El Evangelio según Zorba

El cine es para muchos una de las expresiones artísticas más refinadas por aunar en un mismo formato la imagen, la palabra y la música. Pero además  es capaz de trasmitir poderosas lecciones de vida de manera sencilla y es capaz de llegar a todos los públicos. Una de esas historias es la de Zorba el Griego de Michael Cacoyannis.

Cuando el escritor americano en crisis Basil (Alan Bates) vuelve a la tierra paterna, Grecia, para explotar una vieja mina abandonada encuentra a Zorba (Anthony Quinn) en el barco hacia las islas y le contrata como capataz para su explotación. Zorba es la antítesis de Basil, jovial, alegre, compasivo, bregado en mil batallas y trabajos y curado de todos los espantos del mundo. Basil es  tristón, parado, taciturno, poco hablador y poco sensible. Al legar al pueblo todo sale mal. Nuestros héroes se enfrentan a la catástrofe total.

 Madame Hortense, una dama francesa maltratada por el amor con el corazón roto en innumerables ocasiones les recibe en su humilde hotel. Lleva años esperando la venida del amor verdadero que la lleve lejos de esas islas, espera y espera la llegada de su príncipe a modo de evadirse de una cruel realidad. Zorba se muestra cariñoso y empático con ella. Basil hace creer a Madame que Zorba se casara con ella. Acepta  simbólicamente pero Hortense enseguida muere de neumonía, mientras los aldeanos saquean sus posesiones en ausencia de herederos

El escritor, a su vez, encuentra el amor en la viuda del pueblo, una mujer con la palabra tragedia escrita en la frente, magníficamente interpretada por Irene Papas, que le da un carácter solemne, sobrio y duro pero bello que es el reflejo de la sociedad y el paisaje locales. Había además un chico del pueblo enamorado de ella, pero no correspondido y al ver que su amor solo era para Basil se suicida.  El destino es cruel con la viuda y la dirige al ostracismo social y a la más cruel de las muertes. Apunto de ser dilapidada es salvada por Zorba, pero a continuación y  sin que nada pudiese hacer es degollada por el padre del chico

Por último la empresa de la mina también fracasa estrepitosamente

Irene Papas y Alan Bates

Irene Papas y Alan Bates

En esta película los héroes se enfrentan a la adversidad en todo lo que hacen: es la catástrofe total. Paradójicamente en vez de venirse abajo, deprimirse o perder toda esperanza, la escena final es un baile: los dos protagonistas bailan sirtaki, una danza tradicional griega y se echan a reír. Nos están enseñando una forma de aproximación al fracaso, al sufrimiento y a la aparente falta de toda esperanza y sentido a la vida. La vida no es finalista, no hay finalidades sino que nosotros las ponemos y entonces surgen dualidades como el fracaso y el éxito. Pero la realidad es la que es y ésta no conoce de categorías sino solo da causas, nunca de finalidades. Recordemos un fragmento de dialogo de la película: pregunta Basil: ¿Zorba, has estado casado alguna vez? Responde Zorba: ¿no soy un hombre? Pues claro que he estado casado. Mujer, casa, hijo. Todo, la catástrofe total.

Con esto Zorba no se está lamentando sino que está admitiendo la vida tal y como es, con todos sus vicisitudes y problemas y también sus riquezas y alegrías. Lo que hace Zorba y se evidencia a través del baile es danzar sobre la catástrofe sin que nunca le destruya, sin que nunca sucumba. Se ríe de todo, de todos, y de sí mismo. Celebra la vida tal y como es y no queda enganchado en un círculo vicioso de culpas y reproches que son los que realmente hunden a las personas. Es decir la filosofía de Zorba es la aceptación y  también en cierta manera la vuelta a los orígenes, a la niñez.

Aceptar se contrapone a enjuiciar. La mayoría de las veces nuestro pensamiento al relacionarse con los sucesos  está enjuiciándolos: esto es bueno o malo, guapo o feo, de manera que atribuimos un valor a una realidad que esta desprovista de ellos. Así cuando el león se come a la cebra no piensa si es justo o no, no lo valora. Esto solo lo hacen las personas, mentalmente, y no existe en la realidad, ésta solo es. Esta apreciación no es fácil de hacer pero es sumamente útil para evitar ser engullidos por nuestra desesperanza en situaciones de crisis. En éstas nos será muy útil mantener la calma y en vez de sufrir tratar de aprender y aproximarse a lo que somos, a lo más humano de nosotros.

Para discernir entre juicios  o pensamientos, sensaciones y emociones existen herramientas como la meditación. Así basta para ello con prestar la atención a la respiración y contemplar y dejar pasar pensamientos, sensaciones y emociones para darse cuenta de que una cosa son nuestros pensamientos y otra la realidad y como nuestra mente no para de enjuiciar. Pero no se trata de relativizar las desgracias y el dolor y hacer como si nada pasara sino de aceptar, darle la importancia adecuada y desde esa aceptación poder dar una respuesta constructiva que nos permita crecer espiritualmente

Zorba y Basil, amigos

Zorba y Basil, amigos

No obstante, ese baile no solo significa aceptación sino también una vuelta a los orígenes, a la inocencia de la niñez, a un equilibrio y armonía propios de esta etapa de la vida. Bailar es un ritual, una manera de conectar o fusionarse con el entorno, como lo hace el niño a través de su mente de principiante: todo rebosa interés y su curiosidad es total por todo lo que existe. Se interesa por la naturaleza, por los otros, por el mismo, solo quiere  jugar y bailar también es un juego. Zorba al bailar quiere volver a ser niño. Hablaba Nietzsche de esto en sus 3 trasformaciones: primero se es el camello obediente, luego se es el león libre que destroza la moral y los prejuicios, luego se es niño. Los camellos abundan y los leones son raros pero la dificultad esta en dar un paso más (¿adelante o tras?) hacia la niñez. El león lo destruye todo y también a sí mismo, ¿cómo puede éste transformarse en niño? Quizás una respuesta sea bailando. Piénsese que muchos bailes tienen connotaciones religiosas, son un medio para conectar con Dios (piénsese en los derviches turcos)

Pero todo esto va más allá: el baile conecta con Nietzsche en la forma del bailarín cósmico, el equilibrista que vuela de perspectiva en perspectiva, que se mueve de verdad en verdad para alcanzar una mejor perspectiva de todo lo que es, es el que está experimentando con la vida misma.

El baile final de Sirtaki

El baile final de Sirtaki

 

Referencias bibliográficas:

  • F. Nieztsche: Así habló Zaratustra
  • Jon Kabat-Zinn: Vivir con plenitud las crisis
  • J. Campbell: The Hero  with a thousand Faces

lf.sanz.17@gmail.com

Abogado.

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