Gusanos musicales: canciones que se pegan

A no ser que seas un extraterrestre recién aterrizado en nuestro planeta, lo más seguro es que hayas visto uno de los últimos anuncios de Vodafone, en el que el protagonista no puede dejar de entonar una cancioncilla que fue éxito del verano hace algunos años, con el consiguiente sufrimiento de quienes le rodean. Nuestro pobre hombre está siendo atacado por gusanos musicales:

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Que levante la mano a quien no le haya pasado lo mismo en alguna ocasión. Pero ¿por qué ocurre? ¿qué base neurológica hay detrás de este incómodo fenómeno? ¿hay canciones más convertibles en “gusanos musicales”?

Gusanos musicales: ¿qué son?

Al primero que llamase a este hecho “gusano musical” deberían haberle dado un premio. La definición me parece efectivamente precisa. Porque cuando se te mete una canción en la cabeza, parece como si efectivamente, un pequeño gusano sin forma se moviera a sus anchas en tu cerebro sin que puedas hacer nada por echarlo de allí. El término adecuado es el de imaginería musical involuntaria.

En su libro “Musicofilia” Oliver Sacks dedica un capítulo entero llamado “Gusanos cerebrales, música empalagosa, y melodías pegadizas” a este tipo de fenómenos.

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Gusano musical

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Ante la pregunta de ¿por qué ocurren? la hipótesis que plantea es que de algún modo nuestro cerebro evolucionó con una gran capacidad para repetir sonidos. Hace miles de años nuestros ancestros tenían que aprender a diferenciar los sonidos que escuchaba a su alrededor, distinguiendo cuáles eran peligrosos y cuáles no. Y para poder realizar esta tarea satisfactoriamente se requiere la capacidad de almacenar y repetir estos sonidos.

El problema que plantean es que en la actualidad estamos sobre expuestos a los sonidos. Todos tenemos un teléfono que nos acompaña cargadito de música. Nos la llevamos al gimnasio; la escuchamos en la radio; el las películas, en los anuncios de televisión, etc. Si hace cientos de años el acceso a la música estaba mucho más restringido a ciertos tipos de celebraciones sociales y a la propia producción en los casos más privilegiados, hoy en día podríamos decir que nos la música nos satura.

¿Algunas canciones son más propensas?

Hace unos años la doctora experta en los procesos de memoria Vicky Williamson se propuso estudiar el fenómeno realizando un pequeño experimento.  En colaboración con la BBC, pidió a los oyentes de un programa de radio que compartieran este tipo de episodios con ellos, creando así una pequeña base da datos en la que observó algo sorprendente a primera vista:

“Cuando tuve 1.000 canciones de gusanos musicales en mi base de datos, sólo media docena se habían mencionado más de una vez; así de heterogénea fue la respuesta. Es un fenómeno muy individual”. 

Por lo tanto, parece que el tipo de melodías que se alojan incansablemente en nuestro cerebro dependen de cada persona. También se ha observado que poco influye que la canción tenga letra o no, ambos casos pueden convertirse en gusanos auditivos. Eso sí, es más fácil que ocurra si se trata de canciones con una estructura musical sencilla y repetitiva, como por ejemplo las nanas o las canciones infantiles o religiosas.

gusano musical

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Otro aspecto importante es que  es un fenómeno que parece estar íntimamente relacionado con un tipo de memoria más ligada a los recuerdos emotivos. Han visto que las canciones de la infancia, cargadas de recuerdos y emociones son muy propensas a convertirse en gusanos musicales por lo que todo parece indicar que la memoria autobiográfica tiene un papel bastante relevante en el proceso. Ya hace muchos años, el psicoanalista Theodor Reik, (colaborador de Freud) se acercó al fenómeno con curiosidad ya que creía que:

 “Ofrece al analista un indicio para llegar a la parte más secreta de la vida emocional en cada persona”.

Independientemente de si las cancioncillas nos traen algún recuerdo emotivo, está bastante demostrado que una vez se te ha alojado un gusano en la cabeza, éste tiene más probabilidades de volver una y otra vez. Esto quedó reflejado en la maravillosa película “Del Revés” en la que un gusanillo musical se pasea por sus anchas en varios momentos de la película atormentando a sus protagonistas:

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Cuando los gusanos auditivos se convierten en psicosis

Lo más común es que la experiencia tenga una esperanza de vida corta, unas horas es lo más habitual, y después tal y como han llegado se vayan. Pero ocurre a veces que las canciones se vuelven tan intrusivas que interfieren en la calidad de vida de la persona que las sufre. Podemos hablar entonces de una psicosis musical.

Es el caso de Jack Pudwell quién relata su experiencia en The Guardian, en un artículo llamado:  “Broken Record Syndrome: my life with chronic earworm“. Jack escucha canciones que se repiten en su cabeza todos los segundos de su vida, desde que se despierta hasta que se vuelve a dormir.

Es realmente claustrofóbico leer la experiencia de Pudwell quien relata cómo el hecho de estar contínuamente escuchando el fragmento de una melodía tras otra le llena de ansiedad. Ya no puede ir al cine, componer música le supone un serio problema, y los medicamentos con los que trata de frenar la enfermedad parecen no dar resultado. Tal y como termina el artículo, parece que su única esperanza es aprender a vivir con ello.

Pero  ¿por qué dar con una cura es tan difícil?

¿Qué parte de nuestro cerebro alimenta y aloja a los gusanos?

El problema de tratar de encontrar la parte específica de nuestro cerebro que se encarga de dar cobijo, crear y alimentar a estos pequeños gusanos es la propia naturaleza del mismo.

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gusanos musicales

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Tal y como indica el doctor Sacks en su libro, y como han demostrado tantas y tantas investigaciones: nuestro cerebro es altamente musical. Por ello cuando realizamos una actividad musical el cerebro se activa de una manera sorprendente  y  por ello también es muy difícil separar el módulo o región que provoca estos fenómenos.

Lo que sí que parece es que tiene una base fisiológica. Por ejemplo se ha observado que la ingesta de ciertos medicamentos (como la lamotrigina por ejemplo) que afectan a nuestros neurotransmisores, está relacionado con un aumento de estas canciones pegadizas.

Lamentablemente no hay un remedio “patentado” que solucione las pequeñas intrusiones musicales que todos sentimos de vez en cuando. Algunos investigadores recomiendan realizar alguna actividad que requiera un esfuerzo mental, como un sudoku por ejemplo. Otros recomiendan ponerse a escuchar otras canciones hasta que el gusano desaparezca. Quién sabe, igual Vodafone tenía razón y Spotify sea la solución…

 

Referencias

  • Sacks, Oliver. Del L. (2015)  Musicofilia, relatos de la música y el cerebro. Anagrama.

carla@psiquentelequia.com

CEO. Estudiante de Psicología. Repostera y pianista en ciernes.

  • mikelangelo

    06/09/2016

    Tenemos otra explicación y es la de la ” doble atención” donde podríamos decir que nuestra conciencia va cargando programas como el móvil va cargando app´s….llega un momento en el que, si le prestas atención, te das cuenta de las rutinas que se han grabado . Algunas son observables , como la de la cancioncilla repetitiva, y otras menos reconocibles como aquella palabra que te dijo tu ex, o la lágrima de tu hijo ésta mañana al entrar en clase.
    La meditación nos muestra cómo ir desmontando , simplemente al hacernos conscientes, de estos paquetes, aplicaciones o rutinas cargadas en nuestro intelecto automáticamente. La visión detrás de estos objetos mentales, nos ofrece una distacia que podríamos considerar ” estado intermedio” ya de por sí muy placentero. Entonces aparecen otras imágenes, que podríamos asemejar a sueños, independientes y libres de conexión con sentimientos y emociones, pero mucho más cerca de la parte inferior de la siqué.
    Más abajo todavía, al observar estos movimientos cerebrales autónomos sigue habiendo sonido y sensaciones de base….vayan bajando y ampliando su conciencia hasta donde quieran llegar.