Guía interna divina

La guía interna “divina”, el libre albedrío y la libertad (Lección de filosofía 2)

Seguimos con las lecciones de filosofía de la mano de Monica Cavallé y la filosofía perenne, aquella que sigue tan “viva” y es tan universal que podemos seguir aplicando a nuestras vidas para alcanzar el mayor bienestar y armonía. En este caso veremos cómo nuestra guía interna es la única fuente de verdad y felicidad, y lo único que realmente nos pertenece. Lo único que es intrínsecamente nuestro, y que nadie puede dañar… Gracias a Monica Cavallé, y a su libro “El arte de ser“, podemos profundizar mucho más en estas ideas…

Si quieres leer antes las otras lecciones, aquí las tienes:

En este post veremos el segundo punto, desarrollando los demás en próximos artículos 😉

 

Lección 2: El “principio rector”

“Date cuenta de una vez de que en ti mismo tienes algo superior y más divino que lo que causa las pasiones y que lo que, en una palabra, te zarandea como una marioneta.”

Marco Aurelio

 

guia interna divina

 

Los filósofos estoicos afirmaban que hay en nosotros algo superior y más originario que nuestros juicios, impulsos y pasiones; una instancia ontológica que nos permite tomar distancia respecto a ellos, discernir su naturaleza y despertar del sueño en el que vivimos cuando confundimos nuestro sistema de creencias particular y las conductas estructuradas en torno a él con nuestra identidad. Se trata de una dimensión que permite que no seamos zarandeados como marionetas por nuestros dondicionamientos.

“Lo que a fin de cuentas soy es carne, un breve hálito vital y un Principio Rector.”

Marco Aurelio

Para los estoicos el alma humana es una chispa del alma cósmica, de la divinidad o inteligencia que rige y sostiene el universo. Se manifiesta en el ser humano en la forma más elevada e intensa de actividad pneumática: como alma inteligente o racional (logos).

El alma inteligente o racional (logos)

El logos humano es un punto focal del logos cósmico, es la presencia de lo divino en él. La inteligencia no es una dote de la que disponemos cada uno de nosotros como individuos; no es un principio individual, sino universal, no tiene un alcance meramente psicológico, sino ontológico, coextensivo con él ser.

En el Ser Humano, los estoicos afirmaban que todas las partes y funciones del alma están arraigadas en lo que denominan Principio Rector, o parte rectora del alma. Es la dimensión más elevada del compuesto humano, el centro de la conciencia, la fuente de la vida psicofísica y la sede de nuestras factuldades superiores.

El Principio Rector tiene cuatro poderes o capacidades:

  1. Capacidad de representarnos la realidad
  2. Asentir o no a las representaciones (dar crédito o no a nuestras interpretaciones subjetivas)
  3. Impulso
  4. Razón que permite “vigilar” nuestras ideas (discernir y evaluar el contenido de nuestras representaciones)

“¿Qué es lo tuyo? El uso que haces de tus representaciones.”

Epicteto

Epicteto denomina también al Principio Regente, libertad o albedrío. Marco Aurelio lo define como el genio interior que actúa en nosotros como guardían, progector y guía. Sócrates lo define como la voz interior que proveniene de un poder superior, la que le advertía cada vez que obraba o podía obrar erradamente. Todos poseemos esa voz y podemos escucharla.

 

El Principio Rector es nuestra verdadera identidad

Cuando la filosofía antigua hablaba del conocimiento de sí mismo, no alude al mero autoconocimiento psicológico, sino al conocimiento de quienes somos, de nosotros mismos como sujetos. Entendían que el conocimiento de sí mismo equivale a conocer ese principio que constituye nuestra identidad central, y que, una vez conocido, permite conocer la entraña del universo porque se es uno con la fuente de la realidad en su conjunto. “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás le universo y a los dioses”.

Conocer nuestra identidad profunda es conocer el Intelecto o Inteligencia. Equivale a conocer el logos, la inteligencia cósmica que sostiene y estructura la totalidad, si bien se manifiesta de forma privilegiada en el ser humano, pues tenemos autoconciencia y podemos saber de ese logos en nosotros.  Como dice el precepto de Delfos, “conócete a ti mismo”.

 

 

“¿Pero podemos encontrar alguna parte del alma que sea más divina que aquella en que se encuentran el entendimiento y la razón? (…) En esta parte del alma, verdaderamente divina, es donde es preciso mirarse, y quien la mira y descubre en ella todo ese carácter sobrehumano, un dios y una inteligencia, bien puede decirse que tanto mejor se conoce a sí mismo.”

Platón

Conocerse a sí mismo, afirma Sócrates, es conocer la Inteligencia que nos constituye y que reconocemos, como en un espejo, el el intelecto de cualquier ser humano, en aquello que “ve” en él.

Conocerse a sí mismo es ser y reconocer el reflejo en nosotros mismos del Principio Rector. Prueba de que esta dimensión nos especifica como seres humanos y constituye nuestra identidad central, es que, si bien pueden dañar nuestro cuerpo, nuestras circunstancias, nuestras posesiones… nadie ni nada tiene poder para mover a afectar a nuestro Regente. En consecuencia, es lo único que nos es realmente propio.

“Tres son las cosas que integran tu composición: cuerpo, hálito vital, inteligencia. De esas, dos te pertenecen, en la medida en que debes ocuparte de ellas. Y solo la tercera es propia mente tuya.”

Marco Aurelio

 

El discernimiento

“Nada hay que esté enteramente en nuestro poder sino nuestros propios pensamientos.”

Descartes

El Principio Rector, nuestra identidad central, es la fuente del discernimiento. Es lo que posibilita que no confundamos la realidad con nuestras opiniones subjetivas. Es lo que discierne las representaciones y asiente, o no, a ellas. Es lo que distingue lo verdadero de lo falso e incierto.

Esta capacidad del Principio Rector nos remite a la intuición india de la conciencia testigo. El testigo es aquello que ilumina y atestigua todo, también los contenidos psíquicos (pensamientos, emociones e impulsos), sin identificarse con lo atestiguado; constituye, además, nuestro más íntimo sí mismo. El Principio Rector también es la luz que ilumina el pensamiento, la que nos posibilita atestiguar y examinar nuestros juicios; la instancia ontológica que nos permite no identificarnos con nuestro diálogo interno, con nuestras representaciones, impulsos y pasiones; la que nos otorga una vivencia de nuestra identidad más originaria que la estructura en torno a los contenidos y patrones de nuestra vida psíquica.

Los estoicos ubicaron el centro del ser humano, no en la cabeza, sino en el corazón, en el saber del corazón. Esto coincide con muchas tradiciones sapienciales, para las que el corazón simboliza el sí mismo, el núcleo mismo de nuestro ser, así como la sede de la inteligencia y de la intuición superior.

 

La libertad

Epicteto también se refirió a la faceta de libertad y albedrío del Principio Rector. Es aquello que en nosotros, además de discernir, quiere y decide. Es la dimensión incondicionada, la que nos otorga libertad frente a lo dado y condicionado, la que nos permite adoptar ante ello una actitud u otra, la que posibilita que no seamos arrastrados por nuestras representaciones y los impulsos que las siguen, la que nos proporciona la única libertad perfecta, la libertad interior.

“En el terreno del asentimiento: ¿puede alguien impedirte asentir a la verdad? Nadie. ¿Puede alguien obligarte a admitir la mentira? Nadie. ¿Ves cómo en este terreno tienes una proaíresis (con voluntad, decisión o deliberación.) libre de impedimentos, incoercible y libre de trabas?”

Epicteto

 

 

“Este pequeño cuerpo (…) es zarandeado de un lado a otro; en él aparecen las torturas, los hurtos, las enfermedades. En lo que respecta al ánimo en sí, es inviolable y eterno, y no existe mano que pueda golpearlo.”

Séneca

Aunque nada ni nadie pueda arrebatarnos esta libertad originaria ni ponerle impedimentos, pues nada ni nadie es dueño de nuestros pensamientos y actitudes, esta libertad puede obstaculizarse y ponerse impedimentos a sí misma.

“La primera diferencia entre el particular y el filósofo: el uno dice: “¡Ay, mi pobre muchachito, mi pobre hermano!” “¡Ay, mi pobre padre!”. Mientras que el otro, si en algún caso se ve obligado a decir “¡ay!”, tras esperar un poco añade: “¡Pobre de mí!”. y es que nada ajeno al albedrío puede poner impedimentos o perjudicar al albedrío, si no es él mismo a sí mismo.”

Epicteto

¿Cómo es posible que algo intrínsecamente libre y lúcido puede perjudicarse o ponerse impedimentos a sí mismo? Epicteto afirma que el albedrío es libre, y a su vez, que solo es libre la del sabio, no la del ignorante.

Para el pensamiento estoico, el Principio Rector tiene una doble vertiente: una dimensión transpersonal y otra personal. Es conciencia o inteligencia pura, pero también abarca los contenidos de conciencia, juicios mentales, impulsos y elecciones particulares que constituyen el estado cognitivo de una persona en un momento dado.

En su vertiente transpersonal es perfectamente libre…

“La naturaleza del ser humano es parte de una naturaleza imposible de obstaculizar, inteligente y justa.”

Marco Aurelio

… pero puede no ser libre la disposición de esa chispa de la divinidad en nosotros una vez teñida por nuestro estado cognitivo particular. Es esencialmente libre, si bien esa libertad puede ser meramente potencial con respecto a nuestro estado actual de conciencia. En el ignorante no es libre, pues está velada y distorsionada por juicios errados.

“Es la obra lenta, gradual y progresiva del gran semidiós dentro del pecho (…) Cada día mejora alguna faceta; cada día se corrige algún defecto.”

Adam Smith

Para el pensamiento estoico, según cuáles sean nuestros juicios, la parte rectora del alma tendrá una mejor o peor disposición. Es decir, estará dispuesta de forma virtuosa o pasional. Epicteto insiste en que hay que mantener el Principio Rector en la disposición justa:

“Si las opiniones sobre las materias son correctas, hacen bueno el albedrío, pero si son torcidas y desviadas, malo.”

Epicteto

 

“Hay que preservar el genio que tenemos en nuestro interior, a velar por la pureza de nuestros dios, a conservarlo libre de pasión, de irreflexión y de disgusto. A venerar la facultad intelectiva (…) para que no se halle jamás en nuestro guía interior una opinión inconsecuente con la naturaleza y con la disposición del ser racional.”

Marco Aurelio

 

El “mal” no es más que la ignorancia

Tanto la sabiduría estoica como las orientales son doctrinas de liberación. Todas ellas consideran que la libertad es el mayor bien y que, aunque nuestro ser es intrínseca y esencialmente libre, existencialmente la libertad no es algo dado: constituye una conquista permanente ligada al incremento de nuestro nivel de comprensión, es decir, que requiere cuidado de sí, cuidado del alma.

“Progresa en todo momento hacia la libertad con benevolencia, sencillez y modestia.”

Marco Aurelio

Para Albert Ellis, el libre albedrío “presupone que cada persona tiene la libertad de actuar correcta o erradamente, teniendo como referente la verdad absoluta y la justicia ordenada por Dios y por la ley natural. Si alguien hace un mal uso del libre albedrío es un malvado pecador, pues actúa así a pesar de poseer el conocimiento del bien y del mal.”. Este pensamiento justifica la culpabilización, el castigo, la hostilidad, la agresividad y la ira…

Frente a esta doctrina, el pensamiento estoico retoma la tesis socrática presente también en las principales sabidurías de Oriente. Nadie yerra voluntariamente. Nadie obra el mal cono plena conciencia de lo que hace, pues todo el mundo busca su bien. Es decir, todo el mundo aspira a la felicidad. Se obra mal porque se tiene juicios errados sobre dónde radica nuestro verdadero bien.

Cada cual se inclina en cada momento hacia la que considera la mejor opción entre aquellas de las que dispone en función de su nivel de conciencia, de su marco representacional consciente o inconsciente. Es su filosofía operativa la que limita su marco cognitivo.

“¿Qué piensas? ¿Que voluntariamente caigo en el mal y pierdo el bien? ¡Nada de eso! ¿Cuál es, pues, la causa de mi error? La ignorancia.”

Epicteto

Por ello, siempre podemos compadecer al que obra incorrectamente, ya que actúa así por ignorancia del bien y del mal.

“¿No nos apiadamos de quien es físicamente ciego? Luego más digno de piedad es quien sufre de ceguera moral y espiritual, porque no es menor esta mutilación que la que nos impide distinguir lo blanco de lo negro.”

Marco Aurelio

 

guia interna divina

 

“Propio del ser humano es amar incluso a quienes lo ofenden. Esto se logra si caes en la cuenta de que sois del mismo linaje, y de que ellos yerran por ignorancia y contra su voluntad (…), y, sobre todo, de que no te ha hecho daño alguno, pues no hizo peor tu Principio Rector de lo que lo era antes.”

Marco Aurelio

Nadie desea errar, pues nuestro impulso básico, el que nos constituye, se orienta necesariamente hacia la autoconversación y el autodesarrollo, a perseguir lo que nos beneficia y rechazar lo que nos daña.

“¿Por qué renuncias a tu propio bien? eso es una insensatez, una imbecilidad. Pero ni aunque me digas que renuncias te creeré. Porque igual que es imposible asentir a lo que parece falso y rehusar lo verdadero, así también es imposible mantenerse apartado de lo que  parece bueno.”

Epicteto

 

“Cada ser tiende hacia aquello para lo cual ha sido constituido; a donde tiende, ahí está su fin; donde está el fin, allí también lo conveniente y lo bueno de cada cual.”

Marco Aurelio

El mal no tiene una realidad sustantiva, sino privativa: es siempre carencia de bien. En concreto, es un bien expresado de forma limitada o a través de representaciones erradas. Pues la vida nunca sabotea sus propios objetivos.

“Así como no se coloca un blanco para desacertarlo, de igual manera no se genera en el mundo una naturaleza del mal.”

Epicteto

El mal equivale a la ignorancia. Y por ello, como ya había sostenido Sócrates, solo hay una virtud, la sabiduría, y sólo hay un vicio, la ignorancia.

“Todos los pecados son siempre, y en último término, el mismo: manifestaciones de la ignorancia.”

Zenón

 

 

elsa@psiquentelequia.com

Fundadora de Psiquentelequia. Periodista, blogger, profesora... Estudiante de psicología y Terapia Gestalt. Coaching y mindfulness. Amante del yoga y la biodanza. Lectora, fotógrafa y viajera.

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