El maestro interior

¿Qué es un maestro?

Aunque no siempre lo creamos y mucho menos le prestemos atención, hay sabiduría en cada uno de nosotros. Ese es nuestro maestro interior.

¿A qué nos referimos cuando hablamos del maestro interior? ¿Es otra persona, un ángel o algún ser espiritual que nos guía? ¿Es una parte de nosotros mismos? ¿Es nuestro verdadero Yo?

Antes de entrar en la reflexión acerca de qué o quién es el maestro interior estaría bien analizar qué es el maestro en general.

Con la palabra maestro nos referimos a la capacidad de algo o alguien para guiarnos en el camino del autoconocimiento. Del latín magister, asociado a la raíz indoeuropea meg-, significa el que destaca sobre los demás.

En India la palabra que se utiliza para referirse a un maestro es guru, que significa “que tiene peso, importante”. En una interpretación simbólica, se dice del guru que guía a alguien en el camino del autoconocimiento que significa “el que remueve (ru) la oscuridad (gu)”.

Sin embargo, la figura del gurú en India y la del maestro en Occidente han tenido recorridos muy distintos; cada una con sus pros y contras.

 

El gurú

En India la figura del gurú tienen una especial relevancia, ya que el gurú es aquella persona que habiendo realizado el camino del autoconocimiento muestra el camino a sus discípulos. Es el sabio que comunica su sabiduría, a través de las enseñanzas, de la iniciación y, si es un verdadero gurú, a través de su presencia, de su forma de estar y de ser.

El gurú es considerado como una encarnación divina dado que por su experiencia y trayectoria vital ha comprendido y encarna su naturaleza más profunda y auténtica, que es la naturaleza divina de la que participan todos los seres.

Ahora bien, entre los contras de esta concepción del maestro están, a grandes rasgos, la dificultad de encontrar una persona que realmente haya llegado al estado de conciencia planteado, y sobre todo, la tendencia de muchas personas a poner la responsabilidad de su propio camino en el gurú y esperar que el autoconocimiento le sea dado desde fuera.

Esta última actitud es la que hace frecuente que se ensalce como gurú a personas que en realidad sólo buscan su propio beneficio y complacencia y que distan mucho de encarnar el ideal que hemos descrito.

Cuando pretendemos que venga de fuera lo que sólo podemos encontrar recorriendo el camino hacia dentro, es cuando surgen los dogmatismos y fanatismos, ya que no podemos permitir que nadie discrepe de aquello en lo que hemos puesto toda nuestra esperanza. Hacer alguna crítica de la figura del maestro o de un maestro concreto se vive en el fondo como un “¿cómo te atreves a decirme que esta persona no puede darme el autoconocimiento y la liberación? ”.

El maestro

En Occidente la figura del maestro tuvo más que ver con el que destacaba en el conocimiento y manejo de algún arte y con la figura del profesor. El maestro era una persona respetada.

Pero aquí nos referimos al guía espiritual, que durante mucho tiempo fue acaparado por la Iglesia: monjes, monjas, sacerdotes, pastores (en la iglesia protestante), religiosos y religiosas, etcétera. Esta figura comienza a perder peso a partir del s.XIX, cuando los principios de la Ilustración han calado en la sociedad y la ciencia comienza a imponerse como verdad única, quedando la cuestión espiritual relegada al ámbito de la fe.

La Ilustración hace un llamamiento a reconocer la autoridad de la razón en cada uno de nosotros:

“Ilustración es la salida del ser humano de una minoría de esdad cuyo responsable es él mismo. La minoría de edad significa la incapacidad de servirse del propio entendimiento sin verse guiado por algún otro (…) ¡ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí el lema de la Ilustración” (I. Kant)1

Occidente ha tendido desde entonces a fomentar un pensamiento crítico que no acepte ninguna autoridad externa sin más. El maestro puede ser alguien que te de herramientas o facilite tu propia reflexión, pero nunca es una figura divinizada ni paternalista.

El camino debe encontrarlo cada uno según su razón , según su propia forma de pensar. No podemos seguir ciegamente la forma de pensar de otro sólo por la comodidad de no tener que pasar por momentos de incertidumbre, no tener que vivir una “noche oscura”, como la que refiere San Juan de la Cruz en su poema con el mismo nombre.

Las ventajas de esta forma de ver al maestro es que resulta un buen antídoto para la fe ciega y el poner la responsabilidad de nuestra vida en otros.

Los contras son que si no se afina bien la escucha de uno mismo podemos caer en una visión sesgada por nuestro ego y una cierta soberbia que no nos permita aprender del otro y verter luz en nuestras propias sombras. Otro de los efectos negativos que ha tenido es que esta visión ha fomentado la búsqueda del conocimiento sólo a través de la razón y aunque el conocimiento pueda ser razonable, no siempre procede de la razón. Es más, el verdadero conocimiento es experiencial, es algo que se sabe con certeza en el corazón y está más allá de la razón y el lenguaje.

¿Qué es el maestro interior?

El maestro interior no es un personaje ajeno que vive en nosotros. El maestro interior es ante todo el silencio. El silencio es quietud y serenidad y de esa quietud y serenidad emerge nuestra intuición profunda y honesta.

El maestro interior es el que nos dice internamente “por aquí sí”, “por allá no”. No necesita gustar a nadie, ni demostrar nada y por eso no entra en moralismos. El maestro interior emana certeza, pero no es una certeza basada en razones, no busca “tener la razón”, no compite, ni pretende. Es el maestro interior el que hace que determinados mensjes resuenen con fuerza en nuestro corazón.

Es por el maestro interior que podemos reconocer en un momento dado a un maestro externo y ver su luz reflejada en nuestro corazón, sentir y saber que somos iguales, que estamos hechos de lo mismo y que lo que ese maestro me comunica con su presencia o sus palabras es que la luz que veo en él es la que hay en mí.

El maestro interior no se enorgullece ni se avergüenza, no posee el saber sino que lo es y el verdadero maestro externo, el verdadero gurú le hace de espejo, le refleja todo su poder, su señorío. Ser amo y señor de uno mismo, lo cual significa no hacerse esclavo de las pasiones y de la mente. Los pensamientos van y vienen, pero el maestro interior sabe que no está a merced de ese vaivén, poco a poco la mente se aquieta, como el fuego que se apaga cuando no se le echa más leña.

El maestro primordial

Existe una hermosa figura del dios Śiva, conocida como Dakṣiṇāmūrti que representa el maestro primordial. La belleza de esta divinidad reside en su presencia, porque en lugar de enseñar a través de un discurso lo hace en silencio, simplemente es y cuando uno descansa en el silencio del ser la luz y la serenidad irradian espontáneamente. ¿Has estado alguna vez cerca de una persona que irradia paz? Las personas comunicamos mucho más por lo que somos y por nuestra forma de vivir que por lo que decimos.

En la sociedad actual ocurre a menudo que se habla de instaurar en las escuelas educación en valores o programas para evitar el machismo y la violencia de género

Pero ¿de qué ha de servir que los adultos digan una cosa si luego hacen todo lo contrario?, ¿de qué ha de servir que me enseñen a no pelearme si en la televisión, en casa y cuando crecemos socialmente vemos que se fomenta la violencia y la competitividad?, ¿de qué ha de servir que me eduquen para tratar a las mujeres como iguales, si en las revistas, las películas o los anuncios aparecen como un objeto, apreciado sólo por su belleza física y como si fuese un medio para satisfacer los deseso sexuales del hombre? No es lo que decimos sino lo que transmitimos en nuestra forma de ser.

El maestro interior se comunica desde el silencio y nos susurra sin palabras que somos…Y ante la evidencia de ser…Silencio.

1Cita extraída del libro de M. Cavallé, El arte de ser. Filosofía sapiencial para el autoconocimiento y la transformación, Kairós, 2017. P.19

montse.simon@gmail.com

El enfoque con el que trabajo se centra en la autoindagación y el desarrollo personal. Organizo talleres de filosofía, doy clases de Yoga (individual y grupal) e investigo como aplicar las filosofías sapienciales al trabajo individual.

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