Boecio y La consolación de la Filosofía

Con esta entrada comenzamos un ciclo de artículos sobre la gran obra de Boecio, La consolación de la Filosofía. Nacido en Roma en torno al año 480, Anicio Manlio Severino Boecio llegó a ser Magister officiorum de la corte del rey Teodorico. Fue el mismo Teodorico, el que le encumbró políticamente, quien acabó condenándolo a muerte. Considerado mártir, a Boecio se le rindió culto en Pavía. Boecio es conocido como el último de los romanos, el último hombre antiguo, y el primero de los escolástico, el primer hombre medieval. Su propósito fue dar a conocer a los latinos la cultura y sabiduría griega, intentando traducir a Platón y Aristóteles y mostrar su complementariedad. Su intento marcó el comienzo de la cultura latina medieval.

La consolación de la Filosofía es una de las obras más conocidas, leídas y citadas de todos los tiempos. Boecio la escribió en la cárcel esperando la muerte tras perder todos sus bienes, prevendas y títulos. En ella se recrea esta misma situación, en la que se le aparece la Dama Filosofía como consuelo en su cautiverio. Los preceptos de esta obra fueron fuente de meditación e inspiración para escolásticos, monjes, príncipes, poetas y literatos. Se tradujo a numerosas lenguas a lo largo de la Edad Media. Multitud de sus definiciones de conceptos como persona, felicidad, eternidad, providencia, destino, fueron aceptadas como claves durante el medievo.

La Filosofía consolando a Boecio y la rueda de la fortuna

La fortuna y la filosofía. Maestro de Coëtivy (pintor e ilustrador francés del siglo XV)

En esta entrada expondremos el primer libro de La consolación de la filosofía. En éste, Boecio describe brevemente su trayectoria política y las razones por las que ha caído en desgracia. Pero a pesar de su estado tan lamentable encuentra en la filosofía razones para considerarse feliz, y que pondrá en boca de una personificación de ésta.

El libro comienza con el personaje de Boecio entonando un poema en el que se lamenta de su estado actual. Recordemos que el autor escribió esta obra estando en la cárcel, tras haber sido despojado de todos sus cargos y bienes, y condenado a muerte por el rey Teodorico (el mismo que le encumbró políticamente) y esperando su ejecución.

Mientras Boecio está llorando, una mujer imponente aparece para espantar a las musas que le están dictando y acrecentando sus pasiones negativas. Es la Filosofía, que llora al verle, y se lamenta de que este hombre, que había mamado de ella, se encuentre en este estado tan lamentable y desgraciado. Si no hubiera abandonado los recursos de los que ella le había dotado, Boecio no estaría así. La Filosofía se propone ayudarle, y le recuerda el peligro que tiene ser filósofo mencionando los casos de ilustres filósofos que han caído en desgracia a lo largo de la historia.

Boecio le cuenta que, inspirado por ella, decidió dedicarse a la política para evitar que el gobierno cayera en manos de los perversos, y que en toda actuación política siempre ha actuado con justicia y en pos del bien común de los ciudadanos pero que a pesar de ello ha acabado siendo castigado por hacer el bien sin bienes, sin cargos y sin reputación. Finalmente se lamenta de que Dios, creador de las leyes del universo, haya dejado libres de éstas a los hombres, dejando a los inocentes sufrir las injusticias cometidas por los malvados, y le implora que imponga el orden que rige en el cielo también en la tierra.

La Filosofía reconoce y agradece a Boecio los grandes servicios prestados al bien y a Ella, y observando que el estado de él está demasiado afectado por las pasiones decide curarle primero con remedios suaves y ablandarlo con sus caricias con bellos poemas. También decide interrogarle para diagnosticar con más exactitud su estado de ánimo y poder remediarlo más eficazmente. Tras ello, la Filosofía concluye que el problema de Boecio se basa en que no ha llegado a saber lo que es. Dejó de conocer la finalidad de las cosas y por ello se queja de la pérdida de sus bienes. Dejó de conocer los medios que intervienen en el gobierno del mundo y por ello cree que los vaivenes de la fortuna fluctúan sin rumbo. Pero gracias a Dios, Boecio sigue sabiendo que el mundo está sometido al orden divino y no al ciego azar. Esta idea exacta que tiene del mundo es, en palabras de Filosofía, la fuente más importante para su curación.

El problema del personaje de Boecio, siguiendo la filosofía antigua estoica, aparece como un problema de discernimiento, las pasiones como algo negativo que nublan el juicio, y la apelación a la razón como salvadora y guía para conseguir la felicidad. La Filosofía aparece caracterizada como saber de salvación en la línea del Helenismo tardío. Helenísticos son también los principales temas que se tratan en la obra, y que pasaron a la Edad Media: la felicidad, la libertad frente al destino, y el problema del mal en el mundo.

El lamento principal del personaje de Boecio es, pues, que a pesar de haber sido virtuoso no ha sido afortunado. No puede entender que la bondad no sea recompensada por la felicidad en un mundo regido por un Dios todopoderoso y todobondadoso. Parecen atributos de Dios incompatibles dado el mundo en el que vivimos. Se trata de un dilema que ya habían planteado los antiguos y que las diversas escuelas habían tratado de resolver cada una a su manera. Este lamento y la consolación que la Filosofía ofrece darán lugar a lo largo de la obra al tratamiento de los grandes temas de la ética: la relación entre la virtud y la felicidad, la naturaleza de la fortuna, la distinción entre bienes aparentes y bien supremo, la felicidad verdadera frente a la falsa, la existencia del mal en el mundo regido por el bien, y el libre albedrío frente a la Providencia divina.

Referencias:

  • Anicio Manlio Severino Boecio, La consolación de la Filosofía, Alianza, 2015.

alberto.alv.fer@gmail.com

Combinación de pragmatismo e inconsciencia, soy licenciado en A.D.E. y graduado en filosofía. Me interesan los temas de filosofía e historia de la ciencia, filosofía de la naturaleza, filosofía del lenguaje y lógica. Escribo poco sobre ellos; los aprecio demasiado.

LEAVE A COMMENT