando de amigos de Facebook, donde podemos tener varios miles de amigos si queremos. Sin embargo, si tenemos una gran cantidad de amigos en Facebook, a muchos, en realidad, apenas los conocemos. Si les pidiéramos un favor, probablemente no nos lo harían.

Claro está, la teoría de Dunbar ha recibido muchas críiticas. Para empezar los estudios realizados para establecer el factor exponencial (tamaño de cerebros – nº de individuos de un grupo) que le llevó al famoso 150, queda empañado por la veracidad de los censos que consultó para su estudio. También critican el escaso poder que otorga al entorno y a las herramientas de comunicación que manejamos en la actualidad. Sin embargo, la teoría del cerebro social de Dunbar se mostró como algo novedoso, como una nueva manera de explicar una conducta que nos es terriblemante familiar y condenada a partes iguales: el cotilleo.

Referencias bibliográficas: 

carla@psiquentelequia.com

CEO. Estudiante de Psicología. Repostera y pianista en ciernes.

Sorry, the comment form is closed at this time.