Karma, libertad y poder de elección

En el yoga hablamos constantemente del karma, el concepto hindú que hace referencia al destino, la ley de causalidad que gobierna nuestras vidas. A pesar de no existir prueba de su existencia, en demasiadas ocasiones lo consideramos como un hecho sin ni siquiera cuestionarnos qué es en realidad.

Karma es un concepto tan común en el Oriente y una especie de axioma para la cultura del yoga. En el yoga buscamos samadhi, el estado de conciencia que subyace a la liberación de las cadenas del sufrimiento kármico. Todos esperamos liberarnos del sufrimiento, pero ¿en qué medida realmente entendemos el karma?

Se dice que el Karma es la ley universal de causa y efecto. El origen de la ignorancia y la esclavitud. El punto seminal de nuestra misma existencia. ¿Hasta dónde llega este determinismo?

Estoy en este lugar en particular debido a una elección. El estado de mi cuerpo, por ejemplo, depende de una decisión consciente, quiero sentirme bien así que decido hacer asanas y comer saludablemente. Pero no siempre actuamos de este modo…si no no tendríamos nunca resaca. Ayer bebiste más de la cuenta, hoy te toca afrontar las consecuencias.

La causalidad es un hecho, pero ¿hasta dónde podemos permitirnos el lujo de estirar esta idea mientras mantenemos intacta su lógica y su practicidad?

Los textos yóguicos describen el contenido de nuestra mente como la causa de nuestra esclavitud y angustia. El Yoga dice que samskaras (impresiones de eventos pasados) y vasanas (deseos insaciables) contaminan la mente y nos impiden experimentar la verdad de nuestra libertad.

La ciencia moderna ha demostrado recientemente que la actividad mental influye en la estructura de nuestro cerebro. La calidad de nuestros pensamientos se transmite a todas las partes del cuerpo a través de señales químicas y produce conexiones específicas entre nuestras células nerviosas. La meditación diaria hace más gruesa la materia gris, mientras que el miedo mata a las neuronas. Cada tipo de entrenamiento seriamente mantenido crea nuevas vías neuronales, mientras que la falta de repetición de cierta información debilita las conexiones sinápticas, llevando al olvido.

¿Qué tiene esto que ver con el karma? El karma se puede definir como el poder de elección. Nuestra condición futura depende de nuestras opciones actuales. Yo elijo salir de fiesta o quedarme en casa y meditar.

Además de las consecuencias obvias de estas decisiones, cada elección repetida refuerza en el cerebro una conexión específica y compleja entre las neuronas. Todas las demás posibles relaciones neuronales se debilitan y olvidan lentamente. Cada vez que nos enfrentamos a la misma situación en el futuro también traerá un rango más limitado de la libertad. Nuestros pensamientos predominantes forman nuestros cerebros.

El karma está en nuestro cerebro

Desde esta perspectiva, claramente, el karma no es un guardián que proteja las puertas del cielo cual gorila de discoteca. No es un Dios feroz en los cielos contando nuestros pecados. Está en nuestro cerebro. Lo que aprendimos, lo que repetimos, lo que elegimos en el pasado nos hace más propensos a tomar el mismo camino, a “ver la misma solución”, a vagar en la misma gama de patrones mentales.

El almacenamiento emocional en el sistema límbico de nuestro cerebro determina las reacciones instintivas a los acontecimientos presentes; Los yoguis hablan de samskaras, las impresiones que dan forma a nuestras mentes y crean esclavitud. Estas impresiones, todos los deseos, el contenido de la mente o la estructura del cerebro crean un destino para nosotros.

¿Cuánto somos conscientes de todas las opciones disponibles para nosotros? ¿Cuántos nos atrevemos a tomar otro camino o incluso a investigar alternativas diferentes? ¿Cuánto de elástico es nuestro cerebro?.

La mayoría de la personas consideran los atascos de tráfico como situaciones muy estresantes. Mientras que el estrés está destinado a protegernos, un atasco de tráfico no es exactamente el equivalente a una agresión que amenaza la vida. La preocupación no va a cambiar el color del semáforo.

Es obvio que el estrés se origina principalmente en la mente y, sin embargo, ¿cuánto control tenemos para detenerlo? ¿Qué pasa si llego tarde, qué pasa si se va, qué pasa si la tienda está cerrando, y si mi jefe me necesita? Todos los “qué pasa si” son producciones de muchos recuerdos almacenados de sufrimiento o proyecciones de una mente intranquila.

¿Cuánta libertad tenemos para escoger entre una sonrisa o un ceño fruncido cuando los coches no se mueven y ya llegamos tarde? Siempre nos queda la opción de disfrutar de un breve descanso. Poner música, disfrutar de la comodidad de nuestro asiento, o incluso de la presencia de la persona que nos acompaña. Las alternativas están ahí. ¿Las tomaremos? ¿Llegaremos sonrientes o cabreados a nuestro destino?.

En yoga los vasanas y los samskaras son “quemados” por el poder de la práctica. Meditación, kriyas (técnicas de purificación), karma yoga y técnicas específicas de kundalini. A través de su práctica los grados de claridad mental y la libertad se elevan y uno puede finalmente hacer la elección de descansar en su verdadero Ser.

Tal vez no es científicamente preciso referirse al destino y la predeterminación. Sin embargo, el poder de nuestras opciones predominantes en el presente claramente moldea el futuro y esto es un hecho científico. También es la psicología en la ciencia la que demuestra la expresividad profunda de metáforas y símbolos. Las vías neuronales sinápticas son difíciles de entender, pero la palabra karma las describe también.

El yoga, las leyendas, el folclore, las creencias comunes y la neurociencia hablan en términos diferentes sobre el poder de nuestras opciones actuales. Lo que está más allá de este tiempo presente podría no ser tan fácil de probar o negar, pero el yogui práctico no necesita mirar en sus acciones más allá de ahora para cambiar el karma futuro.

 

info@anupaya.com

Profesor de Yoga. El yoga no es solo mi profesión, es mi guía, es el faro en la noche cuando navego en la oscuridad, es todo lo que te puedas imaginar y un poco más.

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