Arthur Danto: El fin del arte y su identificación con la filosofía

By Grhabyt (Own work) [Public domain], via Wikimedia Commons

Definir el arte, determinar qué objeto es arte y cuál no, es una cuestión problemática. Tradicionalmente el arte se ha ligado a algo hecho, un arte-facto, por un artista, alguien que tiene un conocimiento práctico, y que presenta una serie de propiedades estéticas (tales como belleza o capacidad de expresión), que lo distinguen de otros artefactos (de un barco o de una cama). Tenemos así obras de arte y meros artefactos, artistas y artesanos.

Las teorías tradicionales del arte suelen presentar como propiedades artísticas, las siguientes: las propiedades representacionales, las propiedades expresivas y las propiedades formales, dando lugar a definiciones representacionales, expresivas y formales, respectivamente. Ninguna de ellas basta por sí sola para categorizar una obra de arte como tal: un esquema sobre las órbitas del sistema solar representa, una cara o gesto humano expresa un sentimiento y una pala tiene una utilidad. Lo que sucede realmente con el concepto de obra de arte es que tal concepto está imbricado en el entramado conceptual del sistema del filósofo en cuestión, por lo que realmente lo que define a la obra de arte en los sistemas de los filósofos no son solamente uno (o varios) de esos predicados, sino también otros otros conceptos no estéticos con los que están en relación dentro del sistema filosófico.

Arthur C. Danto afirma que el arte es un área fundamental en todo sistema filosófico; y sólo puede entenderse dentro de ese sistema. La filosofía, para él, es sistemática o no es filosofía. Una caracterización de la filosofía que no es muy propia de un filósofo analítico, como tampoco ese interés primordial por el arte ni por delimitar lo que es arte. A la filosofía analítica le ha interesado distinguir entre ciencia y no ciencia; el célebre criterio de demarcación. Arthur Danto nos quiere presentar un criterio de demarcación pero no para lo científico sino para lo artístico. Pues bien, si ya la definición de arte es problemática si atendemos sólo al arte tradicional, en el arte contemporáneo la complicación se acusa hasta el límite, al aparecer como obras de arte objetos que en el arte tradicional nunca habrían sido considerados como tales. La técnica actual permite fabricar objetos indiscernibles en masa con gran facilidad, con medios robotizados, sin que sea necesario un hacedor humano. Podemos tener pues objetos que ni siquiera han sido fabricados por el artista y que no tienen nada sensible que los distinga de cosas comunes. Y a pesar de eso, pueden ser considerados obras de arte. ¿Cómo explicar esto? Las teorías tradicionales, que se basan en la habilidad, en el arte, en la técnica, del artista y en las cualidades estéticas que éste crea en el objeto como consecuencia de su técnica, no pueden dar cuenta de estos fenómenos artísticos.

Precisamente lo que motivó, para Danto, esta difícil empresa de buscar un criterio de demarcación artístico, fue Andy Wharhol y su Pop Art: ¿por qué sus cajas Brillo, sus sopas Campbell, tienen la categoría de arte y otras exactamente iguales apiladas en los supermercados no? Ni siquiera las obras de Duchamp (un peine, una rueda de bicicleta, un urinario…) suscitaban tal ruptura con las teorías del arte tradicionales, pues las teorías de la belleza podrían englobarlos. Situando estos objetos cotidianos a una distancia estética es posible apreciarlos como objetos que pueden hacer ver la belleza en los lugares más insospechados. Sin embargo, las definiciones tradicionales del arte no sirven para el Pop Art (objetos tan sumergidos en la banalidad que su potencial para la contemplación estética permanecía bajo vigilancia incluso después de la metamorfosis) pues se basan en características que el caso de Wharhol hace irrelevantes.

Danto llega a decir que con las cajas Brillo las posibilidades de definiciones tradicionales (que definen el arte en base al estado histórico concreto del mismo, siendo inservibles en caso de revoluciones) están efectivamente cerradas y que la historia del arte ha llegado, en cierto modo, a su fin. No se ha parado, sino ultimado, en el sentido de que ha pasado a ser una especie de conciencia de sí misma y se ha convertido, a su manera, en su propia filosofía: circunstancias predichas en la historia de la filosofía de Hegel. Si bien tradicionalmente sólo parte del fenómeno artístico tenía interés para los filósofos, debido a lo cual la filosofía del arte era profundamente irrelevante para la vida del arte, y el no filósofo quedaba desanimado por lo escritos de los filósofos sobre el arte. Hoy, sostiene Danto, parece que casi la totalidad del arte se ha condensado en aquella parte de la obra de arte que siempre había sido de interés filosófico, hasta el punto de que poco o nada se ha dejado para el placer de los amantes del arte. El arte es hoy más que nunca filosófico; el arte ha recuperado su autoconciencia, la conciencia del arte de ser arte de un modo reflexivo que puede muy bien compararse con la filosofía.

En próximas entradas desarrollaremos la definición de arte de Arthur C. Danto.

Referencias:

  • Danto, Arthur C.; La transfiguración del lugar común, Paidós ibérica, 2002, Barcelona

alberto.alv.fer@gmail.com

Combinación de pragmatismo e inconsciencia, soy licenciado en A.D.E. y graduado en filosofía. Me interesan los temas de filosofía e historia de la ciencia, filosofía de la naturaleza, filosofía del lenguaje y lógica. Escribo poco sobre ellos; los aprecio demasiado.

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