Curiosidad ¿El mejor de tus instintos?

La curiosidad es una de esas cosas que tiene mala fama. Algo así como la piña en la pizza, pero sin merecerlo. Lo hemos escuchado todos desde pequeñitos: “la curiosidad mató al gato” (1). Lo que no nos desvelaron, como apuntó Saramago,  es si lo que descubrió el gato mereció la pena…

La represión de la curiosidad en nuestra cultura

Si te paras a pensar, verás que es una cuestión que aparece una y otra vez en nuestras historias, mitos, religiones, etc. Por ejemplo, según la religión judeocristiana el pecado original  se desató por la curiosidad de Eva, lo que la llevó a desobedecer a Dios para adquirir sabiduría. Gracias  a su curiosidad ellos son expulsados del paraíso y nosotros castigados, por los siglos de los siglos.

Cuando la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y que el árbol era deseable para alcanzarsabiduría ,tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido que estaba con ella, y él comió.

andora Thomas Benjamin KenningtonSi para las religiones judeocristianas Eva fue la primera mujer de la existencia, en la mitología griega la primera mujer en llegar al mundo fue Pandora,  creada por Zeus para castigar a los mortales. Zeus quería castigar a Prometeo, quien había robado el fuego de los dioses para entregárselo a los hombres. Para ello ordena crear a Pandora y el resto de dioses le otorgan diversos dones. Entre ellos nos interesa especialmente el que recibe de Hera, (la mismísima esposa de Zeus): la curiosidad. Este regalo marcaría el destino de la humanidad para siempre, ya que presa del deseo no puede evitar abrir la vasija entregada por los dioses desatando todos los males del mundo.

Tenemos por lo tanto un elemento en común: los hombres vivían felices y comían perdices hasta que por culpa de nuestra amiga la curiosidad se desata la tragedia. No es la avaricia, ni el ansia de poder lo que mueve a los protagonistas de los mitos, es la necesidad de saber, aun arriesgando la propia vida.

También en la literatura como tantas otras veces, ya sea mediante el folklore popular y los cuentos trasmitidos generación tras generación o mediante las publicaciones formales, la curiosidad no ha salido muy bien parada. Tenemos por ejemplo el mito de Fausto. La primera versión conocida data de 1587 cuando el editor Francfort, Johann Spies publicó un libro llamado “Historia del doctor Johann Fausto” inspirado en la vida real de un nigromante de la época. La historia cuenta cómo Fausto vende su alma al diablo a cambio de 24 años de sabiduría. La obra muestra os peligros de la ciencia, de la curiosidad por llegar más lejos y adquirir conocimientos.

Especialmente escalofriante es el relato de Barba Azul. La historia cuenta cómo Barba Azul se casa con una joven a la que prohíbe entrar en una de las habitaciones de la casa en la que vive. Finalmente la mujer decide entrar a ver qué esconde encontrando los cadáveres de las anteriores mujeres asesinadas por su esposo, desatando su furia. A continuación podrás leer la moraleja que añadió Perrault:

De lo dicho se deduce,
si el cuento sabes leer,
que al curioso los disgustos
suelen venirle a granel.
La curiosidad empieza,
nos domina, y una vez
satisfecha, ya no queda
de ella siquiera el placer,
pero quedan sus peligros
que has de evitar por tu bien.

 

¿Moraleja? No quieras saber más de la cuenta o te meterás en líos.

En fin, podemos afirmar que la curiosidad ha sido tratada de una manera bastante peyorativa a través de las producciones culturales de nuestra historia. (Ya su encarnación como característica casi en exclusividad femenina es otro tema…)

 

Curiosidad de Alicia

 

Pero, realmente ¿es tan mala como nos la han pintado?

Curiosidad y psicología

Para empezar si te hiciera la pregunta ¿eres curioso? aunque podamos establecer ciertos grados, lo cierto es que en el momento de nacer todos y cada uno de nosotros somos curiosos. Todos hemos nacido con un fuerte sentido de la curiosidad y de hecho la psicología ha intentado darle una explicación desde sus diversas teorías a través del tiempo.

Willian James, uno de los padres fundadores de la psicología estadounidense, creía que la curiosidad es una emoción que unida otra emoción primaria, el miedo, nos impulsa. La curiosidad nos hace acercarnos a nuevos estímulos, y el miedo hace que lo hagamos de manera prudente para no lastimarnos. El problema de estas primeras teorías era averiguar si la curiosidad es un instinto primario o si está motivado por otro impulso de orden superior.

Para dar respuesta a esta pregunta Freud plantea la curiosidad como impulso sexual. La curiosidad nece como consecuencia de la necesidad frustrada de los niños de conocer más a fondo su propia sexualidad a la edad de 3 a 5 años. La presión social les obliga a abandonar esta exploración sexual  provocando (entre otras cosas), que esta curiosidad sexual se manifieste como una curiosidad por el mundo en general.

 

 

Si bien es cierto que la psicología no se ha puesto de acuerdo en explicar por qué somos curiosos, lo cierto es que se han hecho interesantes descubrimientos sobre ella que pueden ser aplicados a diversos campos como la educación.

Por ejemplo en un estudio publicado en 2014 observaron que cuando algún tema despierta nuestra curiosidad somos mejores en el aprendizaje de esa información. Lo realmente interesante es que comprobaron que una vez despertamos nuestra curiosidad procesamos mejor la información que no está relacionada con ese tema específico. Este fenómeno tiene mucho que ver con los nuevos estilos de educación, cada vez más aceptados, en los que las áreas del currículum no se estudian de manera aislada, sino que se trabaja por proyectos. En el mismo proyecto se trabajarán conceptos de muchas áreas distintas, matemáticas, lenguaje, música, y la curiosidad que alguno de ellos despierta se “contagiará” a las demás. Este fenómeno ocurre porque cuando sentimos curiosidad se activa el hipocampo. El hipocampo es importante para la adquisición de nuevos recuerdos y también se relaciona con el circuito de recompensas cerebral. Cuando el hipocampo se activa parece que pone al cerebro en estado de alerta en el que las probabilidades de aprender y retener información son mayores.

¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Si has convivido con niños pequeños habrás vivido situaciones como esta en más de una ocasión. Bucles infinitos de preguntas que parecen no tener fin. Y ocurre porque como decía antes la curiosodad es inherente al ser humano.

Qué pasa si tu hijo, tu hermano pequeño o tu alumno te sale con un: ¿Por qué el cielo es azul? ¿Cuántas estrellas hay en el universo? Lo primero es decir sin rubor alguno que no lo sabes.  De verdad, no pasa nada por no saber cuál era era el dinosaurio más grande o por qué brilla el sol. Debemos aprovechar esos momentos de curiosidad para fomentar en los más peques una sana e importantísima capacidad: el pensamiento crítico. Vivimos en la era de la desinformación. Tenemos un mundo de conocimientos a nuestro alcance, y sin embargo cada vez somos más ingenuos. Nos “la cuelan” constantemente.  Así que lo ideal sería admitir que aunque no sabemos, podemos buscar  la respuesta  juntos.

A modo de chascarrillo, os contaré que esto es precisamente lo que hizo el padre del pequeño Lucas cuando su hijo llegó a casa con los deberes del cole. ¿Cuántas estrellas hay en el universo? ¿Se han enviado animales a la luna? Son algunas de las preguntas que tenía que responder. Ni corto ni perezoso escribió a la NASA y el resultado fue:

Conclusión: haz de la curiosidad una fiel aliada

¿Por qué deberíamos intentar despertar un poco más nuestra curiosidad? Para empezar, porque como dice el magnífico Ken Robinson:

La curiosidad es el motor del logro.

Por que antes de cualquier creación es necesario que la mente creativa que le da forma se interese por descubrir algo más sobre el tema. Como hemos visto antes, la curiosidad hace que nuestro hipocampo se active, y como está íntimamente relacionado con los centros del cerebro que segregan dopamina y te hacen sentir bien, es un poderosísimo reforzador positivo. De hecho, la psicología ha comprobado que la motivación íntrínseca de rezaliar una tarea (la motivación que viene dada por el hecho de disfrutar haciéndolo) es mucho más poderosa que la motivación extrínseca (la que viene dada por premios externos).

Porque la curiosidad es una excelente aliada del pensamiento crítico. Aprender desde jóvenes a acercarse al mundo que nos rodea con curiosidad va de la mano a hacer preguntas. Aunque nos hayan intentado hacer creer que “ser preguntón” es molesto, lo cierto es que deberíamos cuestionarnos todo. No dar nada por sentado. Y lo mejor es que resulta relativamente sencillo desarrollar estas capacidades en el alumnado. Se ha visto que el simple hecho de hacer preguntas bajo la forma “¿por qué?” en lugar de “¿qué?” mejora las habilidades metacognitivas de los niños.

Para terminrar, en el libro “Mujeres que Corren con los Lobos”, Clarissa Pinkola analiza el relato de Barba Azul y dice sobre la curiosidad:

“Formular la pregunta apropiada constituye la acción central de la transformación, no solo en los cuentos de hadas sino también en el análisis y en la individuación. La pregunta clave da lugar a la germinación de la conciencia. La pregunta debidamente formulada siempre emana de una curiosidad esencial acerca de lo que hay detrás. Las preguntas son las llaves que permiten abrir las puertas secretas de la psique.”

(1) Por cierto la expresión “La curiosidad mató al gato” proviene del inglés, de la frase: “Care killed the Cat”, entendiendo “care” como excesiva preocupación. Los registros apuntan a que aparece de la mano de William Shakespeare (como actor, no como autor) allá por el año 1598. Con el paso del tiempo la expresión fue modificándose hasta su forma actual.

Referencias:

carla@psiquentelequia.com

CEO. Estudiante de Psicología. Repostera y pianista en ciernes.

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