El goce de mirar y hacerse-mirar

Lo más característico de la vida moderna no era su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad, su absoluta falta de contenido.

– George Orwell (1949)

 

En el mundo globalizado del Siglo XXI, el sujeto puede aparentemente relacionarse con más personas, incluso de otras latitudes del mundo. Paradójicamente, hay un incremento de la soledad, los dramas sociales y el sufrimiento psicológico. El discurso capitalista se ha coronado como sistema económico y social por excelencia en los países llamados occidentales. Estamos solos en relación al otro semejante, y al mismo tiempo estamos constantemente expuestos al gran Otro: el sistema. Esto lleva al sujeto a confundir sus objetos (de amor) con los gadgets (objetos de consumo), que actúan como termómetro de su estado de bienestar.

 

La sociedad Orwelliana

En 1949 George Orwell publica su obra “1984”, en la cual presenta una sociedad ficticia indeseable en sí misma. Pretende la felicidad mientras que oprime a sus ciudadanos y los condena al sufrimiento. Escasas décadas después, se encuentran paralelismos con lo que ocurre en la actualidad. Vivimos en un mundo en el cual se manipula la información y se practica la vigilancia masiva.

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Uno de los protagonistas de esta obra literaria es llamado sarcásticamente el Gran Hermano. Éste tiene un carácter omnipresente y lo observa todo. Además, aparece constantemente en la trama a través de las tele-pantallas, en la enérgica propaganda de “El Partido”. Su existencia es enigmática, pues nadie lo ha conocido ni se sabe su verdadero nombre. ¿Será el Gran Hermano una persona real o una invención propagandística para infundir respeto y temor en la población?

Si bien Orwell se basó en los sistemas totalitarios y de valores colectivistas, algunos rasgos de este fenómeno se evidencian en la actualidad. En nuestra cultura dominada por el capitalismo, estamos vigilados constantemente. Estamos a merced del Gran Hermano.

 

La mirada y la pulsión escópica

El psicoanalista francés Jacques Lacan estudia la temática de la mirada en su seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis”. En éste discute el libro “Lo visible e invisible” del filósofo Marleu-Ponty. Lacan distingue la pulsión escópica, centrada en la mirada subjetivante, de la función fisiológica de ver. Por definición, ver es la acción y el resultado de captar el mundo por medio de la vista. Mientras que mirar, consiste en fijarse en un detalle particular de aquello que estamos viendo.

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Durante el desarrollo del sujeto, la madre mira a su bebé, y le va introduciendo la imagen de su propio cuerpo como algo unificado. Este bebé se va convirtiendo en un sujeto, pues hay alguien que dirige hacia él una mirada amorosa. Entonces en el niño va surgiendo un deseo de ser mirado, y posteriormente de mirar él mismo.

Al igual que todo los aspectos pulsionales del ser humano, esta mirada debe tener un límite. Es angustiante para el pequeño ser mirado todo el tiempo. Es por esto que los niños disfrutan el juego del escondite. En el mismo, el niño se oculta de la mirada del otro, y a la vez desea que el otro lo busque. El goce que se pierde al no poder mirar o ser mirado todo el tiempo, se recupera a través del juego.

 

La mirada de la ciencia

Gérard Wajcman (2011) en su libro “El Ojo Absoluto” introduce la noción de que somos mirados permanentemente. Esto se constata ante la infinidad de cámaras de vigilancia que hoy son parte del entorno natural del hombre citadino. El deseo de mirar, propio de la naturaleza humana, ahora parece ser potenciado por la ciencia y la tecnología. Éstas implantan la creencia y la promesa de que tarde o temprano absolutamente todo es posible. Dentro de estas posibilidades, entra el ver-todo que se impone como un mandato, desnaturalizando el deseo previo. Igualmente, funciones que antes estaban separadas, deben condesarse y formar un solo objeto. Entonces desaparece el corte entre ver y ser visto, entre el sujeto y el objeto.

ojo absoluto

Wajcman propone la Transparencia como un fenómeno actual. La ciencia y la técnica han sobrepasado los límites del cuerpo, pues ahora puede verse a través de la piel. El único intermediario es la pantalla, ya sea la del monitor o el televisor. Incluso el bebé ya no es sólo anticipado por la palabra, sino por “sus primeras fotografías” tomadas cuando aún habitada la comodidad del vientre materno.

Hoy en día, todos los objetos tecnológicos tienen un ojo integrado, con una gran capacidad de memoria para almacenar todas las imágenes producidas. Entonces tomamos fotos frenéticamente, en lugar de mirar. Se mirará siempre más tarde, imágenes que son almacenadas en carpetas de la memoria. Cada una tiene su minuto de gloria para luego ser sustituida por los millones que le siguen. Wajcman titula una de las secciones de su libro: “Ver Todo, Perdérselo Todo”, ya que hay demasiadas fotos y no bastantes ojos para verlas.

Esto se constituye en una amenaza a lo íntimo, ya que el lugar donde el sujeto puede sustraerse de la mirada del Otro le es arrebatado. La tendencia actual a la transparencia es opuesta al derecho del sujeto a ocultar su verdad inconsciente, de la que él mismo tampoco sabe nada. ¿Por qué? La mirada omnipresente del sistema sobre nuestras formas de satisfacción le proporciona información importante. De este modo, el mercado sabe cómo anticiparse y colmar todos nuestros deseos. A través de Internet se pueden conocer los intereses intelectuales, sociales y hasta sexuales; que luego son ofrecidos como objetos plus de goce. Actualmente no se crea una invento para satisfacer una necesidad, mas bien se crea la necesidad de dicho invento.

 

Lo público y lo privado

El psicoanalista francés Jacques-Alain Miller expresa:

Hoy no sólo tengo derecho a gozar a mi manera, sino también a decírselo a todo el mundo. Hay un plus de goce que no está velado, sino que se exhibe de todas las maneras posibles. La sociedad ha dado un giro para pasar de la intimidad de los goces privados de la Viena Victoriana de Freud, a la exposición pública de todos los modos potenciales de gozar.

La influencia del Psicoanálisis pasa por la idea actual de que si algo anda mal, es absolutamente necesario hablar, y por qué no, publicar. Las pacientes histéricas de Freud vivían en la época de la represión y el secreto de la doble moral. Freud liberó la palabra cuando descubrió las pulsiones y los deseos inconscientes. No se imaginó que el sujeto un siglo después estaría vociferando sus goces y desgracias, exhibiendo sus secretos más íntimos. Consecuentemente encontramos las estanterías repletas de libros de auto-ayuda basados en la vida de personas comunes que obtuvieron los logros que la sociedad les impone como deseables. Todo el mundo tiene una historia que contar. Esta es la era de los talk shows, cada uno protagonista de su propio espectáculo.

 

La realidad como espectáculo

El paso de lo público a lo privado, no sólo implica el empuje actual a decirlo todo. No basta sólo con palabras huecas, pues además se hace imperativo hacerlo visible en imágenes. La sociedad del show business nos pone a disposición el goce de la pulsión escópica. El sujeto cae y consiente esta dinámica, por lo que se muestra más que dispuesto a exhibirse.

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Siguiendo a Wajcman, para esconder algo es preciso reconocerse en él. De modo que sólo es posible exhibir sin pudor cuando el sujeto no se reconoce exactamente en lo que muestra. En este sentido, el exhibicionismo apunta a algo del desapego y liberación respecto de sí mismo. Es decir, que la mirada a la que se expone no apunta a él como sujeto, no está implicado y no es responsable de lo que se ve de él. Así es como los actores que representan un personaje toman distancia de sí mismos.

En este contexto surgen y se popularizan los reality shows, en los cuales suponemos ser testigos de la real cotidianidad de sus protagonistas. Podemos identificar tres tipos de reality shows:

  • Primero tenemos los Top Shows, en los cuales sus participantes cuentan con un talento que enmascara el verdadero propósito de mostrarse: canto, baile, cocina, modelaje, etc.
  • Segundo se ubican los New Celebrities Shows, teniendo como prototipo “Keeping Up with the Kardashians”. Éstos se basan en la vida de un grupo reducido de personas que cuentan con un estatus de vida excéntrico y lujoso, cuyo único talento es seguir siendo famosos.
  • Por último, se encuentran los Truman Shows, basados en la película que lleva el mismo nombre. Sus participantes cuentan con una carencia emocional importante. Esto les hace exponerse a una situación de encerramiento con extraños, y ser sujetos del escrutinio colectivo. Quedan a merced de los medios de comunicación, que tienen acceso a las reacciones de público, y manipulan las condiciones de la casa-jaula para obtener mayor rating.

Citando a la psicoanalista Diana Wolodarsky en su artículo Reality Show:

El Reality puede inscribirse como un nuevo gadget de la época: un objeto más de consumo ofrecido en el mercado para saturar el vacío de existir… el sujeto paga el precio de ser reducido a la condición de objeto, como un producto más del consumo del mercado.

 

El ideal de fama injustificada

Leopoldo Pisanello 2

En el Siglo XXI, programas de televisión como Big Brother son populares tanto en países desarrollados, como en los llamados peyorativamente tercermundistas. La pobreza económica no es el factor determinante, sino el empobrecimiento de la experiencia. Lo importante es atraer las miradas, puesto que la sensación de no ser mirado acarrea una irremediable falta en ser. Hay una consigna: “Me miras, luego soy. Soy mientras me miras.”

Otro factor importante a considerar es la caída de los ideales. Diariamente, incluso en las redes sociales, los sujetos-objetos de la mirada buscan fervientemente un estatus de celebridad. La particularidad y lo que le distingue de generaciones anteriores, es que dicha insignia surge ante la ausencia de un talento o saber extraordinario. Más bien se basa en la realización de las actividades cotidianas, lo cual genera admiración en sus espectadores y deseo de imitarlos.

Woody Allen plasma este fenómeno en su película “A Roma con Amor”. El personaje Leopoldo Pisanello es un tipo terriblemente aburrido, quien una mañana se convierte en el hombre más famoso de Italia. Es constantemente acosado por lo paparazzi, empieza a disfrutar de los privilegios de su fama. Un buen día, el foco de atención se desplaza a una nuevo famoso desconocido, Aldo Romano. Entonces, el pobre Leopoldo ignorado trata desesperadamente de mantener su nivel de fama. Realiza actos que llegan al extremo de desnudarse en la calle: toca fondo.

Esta reflexión sarcástica de Allen, nos muestra el precio a pagar por la fama injustificada. Actualmente, las redes sociales y los reality shows, entre otros fenómenos, alimentan esta sed de ser mirados y mirar. Llegan los sujetos a borrarse con el único fin de hacerse visibles para alguien, hay espectadores anónimos y disponibles. “Ser mirado” depende del otro que mira, mientras que “hacerse-mirar” está del lado del sujeto, quien se exhibe buscando ser notado, admirado y hasta envidiado.

De este modo, seguiremos siendo bombardeados con los detalles más irrelevantes de lo que le ocurre a estas personas en sus vidas vacías. Continuará la producción y desecho incesantes de famosos injustificados. Los espectadores seguirán de cerca el show del momento, ilusionados o decepcionados. Y esto será así, mientras el mercado encuentre un beneficio económico y/o social. Tal como culmina Wajcman en su libro:

Cada quien es susceptible hoy de ser el gran reportero de todas las tragedias del mundo, desde las más grandes hasta las más minúsculas.

 

Referencias bibliográficas:

  • Miller, Jaques-Alain; Laurent, Eric. (2005). El Otro que No Existe y sus Comités de Ética. Editorial Paidós. Buenos Aires, Argentina.
  • Nasio, Juan David (2011). La Mirada en Psicoanálisis. Editorial Gedisa. Barcelona, España.
  • Wajcman, Gérard (2011). El Ojo Absoluto. Ediciones Manantial. Buenos Aires, Argentina.

Fuentes:

roxana.palaciosf@gmail.com

Soy psicóloga clínica y psicoterapeuta de orientación psicoanalítica, con un enfoque en las teorías Freudiana y Lacaniana. Actualmente trabajo con niños en un colegio internacional, y con adultos en la clínica privada.

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