Tristeza y Música

Emociones y música, un viaje a través de la tristeza

Tiene John Dewey una frase que dice así:

“La emoción es la fuerza móvil y cimentadora; selecciona lo congruente y tiñe con su color lo seleccionado.”

Las emociones nos acompañan y nos mueven en nuestras acciones, siendo el motor de nuestros procesos conscientes.  El estado emocional en el que nos veamos sumidos en un determinado momento, dará un color, una atmósfera peculiar a nuestras elecciones, creaciones, pensamientos.

En algunas ocasiones podemos observar a través del arte esta conexión especial a través de las obras que observamos, leemos o escuchamos, en las que el artista deja reflejada en ella sus emociones más profundas.

Pollock

Cuando nuestro estado emocional es muy extremo, es más fácil que esto queda palpado en el lienzo o la partitura, como se puede ver en las obras de grandes genios que hoy me gustaría compartir. Grandísimas obras que fueron creadas en momentos de especial dureza, donde la tristeza era una constante en la vida de sus autores. Tristeza que dejó como legado en más de una ocasión, la pieza culmen en la vida de dichos artistas.

(Instrucciones del post: escuchar antes de leer)

La tristeza hecha sinfonía: Tchaikovsky y la “Patética”

La Sinfonía número 6 de Peter Ilytch Tchaikovsky fue compuesta en al año 1893, año de la muerte del magnífico compositor. Había nacido en su mente varios años antes pero no fue hasta 1892 cuando tomó forma en su mente. Aquí puedes escucharla:

Después de haberla escuchado no es  sorprendente leer que cuando la compuso se hallaba  en Londres, lejos de su hogar, deprimido por la soledad y la nostalgia. Tenía una personalidad dada a la melancolía, y cuando se encontraba lejos de su patria experimentaba a menudo fuertes sentimientos de tristeza. Desde Londres escribió a su sobrino una carta en la que le decía:

Sufro tormentos que no pueden expresarse con palabras (hay un trozo en mi nueva sinfonía, la sexta, donde creo haberlos expresado adecuadamente”.

En otra carta le confesó:

 “No me sorprendería en lo más mínimo que esta obra fuera acogida desfavorablemente por la crítica. No sería la primera vez que esto me sucediera. Por lo que a mí respecta, la considero la mejor de cuantas he compuesto y, especialmente, la más sincera de toda mi obra. La quiero como jamás he querido a cualquiera de mis anteriores creaciones”.

Fue su hermano menor quien le sugirió el nombre, “patetícheskaya” que en ruso significa “emotiva”. La obra se estrenó sin gran acogida del público y la crítica, que perplejos no supieron reaccionar ante la pieza. Es significativo decir que Tchaikovsky murió una semana después de su estreno. Podría decirse que la obra fue un réquiem prematuro escrito para él mismo.

La tristeza hecha música: La Patetica

20 días después de su estreno volvió a interpretarse, esta vez con una mejor acogida.

 Claro de Luna: la tristeza del desamor

Claro de Luna, es una de las obras más representativas de Beethoven.

 

Cuando publicó la Sonata, ésta venía acompañada del siguiente epígrafe:

«Sonata casi una fantasía para clavecín o piano, compuesta y dedicada a la señorita condesa Giulietta Guicciardi, de Ludwig van Beethoven. Op. 27, n.º 2. Publicado en Viena en casa de Giovanni Cappi, Michaelerplatz N º 5.»

¿Quién era la tal Giulietta Guicciardi? Antes de responder a esta pregunta conviene hacer un repaso de la vida del compositor. El padre de Beethoven, alcohólico reconocido, dispuesto a hacer de él un niño prodigio de la talla de Mozart, dedicó muchos esfuerzos a hacer de su hijo un compositor de éxito. Es mucho lo que se ha escrito sobre las duras condiciones a las que fue sometido el Beethoven niño, lo que se tradujo en una personalidad extrema, de carácter a veces difícil, agravada por sus problemas de salud, y más adelante, su famosa sordera. Se le atribuyen varios romances, aunque no llegó a casarse, y es que en más de una ocasión la familia de la mujer en cuestión se opuso al matrimonio.

Claro de Luna Giulietta Guicciardi

Y ahí es donde aparece Giulietta Guicciardi. La hija del conde Guicciardi fue alumna del compositor, y parece que sus sentimientos hacia ella fueron más allá. En una carta que el músico escribió a Franz Gerhard Wegeler, amigo de la infancia, le confesaba:

“Al cabo de dos años he vuelto a disfrutar de nuevo algunos instantes de felicidad y por primera vez creo que el matrimonio podría hacerme feliz, pero desgraciadamente no es ella de mi posición y no puedo pensar en casarme.”

En efecto la familia de ella se opuso y  terminó casándose con un conde, más acorde a su posición social. El músico cayó en una profunda melancolía por la imposibilidad de casarse con la joven, gracias a la cual compuso una de las composiciones musicales románticas más bonitas de la música.

Franz Schubert “No existe la música alegre”

La vida de Schubert fue trágica desde el comienzo. De los 13 hermanos que fueron, 10 murieron al nacer, y su madre murió al dar a luz al último de ellos. Su mala relación con su padre le hace abandonar su casa natal, encontrándose solo en el mundo. No logró alcanzar la independencia económica con sus composiciones, no se casó nunca, y de hecho, no mantuvo relaciones amorosas duraderas. En los últimos años de su vida contrajo sífilis, y su ya de por sí temperamento triste se agravó. En 1824 escribió a su amigo Leopold Kupelwieser:

“En una palabra, me siento el hombre más infeliz, más miserable del mundo. Imagínate un hombre cuya salud ya no mejorará nunca y que en su desesperación sólo empeora todo en lugar de mejorarlo, imagínate un hombre cuyas más brillantes esperanzas han quedado reducidas a nada, al que la felicidad del amor y la amistad no ofrecen otra cosa que sumo dolor, al que el entusiasmo (al menos estimulante) por la belleza amenaza con desaparecer, y pregúntate si no es éste un hombre miserablemente infeliz. Mi tranquilidad ha desaparecido, mi corazón está oprimido, no lo encuentro nunca; así ahora puedo cantar todos los días, pues todas las noches, cuando me voy a dormir, confío en no despertar ya nunca, y cada mañana me anuncia sólo la misma pena del día anterior”. 

En una ocasión le preguntaron:“Señor Schubert, ¿ es verdad que Ud compone únicamente música triste?”, a lo cual respondió: “¿ Existe acaso otra?”

Y para muestra un botón: las tres últimas sonatas del compositor, compuestas durante su último mes de vida, las cuales fueron rechazadas en la época, y hoy en día son consideradas como unas de las piezas más maduras del compositor. Aquí la sonata D 959:

 

 

 

En resumen, esos momentos de tristeza y melancolía que atravesaron grandes genios de la historia de la música nos han dejado como legado maravillosas obras con las que disfrutar. Sólo podemos decir: gracias.

carla@psiquentelequia.com

CEO. Estudiante de Psicología. Repostera y pianista en ciernes.

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