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¿Qué función tienen las emociones?

En nuestra cultura se ha dado mucha importancia a la razón y al comportamiento en detrimento de la emoción, pero las emociones nos aportan mucho. Nos ayudan a vivir. Realmente, no podríamos vivir sin ellas. Y es gracias a ellas que podemos disfrutar de una vida plena.

Las emociones nos envían mensajes

Las emociones nos envían mensajes, nos informan de que está pasando en nuestras vidas. El miedo te dice que estás en peligro. La tristeza que has perdido algo importante. La alegría que has alcanzado una meta o has cubierto una necesidad importante para ti. El enfado puede indicarte que tus límites están siendo invadidos. La confianza que estás con alguien con quien te sientes seguro. Son señales para ti.

A veces nos gusta recibir la señal, otras no. Alguna vez he pensado que confundimos el mensajero con el mensaje. Que, a veces, hacemos nuestro ese dicho de “matar al mensajero”, como si el mensajero fuera el responsable de las malas noticias. El mensajero solo las transmite… Y a veces no queremos escucharle porque la noticia que nos trae no es buena.

 

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No mates al mensajero

Plutarco cuenta como Tigranes cortó la cabeza del mensajero que le llevó una mala  noticia. Sófocles decía “nadie ama al mensajero que trae malas noticias”. Quizá esto tenga que ver con el motivo de que, a veces, intentemos reprimir la emoción o “controlarla”. En realidad, no es a la emoción a quien queremos callar sino al mensaje que nos trae. Queremos “matar al mensajero” para no tener que oírle… o hacemos al mensajero único responsable de nuestro malestar… “y muerto el perro, se acabó la rabia”.

Shakespeare aconsejaba “no mates al mensajero”. Y quizá nosotros podamos darnos permiso para escucharle, para recibir su información porque es útil saber que está ocurriendo en nuestra vida. O… ¿prefieres no saberlo…? Saber dónde está el problema, nos da la oportunidad de tomar acción para corregirlo o de expresar nuestra herida para liberarla y dejarla marchar.

Las emociones son clave en las relaciones sociales

Las emociones también son señales para los demás. Si el otro ve en ti una cara de enfado, puede cambiar su actitud y parar de hacer lo que estuviese haciendo. De alguna manera el enfado en tu cara es una señal de que tienes intención de proteger tus límites. Las emociones comunican tus estados internos y tus deseos a las demás personas. La comunicación emocional, no verbal, transmite mucha más información que las palabras contenidas en el mensaje. Las emociones son información básica para poder relacionarnos con los demás. Alguien sin empatía, tendrá dificultades para relacionarse.

La regla de Mehrabian

El psicólogo alemán Albert Mehrabian realizó investigaciones que muestran que solamente el 7 % de lo que comunicamos es transmitido a través de las palabras y el 93 % restante es transmitido a través del lenguaje no verbal (la comunicación emocional). Ese 93% no verbal, se desglosa en lo que transmitimos a través de nuestro lenguaje corporal (el 55%) y las características de nuestra voz (el 38%). El lenguaje corporal engloba nuestra postura, nuestros movimientos corporales, la respiración, el movimiento de los ojos, los gestos faciales… Las características de nuestra voz incluyen su calidad, timbre, velocidad, volumen, entonación…

La regla 7-38-55 fue extraída de investigaciones hechas en el contexto de comunicaciones personales o íntimas. En ese contexto entran en juego los sentimientos. Aunque en otros contextos, por ejemplo, de trabajo, el pensamiento racional puede tener más peso, lo cierto es que al final todos somos humanos… Y en el trabajo también realizamos comunicaciones de índole personal. Así, nuestra comunicación no verbal también será relevante para que nos entiendan y no nos mal interpreten en el entorno laboral.

 

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Emociones y aprendizaje

Las emociones incrementan el aprendizaje. Nos es más fácil recordar aquello que nos ha emocionado que aquello que nos ha sido indiferente. Se dice que hay dos formas de asegurarse de que recordemos algo: la repetición y la emoción.

Todavía hoy recuerdo el enfado de nuestra profesora de historia en el colegio cuando, tras corregir un examen, nos dijo que todas las alumnas habíamos puesto que Mahoma era caravanero de la Meca y ascendió a los cielos a caballo. Como si no hubiera cosas más importantes que decir… en vez de perderse en la anécdota… No sé qué les pasaría al resto de mis compañeras de clase. Yo recuerdo mi emoción de sorpresa al descubrir la profesión del profeta y su modo de ascensión a los cielos. Dejó en mí una huella emocional. Lo más probable es que no hubiera subrayado esas frases en el libro. Que las hubiera leído tan sólo una vez, sin repasarlas. Pero cuando llegó el día del examen, lo recordé. Y todavía hoy lo recuerdo, reforzado con la risa que nos causó la reprimenda de nuestra profesora de historia, Teresa. Aunque enfadada, se lo tomó con sentido del humor. Era muy maja. Y la recuerdo con cariño. Quizá por eso aún la recuerdo… porque la recuerdo con cariño. Ella también dejó una huella emocional en mí.

 

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Las emociones nos ayudan a tomar decisiones

Los sentimientos instintivos guían tus decisiones reduciendo rápidamente las alternativas a considerar. Por ejemplo, te vas de vacaciones y tus emociones dicen que prefieres ir al campo en vez de visitar una ciudad. Limitan las opciones que consideras y evitan que te sientas abrumado ante la situación de elegir entre la multitud de opciones disponibles. Te dicen lo que quieres, te conviene o necesitas. Lo que el cuerpo te pide en ese momento. Mi cuerpo me pide descansar del estrés yendo al campo ahora.

Se dice que es bueno tener un mapa mental rico en opciones. Si sólo tienes una opción, te obsesionas. Si tienes dos, tienes un dilema. Si tienes tres o más, puedes elegir. Parece que la mente se relaja a partir de tres opciones. Sin embargo, también es cierto que, el extremo contrario, tener infinidad de opciones entre las que elegir, puede resultar abrumador. Son demasiadas las alternativas a considerar y nuestra mente racional no tiene capacidad para gestionar toda esa información y tomar una decisión razonablemente rápida. Y, además, ¿en función de que criterios tomaríamos la decisión…? Si quitas la variable de las emociones… ¿cómo sabes que es lo que te gusta o lo que te apetece…?

 

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La emoción nos ayuda a vivir

Las emociones comprenden mucho más rápido de lo que tú puedes analizar conscientemente. Nos ayudan a ser más eficaces, a adaptarnos más rápidamente, a resolver problemas en un entorno cambiante, a tomar decisiones sobre la marcha. Nos ayudan a conducir nuestra vida. Son una guía interna. No podríamos tener vidas satisfactorias sin ellas.

Constantemente, actúas sin pensar. Te levantas, te mueves, abrazas, sonríes, te rascas… sin mucho esfuerzo consciente.

Las emociones dan color, significado y valor a la vida. Si no eres capaz de conectar con tus emociones, te faltará orientación y perderás la sensación de lo que es realmente importante para ti en la vida.

Y, por último, las emociones también nos preparan para la acción de supervivencia. Te hablan del peligro antes de que hayas tenido tiempo para pensar y te preparan para la acción adaptativa: lucha, huida o congelación. Cuando la señal de alarma se dispara en el cerebro (la amígdala), se desencadenan toda una serie de respuestas fisiológicas en el cuerpo que nos preparan para afrontar la situación de peligro: salir corriendo, luchar o quedarnos congelados (el quedarte parado en un momento dado puede ayudar a que no te vean y facilitar así tu supervivencia). Probablemente, esto ha sido lo que ha permitido al ser humano sobrevivir como especie a lo largo de los siglos.

El cerebro emocional a veces falla

Aunque las emociones cumplen las importantes y saludables funciones que hemos visto en la vida del ser humano, también es verdad que nuestro cerebro emocional a veces falla. Las evaluaciones a través de la emoción son tan rápidas que a veces son imprecisas o están equivocadas. Al final del camino, a nuestra emoción le pasa igual que a nuestra razón, a veces, se equivoca. Del mismo modo que no todo pensamiento es necesariamente lógico, no todas las emociones son necesariamente sabias. Por ello, debemos aprender a gestionar nuestras emociones.

 

Un abrazo de corazón,

Ana F Luna

PCC Coach y Máster en Psicoterapia

Bibliografía: “Emociones: una guía interna”. Leslie Greenberg

 

ana@unaoportunidadparacrecer.es

Mi enfoque es el del coaching generativo. Para mí, no se trata de cambiarte sino de reencontrarte contigo mism@, con tu ser auténtico, con tu patrón natural de salud, equilibrio y bienestar.

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