Os cuento mi historia: Fritz Perls, el padre de la gestalt y un niño terrible

 

A estas alturas y después de tanto tiempo, las personas que mejor me conocen se han sentido orgullosas de mi en numerosas ocasiones, pero en otras muchas se han podido avergonzar por mi actitud. Sé que no soy perfecto, aunque lo he deseado siempre y a veces incluso lo he creído fervientemente. Dependiendo del periodo de mi vida que os relate, seguramente penséis que soy un genio inspirado o más bien la reencarnación del mismo diablo.

Como todo ser humano, tengo de todo y lo mejor que puedo hacer es responsabilizarme de quien soy. Reconozco en mí que me he llegado a mostrar egoísta, narcisista, orgulloso, avaro, incluso colérico y paranoico; además me considero un ser ”perverso polimorfo” en el plano sexual; un seductor insaciable aunque no sea muy agraciado físicamente, pero me compenso con ser algo cómico, exhibicionista y voyeur. Me he entregado a drogas como el LSD y otras variantes psicodélicas, además de que fumo tres paquetes de Camel a diario. No he sido un hijo ejemplar, como marido tampoco llegué a “dar la talla” y como padre he dejado mucho que desear. Si bien, en el plano profesional la gente me admira, pero yo me siento un psicoanalista mediocre y no muy buen escritor. Es más, muchos de los textos que hoy en día leéis, han sido escritos por colegas y allegados que considero lo hacen mejor que yo (como mi querida Lore o A. Levitsky).

 

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Los que ven virtudes en mí, me han devuelto cosas tan intensas como que tengo buen sentido de observación, así como una buena intuición y una cultura amplia. Yo solo sé, que lo que sé ha sido por pura curiosidad y ganas de superación constantes. Soy bastante creativo y vital y no abandono el sentido de autocrítica, aunque a veces me cueste aceptar ciertos neuroticismos propios. Pero lo que si rescato como eje principal en mi trato con los pacientes es que siempre me he abrazado alrededor del problema existencial de cada uno de ellos. Me he considerado un artista haciendo esto, y como buen artista ya sabemos todos que no somos muy puritanos y quizá lleguemos a ser algo raros. Aunque esto de mí siempre me gustó.

Podría resumir mi vida como una experiencia siempre agitada, en lo que respecta a mis sentimientos y resentimientos así como mi comportamiento, relaciones sociales y desplazamientos geográficos. Me considero un judío errante y algo desorganizado con mis documentos y textos.

Bueno, después de esta introducción, voy a pasar a relataros mi itinerario de vida, el cual puedo calificar como bastante tormentoso y que me llevó a ser un personaje fuera de lo común:

 

ALEMANIA

• En 1893: Un 8 de julio vine al mundo después de un parto complicado en donde tuvieron que emplear fórceps para sacarme de dentro de mi madre. Nací en un ghetto judío a los alrededores de Berlín. Cuando yo llegué, ya habían dos hermanas mayores esperándome y unos padres un poco sombríos.

 

Mi padre Nathan, era negociante de vinos y después se hizo corredor de comercio lo cual le obligaba a desplazarse con frecuencia y era evidente que iba acumulando las infidelidades. Siempre fue encantador y seductor, irresistible para las mujeres, pero también era colérico, violento y orgulloso (rasgos que perfectamente puedo encontrar en mi mismo). Era militante de la francmasonería y soñaba con convertirse en un gran maestro de su logia.

 

Mi madre Amalia, era una judía practicante que provenía de buena cuna y que respetaba las tradiciones kasher y el shabbat. Le apasionaba el teatro y la opera (pasiones que yo heredaría para mantenerlas toda la vida).

 

Mis padres vivían en un clima de conflicto permanente, en donde frecuentaba el odio, las disputas e incluso los golpes.

 

Mi hermana mayor Else, era ciega, lo cual siempre ha hecho que mi madre la sobreprotegiera. Reconozco que siempre esto me ha provocado unos celos terribles y me hacia ponerme agresivo con ellas. Ni si quiera lloré cuando supe que ambas perecieron en el campo de concentración.

 

Y mi segunda hermana Grete, siempre fue muy marimacho. Vivió durante casi diez años conmigo y mi mujer en Nueva York sirviéndonos en nuestra casa.

 

Con el paso del tiempo fui desarrollando un odio profundo contra mi padre ya que siempre me trató como un “tarugo de mierda que estaba destinado a acabar mal”.  Dudaba hasta de si era mi padre realmente y deje de tratarme con él hasta tal punto que ni acudí a su entierro. Ahora después de tanto conocimiento se que siempre me he mostrado hostil ante las figuras paternas, por eso nunca termine de llevarme bien con Freud (aquí ya tenéis el por qué).

 

• Hacia 1903: a la edad de 10 años comencé a revelare. En el colegio me volví bastante insoportable y me negaba a aprenderme las lecciones y a hacer los ejercicios. Tanto era así que comencé a falsificar mis notas y molestaba a las mujeres de mí alrededor (me escondía bajo sus faldas). Mi madre me pegaba con frecuencia con un látigo o con una paleta de madera, y acabé rompiendo ambas cosas, rebelándome contra ella. Llegué incluso a lanzarle objetos cada vez que trataba de pegarme.

 

• En 1906: con 13 años me expulsaron de la escuela por mala conducta y me fui con mi nuevo compañero, el cual me inició en el tema de la masturbación e incluso me facilitó el encuentro con una prostituta. Tras esto mi padre decidió meterme a trabajar en una boutique de dulces y de ahí decidí por mi cuenta inscribirme de nuevo en los estudios en un colegio liberal en donde se interesaban mas por los alumnos que por las materias. En este nuevo colegio pude desarrollar mi gusto por el teatro, lo cual me duró toda la vida y hoy en día podemos encontrar reflejado en la terapia gestáltica.

 

Durante mi adolescencia seguí formándome en teatro y realice más tarde mis estudios en medicina en Berlín. Durante toda mi vida, mi gran sueño era convertirme en director de teatro aunque siempre me consideré un mal actor. Y no fue hasta los 75 años, que pude encontrar mi propio estilo.

 

• En 1914: al comenzar la guerra, me eximieron del servicio militar porque tenía una malformación cardiaca. Esto condujo a que me mandaran al servicio auxiliar y a los 22 años entré en la Cruz Roja como voluntario.

• En 1916: me enviaron durante 9 meses a la guerra de las trincheras en el frente en Bélgica. Esto me hizo experimentar situaciones especialmente traumatizantes ya que veía a mis propios compañeros exterminando a golpes a los soldados enemigos. Por mi condición de judío, me persiguieron y me llevaron a los puestos más peligrosos, y me vi expuesto a gas venenoso además de que me hirieron con una granada, lo cual me hizo acabar hospitalizado. Esto me produjo numerosas secuelas y manifestaba signos claros de despersonalización e indiferencia total al entorno que me rodeaba.

• En 1920: a los 27 años y tras la guerra, pude obtener mí doctorado en medicina concretamente en neuropsiquiatría. Pero a pesar de mi carrera, seguí teniendo especial interés en el teatro y por ello frecuentaba los cafés izquierdistas de la contracultura. Fue en estos lugares donde conocí al gran Salomon Friedlaender (filosofo expresionista) que me inspiró significativamente. Es en esta época cuando desarrollo el concepto de “vacío fértil”.

 

• De octubre de 1923 a abril de 1924: viajé a Nueva York con la intención de obtener el título equivalente en medicina pero me encontré con una competencia muy grande entre los profesionales, además de problemas con el idioma y regresé bastante frustrado y sin ningún resultado.

• En 1925: aun con 32 años seguía en la casa de mi madre viviendo. Cada vez me iba tornando más inseguro de mi mismo y me veía feo, débil, encorvado y despreciado por mi padre. De la guerra me quedó una secuela crónica físicamente y tenía grandes dudas sobre mi potencia sexual además de que estaba obsesionado con la masturbación.

En esta turbulenta época de mi vida conozco a Lucy, una mujer casada que me sedujo en muy poco tiempo. Con ella comencé a descubrir los placeres de las diferentes caras de la sexualidad (tríos, exhibicionismo, homosexualidad, etc). Esto me permitió transgredir todos los tabúes, lo cual me provocaba un placer especial.

 

• En 1926: siento la necesidad de entender todas las emociones que estas experiencias me brindaban (excitación frente a culpa) y decidí comenzar un psicoanálisis con Karen Horney, la cual me recomienda que me aleje de Lucy y que cambie de ciudad de residencia. Así me mudé a Francfort donde comienzo a trabajar como medico asistente de Goldstein. Allí conozco a Lore Posner con la que empecé un noviazgo de más de tres años.

 

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• En 1927: en Francfort continuo un segundo análisis con Clara Happel durante un año. Tras esto me mudé a Viena y comencé mi andadura como psicoanalista. Al siguiente año decidí regresar a Berlín para seguir trabajando de psicoanalista y también comienzo un tercer análisis con Eugen Harnick. En esta ocasión estuve unos 18 meses de análisis, cinco veces a la semana. Pero decidí interrumpir la terapia cuando Lore y yo nos comprometimos en matrimonio.

 

• En 1929: nos casamos a pesar de estar su familia en contra. Para aquel entonces yo tenía 36 años y ella 24. Al siguiente año comencé un cuarto y último análisis con el que yo consideraba el mejor de todos, Wilhelm Reich. Esta fue la terapia que mas me ayudó y la que me inspiró principalmente en la génesis de la terapia Gestalt.

 

• En 1931: nace mi primera hija Renate, lo cual me tranquilizó puesto que creía que era estéril. Esto me enorgulleció y me mantuvo unido a mi familia durante los primeros cuatro años. Pero cuando nació mi segundo hijo, Steve, comencé a descuidar a toda la familia hasta los últimos días de mi vida. Mientras tanto tenia numerosos pacientes en consulta, pero tras la toma de poder de los nazis, tuve que huir de Alemania.

 

• En 1933: debido a la persecución de los judíos, emigré a Holanda dejándolo todo atrás. Al ver que no conseguía el permiso de trabajo en Amsterdam, acepté una propuesta laboral en Sudáfrica que me llegó a través de Ernest Jones (amigo y biógrafo de Freud).

SUDÁFRICA

• En 1934: durante las tres semanas de viaje en barco, estuve practicando mi inglés para perfeccionarlo. Más adelante nos instalamos en Johannesburgo donde fundamos el Instituto Sudafricano de Psicoanálisis. Allí tuvimos numeroso clientes tanto Lore como yo y pudimos mantener una buena calidad de vida. Aun en esta época me regía por las normas ortodoxas del psicoanálisis, haciendo terapias cinco veces a la semana, durante 50 minutos y sin ningún contacto visual o físico con el paciente. Pero con el paso del tiempo me fui dando cuenta de que me estaba convirtiendo en un “cadáver calculador´´ como el resto de los analistas que conocía.

• En 1936: tiene lugar el Congreso Internacional de Psicoanálisis de Praga al que acudía con especial dedicación y en el cual me lleve tres grandes decepciones que me marcaron para toda la vida:

 

Estuve preparando mi trabajo sobre las “Resistencias orales´´ como investigación complementaria a los trabajos de Freud y la bienvenida que recibí de él fue muy traumatizante para mí. No prestó atención a mi obra y esto provocó mi ruptura definitiva con su escuela. A pesar de mi rechazo hacia esta persona, nunca saqué su fantasma de mi vida.

Por otro lado, me volví a encontrar con Reich (el cual fue mi psicoanalista durante más de dos años) y ni si quiera me reconoció ni se interesó por mi vida. Y por último, la fría acogida que me dieron el grupo de psicoanalistas de aquel entonces en relación a mi investigación sobre la influencia de la oralidad en los primeros años de vida, fue el choque final.

 

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• En 1940: Terminé mi primer libro “El yo, el hambre y la agresividad´´ que escribí en colaboración con mi esposa (ella redactó incluso algunos capítulos) y a la que le dediqué un agradecimiento en el prefacio en la primera edición. Prefacio que después decidí retirar en ediciones posteriores porque exigí la paternidad total de la obra. La consideraba más mía que suya. Tras sacar mi obra a la luz, me exigieron que renunciara a ser miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional, pero me negué, puesto que aunque no compartiera los principios ortodoxos, el psicoanálisis era mi primera escuela.

• En 1942: inicia la Segunda Guerra Mundial, y decidí alistarme en la armada en Sudáfrica como médico oficial de psiquiatría (durante 4 años). Pasaba poco por casa y mis aventuras sexuales aumentaban crecientemente. Empecé a perder el interés por mi familia y cada vez les pegaba más y me enfadaba por cualquier cosa (comencé a reproducir el comportamiento de mi padre).

NUEVA YORK

• En el verano de 1946: con 53 años decidí dejarlo todo de nuevo. Abandoné a mi familia, mi lujosa casa en Sudáfrica y mis pacientes, en busca de nuevas experiencias. Cuando llegué a Nueva York, recordé lo poco que me gustaba la competencia profesional que allí había, además de que no me recibieron con los brazos abiertos los psicoanalistas ortodoxos que me tachaban de desviado. Es cierto que siempre fui sucio y desordenado, y que coqueteaba abiertamente incluso hasta con mis clientes. Pero esto no impidió que encontrara apoyo en Karen Horney, Eric Fromm y Clara Thompson (ex alumna de Ferenczi) para reconstruir una nueva clientela rápidamente. Un año después mi familia se unió a mí en la nueva residencia.

 

En aquel entonces seguía empleando el diván en mis sesiones de terapia, pero poco a poco me fui interesando más por las terapias de grupo, y comencé a plantearme que la mayoría de terapeutas debían darse cuenta de que la terapia individual y de larga duración ya estaba obsoleta.

 

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• En 1950-51: constituimos el Grupo de los Siete y publico Gestalt Therapy el primer libro de Terapia Gestalt que dio inicio a esta nueva práctica.

• En 1952: creo junto a mi mujer el primer Instituto de Gestalt en Nueva York y en el 54 el de Cleveland. Poco a poco le fui cediendo la dirección de estos centros a Laura mientras peregrinaba por todos los EEUU proclamando mi nueva teoría. Trabajaba con grupos abiertos y talleres de demostración, codeándome con numerosos terapeutas y recogiendo buenas ideas y técnicas a lo largo del camino: la toma de conciencia de Charlotte Selver, el psicodrama de Moreno o la cientología de Ron Hubbard.

 

Aun no había ideado la famosa técnica de la “silla vacía´´ y me seguía manteniendo en una terapia más verbal en búsqueda de la toma de conciencia de lo experimentado en el pasado. Me centraba en el contacto directo y genuino con el paciente en el presente, trabajando identificaciones con los elementos de los sueños y eliminando proyecciones toxicas que interrumpían el proceso. Mis compañeros de NY y Cleveland comenzaron a criticar mi manera de proceder en terapia, lo cual hizo que les fuera cediendo progresivamente la dirección de ambos institutos.

FLORIDA

• En 1956: comencé a estar desalentado y cansado de mi relación con Laura y de viajar tanto. Tenía problemas de corazón y deseaba retirarme para irme a vivir a las playas de Miami. Al llegar allí me encontré solo y deprimido. Nadie me conocía y me mudé a un pequeño departamento en el que apenas entraba la luz. Hacía grupos de trabajo con pocas personas en el salón de mi casa y comía todos los días en un restaurante judío cercano. No tenía amigos y por primera vez en mi vida renuncié a cualquier actividad sexual por miedo a padecer de un infarto de miocardio.

• En diciembre de 1957: se me apareció como un milagro una clienta, Marty Fromm, con la que comencé un intenso romance. Ella tenía 32 años y estaba infelizmente casada. Entró en tratamiento conmigo porque afirmaba que nunca hacia el amor con su marido y que padecía de frigidez. Retomamos juntos el gusto por la vida y se convirtió en la mujer más importante de mi vida. La inicié en todos los placeres del sexo y llevábamos a cabo todas las fantasías más osadas.

 

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Más adelante empecé a experimentar con el LSD en busca de experiencias nuevas y cada tres días “viajaba´´ hacia otros mundos bajo los efectos de estas drogas psicodélicas. Pero un día estallé en una paranoia cónica latente. La droga me aportaba una “conciencia cósmica´´ lo cual me hizo pensar que definitivamente estaba loco. Marty no soportó más mis delirios y celos patológicos y me abandonó por un amante mucho más joven que yo.

VIAJES

• En 1959-60: comienzo un nuevo periodo errático. Vuelvo en varias ocasiones a California y Los Ángeles y ando vagabundeando por las calles como un drogadicto sin rumbo fijo. Pero Jim Simkin (uno de los primeros pacientes que tuve en Nueva York) me llegó a convencer de que dejara la droga.

• En 1962-63: con 70 años ya, decidí hacer un viaje alrededor del mundo durante 18 meses. Estuve un tiempo en Israel, en un pueblo “beatniks´´ de jóvenes artistas que lo único que hacían era no hacer nada y sentirse orgullosos de ello. Me inicié con la pintura y cuando me aburrí de estar allí me fui a Japón para quedarme un par de meses en un monasterio zen. El zen me atraía por tratarse de una religión sin dios, pero me decepcioné al ver que cada mañana se postraban ante un gran Buda para invocarlo. Sentí que mi búsqueda de la iluminación fue un completo fracaso. De este modo deduje que tanto el budismo zen como el psicoanálisis generaban psicoanalistas y monjes, lo cual me hizo enterrarlos en sus lápidas en lo más profundo de mi basurero.

 

ESALEN

• En diciembre de 1963: junto con Michael Murphy dimos forma a Esalen, una propiedad en Big Sur, California, en donde comenzamos a hacer conferencias con artistas y escritores de renombre como Aldous Huxley o Paul Tillich. Pero en este lugar no se hacía más que beber, fumar y llevar a cabo experiencias con drogas y homosexualidad, lo cual me hizo reaccionar y querer darle una nueva cara a este lugar.

• En abril de 1964: comencé con talleres de demostración y programas de formación en Gestalt, pero no tuvo mucho éxito desde el principio (solo 4-5 participantes en los primeros talleres).

• En 1965: con 72 años, ya estaba muy fatigado y con problemas de corazón. Tuve que acudir a una fisioterapeuta muy buena que consiguió corregirme los problemas de espalda, lo cual me hizo ganar algunos años de vida.

 

Dos años más tarde mis talleres seguían siendo poco exitosos (12 alumnos máximo) por lo que construimos una residencia circular de madera en lo alto de un acantilado para poder realizar los talleres allí. Tenía una gran sala cubierta por una alfombra gruesa no muy agradable, puesto que estaba inundada de colillas y quemada, en una atmosfera continua de humo.

 

 

• En 1968: se produce el gran movimiento de los estudiantes y los hippies californianos que reclamaban el vivir en libertad, la liberación de tabúes, el placer del cuerpo, el derecho a la desnudez, etc. Es entonces cuando la sociedad estaba preparada para acoger el mensaje de la psicología humanista y de la Gestalt.

 

Ya tenía 75 años y mi fotografía comenzó a aparecer en los grandes seminarios americanos. Incluso llegué a salir en la portada de Life proclamado como “el rey de los hippies´´.

Es a partir de este momento cuando en cada seminario que daba, se amontonaba la gente para recibir mis presentaciones. Enumeraba a varios voluntarios por orden y los hacía sentarse en la silla caliente con una silla vacía a su lado. Trabajaba los problemas existenciales de las personas a través de sus sueños y experiencias y los problemas parecías desaparecer por arte de magia. Me filmaron y grabaron y numerosos especialistas de todas partes venían a Esalen a ver mis demostraciones: Eric Berne, Alexander Lowen, Gregory Bateson, etc.

 

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Pero a pesar de todo esto, yo seguía sintiendo unos celos tremendos por los éxitos de mis colegas y quería ser el único Maestro en la psicología. De hecho, soñaba con montar un Kibboutz de Gestalt en donde se pudiera vivir la Gestalt en comunidad durante las 24 horas. El cometido era ya no solo superar la terapia individual, sino también la grupal, haciendo de la Gestalt un modo de vida.

COWICHAN (CANADÁ)

 

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• En junio de 1969: adquirí un viejo motel de pescadores a la orilla del lago Cowichan en la isla de Vancouver. Una treintena de discípulos se trasladaron conmigo a esta nueva residencia. Allí impuse mi ley: nada de niños ni perros, no quería nada ni nadie que nos pudiera perturbar. Fuimos para allá para vivir en comunidad realizando trabajos colectivos, terapias y formaciones. Es entonces cuando viví verdaderamente feliz, dándome cuenta de que estaba en paz y que ya no necesitaba pelearme con otros.

• En marzo de 1970: tras regresar de un viaje de ocio por Europa, decidí dirigir algunos talleres en Chicago y es ahí donde fallecí por causa de un infarto. Además, la autopsia reveló que padecía un cáncer de páncreas.

 

En el discurso fúnebre, Paul Goodman me criticó abiertamente aludiendo que siempre estuve traicionando a la Gestalt tradicional con mis aventuras a lo largo de Norte América. Esto provocó que más adelante, Abraham Levitsky organizara una segunda ceremonia con el fin de reparar mi imagen.

En fin, esta ha sido mi vida, y aunque algunos lo quieran o no, a pesar de no haber sido el único teórico de esta nueva corriente, si que he sido el mayor portavoz de ella y su principal creador. He sido muy criticado por Gestaltistas contemporáneos, pero no se puede negar que he dejado un fuerte legado con sello personal. Hoy en día, los EEUU considera la Gestalt como uno de los métodos de terapia y desarrollo personal más innovadores al otro lado del Atlántico.

 

REFERENCIA BILIOGRAFICA

  • Ginger S., Ginger A. 1993. La Gestalt: una terapia de contacto. 2a ed. México, Manual Moderno.

monicasg86@gmail.com

Soy psicóloga-psicoterapeuta de orientación psicoanalítica vincular (Dinámica Relacional) y psicoterapia humanista (Terapia Gestalt). Trabajo con adolescentes y adultos en terapia individual, de pareja, de familia y terapia grupal.

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