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Desenmascarando el autoengaño

¿Has observado cómo algunas personas crean justificaciones o modifican una actitud previa, sin permitirse reconocer un error incuestionable o una discrepancia?¿recuerdas a alguien comportándose de forma opuesta a las creencias o valores que defiende, y a pesar de la evidencia, seguir aferrándose a ellas usando algún autoengaño? Seguro que sí, nos pasa continuamente.

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¿Por qué existe el autoengaño?

Cada año, muchos se comprometen con ir al gimnasio, a un curso de idiomas, seguir una dieta, dejar un hábito perjudicial. Pero tras un tiempo, se ven incapaces de mantener una disciplina, de alcanzar objetivos, de resistir tentaciones. Aparecen entonces argumentos que permiten justificar esa desviación de la meta.

Erróneamente, el primer juicio puede ser que nos mienten deliberadamente o que la testarudez les impide reconocerloEn muchas ocasiones, realmente es resultado de un proceso mental que busca evitar un malestar psicológico. 

Es más complejo “cazarse” a uno mismo en un autoengaño, ya que creemos en la justificación que creamos. Con el tiempo y la reflexión somos capaces de reconocer el sutil autoengaño o justificación que relativiza la incongruencia.

La falta de sintonía entre lo que nos proponemos y lo que hacemos realmente, provoca una desagradable sensación interna. Cuando tenemos dos pensamientos, creencias, opiniones o actitudes contradictorias crea una intensa falta de armonía interna.

¿Es patológico autoengañarse?

Son estrategias defensivas, son adaptativas, son necesarias para limitar el procesamiento de información que es angustiante e impidir vivir en un desbordamiento emocional continuo. Pero cuando funcionan de una forma masiva e inflexible pueden derivar en patológicas. Muchas personas con dificultades psicológicas, tienen un funcionamiento cognitivo muy poco flexible . Mantienen con rigidez ciertas actitudes dañinas o creencias acerca de ellos mismos y los demás, que les lastran en su vida cotidiana.

Cuando muchos fumadores se plantean dejar de fumar dicen frases como “de algo hay que morir”, “estoy en una época muy estresante, no es un buen momento“, “Fulanito ha fumado toda la vida y no ha muerto de cáncer”, “sólo un paquete más y ya dejo de fumar”. Son argumentos válidos, pero irracionales desde el punto de vista de la salud, dado que conocemos el riesgo elevado de contraer cáncer o de desarrollar problemas cardiovasculares o pulmonares. Se justifican, transformando opiniones o la actitud, al no querer o no poder dejar de fumar: engañándose a sí mismos.

Abordar el autoengaño desde la ciencia

Los seres humanos nos distinguimos como especie por poseer una mente con una impresionante capacidad de adaptación y razonamiento. Pero esta maquinaria evolutiva también procesa erróneamente la información. Creamos argumentos sesgados a favor de las creencias, de  reducir discrepancias y no reconocer errores. El malestar emocional resultante de mantener una incongruencia psicológica es conocido en psicología como disonancia cognitiva.

El psicólogo norteamericano Leo Festinger propuso la teoría de la disonancia cognitiva en la década de 1950. En sus investigaciones, observó que tendemos a autoevaluar conductas, pensamientos y actitudes. Las comparamos con nuestros sistemas de creencias internos y del entorno social donde crecemos. Si aparecía una falta de congruencia, corregían la discrepancia con estrategias mentales. La disonancia cognitiva es un estado interno de tensión y malestar psicológico al sostener actitudes o pensamientos incompatibles con las creencias. El conflicto impulsa a reducir el malestar de diferentes formas:

  • cambiando el comportamiento.
  • justificando la conducta o actitud que crea la disonancia, alterando por lo tanto los pensamientos o creencias previas.
  • creando nuevas ideas y argumentos en torno al pensamiento o creencia en tela de juicio .

autoengaño, disonancia cognitiva

Autoestima, identidad y conciencia moral

Desde un punto de vista relacional, el autoengaño está a la orden del día en nuestras relaciones. Nos esforzamos porque los demás tengan una determinada imagen y buscamos influir en sus percepciones, desde la infancia nos acompaña una necesidad de aprobación, de reconocimiento y de evitación del rechazo en nuestros vínculos.

La mente se esfuerza automáticamente por preservar un sentido estable y coherente de la identidad, manifestando confusión, estrés, enfado, frustración, vergüenza,culpa, si algo la amenaza. Por ejemplo, si uno se percibe incapaz de alcanzar sus objetivos o comportándose en contra de sus valores. La disonancia cognitiva sirve como sustrato psicológico de la conciencia moral. Nos motiva a permanecer en consonancia con nuestras creencias y los valores sociales.

Alguien que defiende “estoy absolutamente en contra de la infidelidad”, criticará lo que considera miserable por diferentes motivos. Sus valores morales provenientes de la cultura o familia, por el peso de la culpa si transgrediera él la relación, por necesitar tener una imagen propia como alguien honesto, la angustia al imaginar si sufriera él la traición, etc. Pero si se produce una situación donde termina siendo infiel, podría no reconocer fácilmente su responsabilidad, autoengañarse para evitar la discrepancia (culpabilizando al alcohol que bebió,  o a su pareja por no darle lo que necesita).

Errar es humano

A pesar de las mejores intenciones y esfuerzos, es inevitable equivocarnos. Errar es humano, pero no es plato de fácil digestión. Atribuir la responsabilidad en otros, buscar pruebas que confirmen aquello que creemos, desdecir y enmendar afirmaciones pasadas. Múltiples estrategias de autoengaño para evitar daño en la autoestima, proteger la identidad, o ser rechazado por un ser querido.

Evitar admitir los fallos impide una crítica constructiva. La verdad puede ser dolorosa, pero reconocerla es la vía única para comprendernos mejor, rectificar hábitos inadecuados y adquirir nuevas habilidades.

Un aprendizaje para obtener una versión mejor y más libre de nosotros mismos.

 

 

hg.filippe@gmail.com

«Cártografo de las relaciones, trazo mapas de palabras para navegar emociones ». ~ Psicólogo y psicoterapeuta, desde un enfoque contemporáneo y relacional del Psicoanálisis, integro mis conocimientos con la evidencia en Psicología, Neurociencias y Teoría del Apego. ~

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