Música y estados alterados de conciencia

La propuesta inicial de hoy puede que te resulte intensa. Quizá sea ese el objetivo. Tienes a continuación un enlace para escuchar una música concreta. Una vez que la hayas puesto en marcha, puedes cerrar los ojos, colocar una mano en tu corazón, sentir su latido, su intensidad y ritmo, y con el dedo índice de tu otra mano, imaginar que es un lápiz o pincel con el que empiezas a dibujar en el aire aquello que te nazca profundamente: puede ser un lugar que sientas seguro, puedes dejarte llevar por la intuición, etc. Una vez que la música acabe, permanece un instante en el silencio, observando las sensaciones de tu cuerpo, tus emociones, etc. Ahora puedes abrir los ojos. ¿Sientes que ha habido cierta desconexión de la realidad? ¿Ha cambiado algo respecto a la percepción de tu cuerpo? ¿Y en cuanto a la percepción del tiempo y el espacio? Quizá tu conciencia ha experimentado un cambio respecto a su estado habitual.

 

Los estados de la conciencia

Habitualmente describimos la conciencia como esa capacidad humana que nos permite darnos cuenta de lo que nos rodea, y de lo que nos sucede interiormente. En cierto modo, va ligada a aquello que percibimos (e implica a nuestros sistemas de percepción, interior y exterior) y la interpretación que hacemos de ello (nuestra capacidad reflexiva). En general, la asociamos a un estado de vigilia, de “estar despiertos”, frente al sueño, que se considera otro estado de conciencia con sus respectivos tipos.

Es difícil distinguir de forma objetiva los diferentes estados de conciencia posibles en la mente humana a partir de pruebas de neuroimagen o de electroencefalografía. Estas herramientas permiten estudiar el correlato anatómico o funcional a partir de lo que el propio sujeto describe, o de lo que es posible describir del mismo si no puede aportar esa descripción. Es por ello un campo difícil de estudio, especialmente en lo relativo a determinados estados alterados en los que se pierden dos parámetros subjetivos importantes: nuestra identificación con el cuerpo, o la identificación con nuestras percepciones. En cierto modo, puede producirse un desdibujamiento de nuestra individualidad para expandir nuestra conciencia.

 

 

Los estados alterados de conciencia pueden aparecer ante determinadas circunstancias excepcionales, como un trauma psicológico, trastornos del sueño, epilepsia, fiebre, etc, pero también pueden ser inducidos por determinadas sustancias, como son las drogas psicotrópicas, determinadas prácticas (meditación, deprivación sensorial) o ciertas experiencias grupales en las que la música suele jugar un papel importante.

 

Música y estados de conciencia

Para profundizar en el poder que tiene la música de facilitarnos determinados estados de conciencia distintos al habitual, que nos permite llevar nuestra vida diaria, me basaré en el libro publicado en 2006 por David Aldridge y Jörg Fachner, ”Music and altered states: consciousness, transcendence, therapy and addictions”, en el que hace referencia en varios momentos al trabajo de Rouget sobre música y trance.

En este libro, recogiendo aportaciones de otros autores, se habla de que los estados alterados de conciencia se caracterizan por presentar cambios en el pensamiento, en el sentido del tiempo, en la expresión emocional y la imagen corporal, distorsión en las percepciones, pérdida del control y reducción de la vigilancia, con cambios en los significados atribuidos, reestructuración visionaria de la realidad, y percepción oceánica de inmensidad, entre otros rasgos.

 

 

Tradicionalmente se ha hablado del trance y el éxtasis como formas alteradas de la conciencia. Si bien existen discrepancias respecto a su definición exacta, Rouget, citado por Aldrigde y Fachner, indica que el trance proviene de una sobreestimulación sensorial (ruido, música, olores, agitación), en la que el componente corporal facilita la entrada en otro estado de conciencia, mientras que el éxtasis proviene de una deprivación sensorial (silencio, ayuno, oscuridad) en el que estados de meditación o contemplación facilitan la inducción de estados alterados.

Si conectamos con la práctica inicial planteada al comienzo de este artículo, hemos partido de una deprivación del sentido de la vista, con una estimulación auditiva a través de la música, y también la estimulación táctil (mano en corazón) y cinestésica (movimiento del dedo).

 

Música y trance

Desde los orígenes de la Humanidad, la música ha jugado un papel importante en la inducción del trance, al proporcionar una atmósfera adecuada y evocar procesos de identificación cuando se aplica en grupos. Si bien no hay una música concreta que provoque un trance, sí parece que hay rasgos comunes que parecen facilitarlo:

  • Formas musicales simples, con variaciones mínimas y muchas repeticiones, que facilitan la percepción de constancia y monotonía.
  • No hay fórmulas rítmicas o melódicas concretas, pero sí progresiones graduales, con aceleración continua en velocidad y volumen.
  • Tiende a haber, a nivel vocal, glisandos (deslizamientos vocales) lentos y un rango tonal estrecho (no suele haber gran separación entre las notas más graves y más agudas).
  • Suele haber un timbre constante, grave, con modulaciones a tonos agudos puntualmente.

Si pensamos en los mantras, seguramente veremos que se adaptan bastante a esta descripción. Aquí mostramos un ejemplo.

 

 

Música, terapia y estados alterados de conciencia

A raíz de lo expuesto, podemos considerar que la música es un recurso que facilita el acceso a otros estados de conciencia que quizá podrían ser útiles en el ámbito terapéutico. Aldridge y Fachner hablan de tres formas de lograrlo:

  • Empleo de visualización guiada mientras se escucha cierto tipo de música: es la base de un modelo en musicoterapia denominado GIM, por sus siglas en inglés (Guided Imagery in Music). Con ojos cerrados, y dejándose llevar por la música, aparecerán imágenes mentales que serán fruto, en gran medida, del inconsciente del individuo, y que pueden ampliar la capacidad de interpretación de la realidad para facilitar la resolución de los conflictos por los que se acude a terapia.
  • Inducción del trance con empleo de la voz e instrumentos (especialmente, percusión): la actividad motora que tiende a ser repetitiva pasado un tiempo inicial de rodaje facilita ese estado de trance que permite desconectar de la realidad y entrar en un mundo imaginario o conectar más profundamente con uno mismo.
  • Combinación de técnicas de hipnosis y música, empleando la sugestión para lograr ciertos objetivos terapéuticos, y teniendo a la música como recurso aliado.

 

Música y alteraciones profundas de la conciencia

Se ha empleado la música a nivel hospitalario en personas en coma o con otras alteraciones profundas de la conciencia. En una próxima publicación se ahondará en los estudios que recogen las evidencias disponibles a este respecto.

 

A modo de conclusión

A partir de la bibliografía consultada, y de mi experiencia, tanto de acompañamiento de otras personas como la mía propia, voy dándome cuenta de que, quizá, los cambios más profundos en nuestra interpretación de la realidad, la cual se basa fuertemente en el anclaje e identificación con nuestro yo, se producen cuando somos capaces de acceder a otros estados de conciencia que nos permiten alejarnos del ego y observar de forma más distante y panorámica el escenario de la vida que nos rodea. Realmente, un proceso de autoconocimiento o de terapia no es más que una ampliación de nuestra perspectiva para flexibilizar nuestra adaptación al entorno y lograr mayor serenidad en nuestro recorrido vital.

 

Referencias bibliográficas

  • Aldridge, D; Fachner, J. (2006). Music and altered states: Consciousness, transcendence, therapy and addictions. Londres: Jessica Kingsley Publishers. Recursos sonoros disponibles en: http://www.jkp.com/uk/music-and-altered-states.html

 

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juanm.morillo@gmail.com

Aplico la musicoterapia desde un enfoque humanista, empleando principalmente la improvisación musical. Trabajo con adultos que quieran trabajar sus emociones tanto en sesiones individuales como en grupos o colectivos específicos.

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