Cuantos de hadas: Caperucira roja

Cuentos de hadas ¿es necesario matar al lobo?

Desde que existe la palabra, el ser humano ha utilizado las historias, primero trasmitidas oralmente, después a través de la letra impresa, para transmitir su cultura generación tras generación. A través de fábulas, cuentos de hadas y demás formatos, se han enseñado a niños y adultos cuáles son los valores sobre los que se levanta cada sociedad en un momento determinado.

Hasta hace poco se creía que los primeros cuentos de hadas se remontaban al antiguo Egipto, hace ya 1.300 años, aunque recientemente Sara Graça da Silva, y Jamshid Tehrani publicaron un estudio lingüístico cuyos resultados parecen indicar que los cuentos de hadas se remontan a la Edad del Bronce, hace más de 4.000 años.  El formato de estas narraciones se ha visto repetido en culturas de todo el globo: Grecia, Egipto, tribus de Norteamérica, China, etc. Incluso se ha comprobado que hay historias comunes que se repiten en culturas separadas por kilómetros de distancia. Es el caso por ejemplo de la historia recogida por la tradición europea como “The Smith and the Devil”, (la historia relata cómo el protagonista, en este caso Smith, vende su alma a un ser maligno,  el diablo). Los orígenes de esta historia parecen confluir hace milenios.

 

Cuentos: Smith and the Devil

 

Un aspecto de los cuentos de hadas realmente interesante es como han ido recogiendo, o más bien, cómo han ido eliminando aquellos aspectos de la personalidad y de la experiencia personal que han sido demonizados en cada momento histórico. Podemos analizar por ejemplo cómo estas historias reflejaban algunos de los instintos más “primarios” de ser humano, y cómo a través de estas historias se trataba de enseñar el camino a seguir, mostrando las terribles consecuencias de satisfacer nuestros impulsos.

Los cuentos de hadas y el peligro del sexo

Cuentos de hadas: Caperucita RojaPor ejemplo tenemos a la archifamosa Caperucita Roja. Perrault fue el primeo en recopilar la historia y transcribirla,  para pasar después a manos de los hermanos Grimm, encargados de elaborar la historia que “más o menos” ha llegado hasta nuestros días. 115 años separan ambas versiones, y las diferencias se hacen notar. Si observamos la versión de Perrault resulta una historia mucho más sexualizada que la de versiones posteriores, y es que en el sigo XVII las fábulas y los cuentos de hadas no se restringían a la infancia, eran un instrumento que socializaba a niños y adultos.

 

Viéndola entrar, el lobo le dijo, mientras se escondía en la cama bajo la frazada:

-Deja la torta y el tarrito de mantequilla en la repisa y ven a acostarte conmigo.

Caperucita Roja se desviste y se mete a la cama y quedó muy asombrada al ver la forma de su abuela en camisa de dormir.

 

La fábula del cuento de Perrault dice así:

 

Aquí vemos que la adolescencia,
en especial las señoritas,
bien hechas, amables y bonitas
no deben a cualquiera oír con complacencia,
y no resulta causa de extrañeza
ver que muchas del lobo son la presa.
Y digo el lobo, pues bajo su envoltura
no todos son de igual calaña:
Los hay con no poca maña,
silenciosos, sin odio ni amargura,
que en secreto, pacientes, con dulzura 
van a la siga de las damiselas 
hasta las casas y en las callejuelas;
 
más, bien sabemos que los zalameros 

entre todos los lobos ¡ay! son los más fieros

La moraleja del cuento ha cambiado radicalmente. Donde al principio se trataba de advertir de los peligros que corrían las señoritas si se dejaban llevar por sus instintos más bajos, intentando despertar un Cuentos de hadas: Caperucita Rojasentimiento de aprensión o incluso miedo por el despertar de su sexualidad (la caperuza es roja como símbolo de la menstruación, y el despertar sexual), hemos pasado a una advertencia para niños y niñas, que no deben irse con extraños por el riesgo que entraña para su integridad física.

Otra historia llevada al cine hace pocos años es la de la chica de la melena más famosa del mundo entero: Rapunzel. En la versión que conocemos, la chica es secuestrada por la bruja Gothel en la torre, donde aguarda hasta que su príncipe va a salvarla.  Dicha versión del cuento se la debemos a los hermanos Grimm, que tomaron una historia popular del folclore alemán y la transformaron.

Al principio, la historia es más o menos igual: Rapunzel aguarda en la torre secuestrada por la malvada Gothel hasta que llega el príncipe. En el cuento nos explican cómo el príncipe escala la torre de manera frecuente (jamás se le ocurre liberar a la muchacha del cautiverio), y no para charlar precisamente, ya que queda embarazada. Cuando la bruja se entera la destierra de la torre y la manda a vivir al mundo salvaje, donde da a luz a unos gemelos de los que debe hacerse cargo.

Otra vez nos topamos de bruces con una moraleja en la que se advierte a las jóvenes del peligro que corren si se dejan seducir por jóvenes y apuestos príncipes.

Los cuentos de hadas y la negación de la violencia

Si el trasfondo sexual ha desaparecido de estas historias, ahora vemos como le toca el turno a aquellos elementos que nos hablan de la ira y la violencia, aspectos de la naturaleza humana que son vistos con desagrado, y se intentan apartar de nuestra experiencia.

Recuerdo una vez hace 5 años cuando era profesora en una escuela infantil, en la que celebramos una fiesta temática de Caperucita Roja. La mayoría de los niños y niñas se disfrazaron de Caperucita Roja o de Leñador, algún que otro niño de lobo peludo. Uno de los niños apareció sin disfrazar.  La madre aclaró, con cierto desagrado, que no se sentía a gusto con la idea de que su hijo se disfrazara de una figura tan violenta como el cazador,  que llevaba pistola y mataba al lobo.

Pero, ¿qué ocurre si los cuentos de hadas tienen otra función, más allá que la de entretener o moralizar? Como dice Bruno Bettleheim:

“La creencia común de los padres es que el niño debe ser apartado de lo que más le preocupa: sus ansiedades desconocidas y sin forma, y sus caóticas, airadas e incluso violentas fantasías. Muchos padres están convencidos de que los niños deberían presenciar tan sólo la realidad consciente o las imágenes agradables y que colman sus deseos, es decir, deberían conocer únicamente el lado bueno de las cosas. Pero este mundo de una sola cara nutre a la mente de modo unilateral, pues la vida real no siempre es agradable”

El Patito Feo representa el estereotipo del niño marginado por ser diferente, ¿acaso los sucesos de acoso escolar no están a la orden del día? Hemos visto morir a la madre de Bambi, a Mufasa, al padre de Blancanieves, acercando el concepto de la muerte y del duelo a la infancia…  Y así un montón de ejemplos de cuentos “crueles” que podrían servir como ejemplo de catarsis para los más pequeños.

Lobo vegetarianoY sin embargo existe una tendencia a edulcorar los cuentos que hemos heredado del folclore. Por ejemplo, en el cuento de Caperucita Roja tanto la abuela como Caperucita  mueren por haberse dejado engañar. Se pasó después a salvar a ambas, hasta que llegamos a las últimas versiones donde por no morir, no muere ni el lobo.
El colmo de lo absurdo lo viví, cuando tuve entre mis manos una versión de Los Tres Cerditos en la que el lobo se deja convencer por los tres hermanos y se pasa a una dieta vegetariana. ¿Por qué tantos esfuerzos por negar la naturaleza agresiva del lobo?

 

¿Por qué tanto esfuerzo por negar nuestra propia naturaleza agresiva?

 

Los personajes de cuento como ejemplo 

No estoy diciendo que sea necesario ni bueno, relatar historias en las que se haga apología de la violencia sin sentido. Lo que defiendo es un uso de las historias que reflejen la compleja y verdadera naturaleza humana; naturaleza en la que conviven instintos de amor, de ira, de compasión, de tristeza, de muerte y de vida.

Lo vemos por ejemplo en el que a mi parecer es uno de los mejores personajes que ha creado Disney en los últimos tiempos: Mérida.

Mérida es de las pocas princesas Disney que abraza una personalidad completa, en la que vemos reflejados valores dulces, como el amor o la ternura, pero que al mismo tiempo abraza sin tapujos su parte más violenta, a través del arco y la búsqueda de independencia. Mérida se enfada cuando se tiene que enfadar, ¿y es que acaso nosotros mismos no nos enfadamos nunca?

 

Princesa disney: Mérida

 

No reniega de su personalidad, como tampoco debería hacerlo el lobo.

El lobo come cerditos porque es un lobo.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado… 

Fuentes:

carla@psiquentelequia.com

Fundadora de Psiquentelequia. Graduada en Psicología. Repostera y pianista en ciernes.

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