Paradojas Pragmáticas: la comunicación imposible

Se entiende por paradoja como una contradicción que resulta de una deducción correcta a partir de premisas igualmente correctas. Es uno de los conceptos más interesantes para cualquier ciencia puesto que suponen un reto a la lógica al afirmar al mismo tiempo algo y su contrario; una paradoja muy famosa es la del hombre que asegura: “estoy mintiendo”. Si fuera verdad, se incumpliría el supuesto de que está mintiendo, mientras que si estuviera mintiendo significaría que está diciendo la verdad y por lo tanto, que no está mintiendo.


Una paradoja de este tipo se conoce como Paradoja Pragmática, en la que el contenido en sí mismo es irrelevante (pues a menudo resulta absurdo) y lo que realmente importa es que en el marco de la interacción entre dos personas, este tipo de enunciados sitúan al que recibe el mensaje en una posición insostenible. Esto se observa en multitud de situaciones cotidianas, como unos padres que le piden a su hijo que no sea tan obediente (cuando la forma de conseguirlo pasa por obedecer a esta petición), el miembro de una pareja al otro le pide que le quiera (cuando querer ha de ser una conducta espontánea y verse forzado a hacerlo no se consideraría “verdadero querer”) o cuando has de elegir entre dos opciones y automáticamente alguien te dice: “¿la otra no te gustó?”.

La Teoría del Doble Vínculo

En Psicología muchos estudios como el desarrollado por Bateson, Jackson, Haley y Weakland en 1956 (“Toward a Theory of Schizophrenia”) relacionan este estilo de comunicación entre padres e hijos como un factor explicativo del origen de la Esquizofrenia. Básicamente los componentes de este estilo de comunicación son:


Dos personas que participan en una relación intensa y prolongada de gran valor para ellas (ejemplo padres-hijos, cuidados, cautiverio, amor, grupos ideológicos…)
Mensajes paradójicos del tipo: para obedecerme has de desobedecerme
No se permite que una de las personas abandone esta comunicación: ni abandonándola, ni obviando su contenido, ni expresando su carácter contradictorio.


Esta es la teoría que se conoce como Doble Vínculo, que postula que una persona que sea sometida a mensajes de este tipo será castigada puesto que sus opciones de respuesta pasan por desobedecer obedeciendo y “ser rebelde o estar loco” u obedecer desobedeciendo y “ser malo”. Cuando esta situación ocurre de forma sistemática hasta el punto de que la persona lo interioriza como algo habitual, se establece un círculo vicioso: un doble vínculo provoca una conducta disfuncional que a su vez crea un doble vínculo que vuelve a provocar otra conducta disfuncional, de tal forma que se perpetúa dicho doble vínculo y se establece como un patrón natural de interacción.


En esta situación, lo que a priori podría parecer como una persona que ha enloquecido (en la teoría del Doble Vínculo se relaciona con la Esquizofrenia pero en desarrollos posteriores se amplía a otros trastornos), no es más que una persona que ha encontrado como única vía posible de interacción con su entorno un estilo de pensamiento, emoción y conducta que le aporte un cierto sentido. Habría que añadir entonces dos características para que las paradojas pragmáticas de la comunicación resulten patológicas:


• Que este estilo de comunicación se mantenga en el tiempo de forma sistemática
• Que la conducta paradójica impuesta por el Doble Vínculo constituya a su vez un nuevo Doble Vínculo


¿Qué posibles reacciones puede tener la persona ante este tipo de comunicación?

Ante una comunicación paradójica en la que cualquier respuesta es por definición imposible que satisfaga al que comunica, tres reacciones son posibles: por un lado se podría considerar que no se es capaz de encontrar una solución porque no está considerando todas las opciones posibles, teniendo que recurrir a considerar fenómenos más improbables, dispares o fantasiosos. Por otro lado se podría apelar a la literalidad del enunciado eliminando cualquier intento de razonarlo, pareciendo que se actúa de forma absurda. Por último, se podría recurrir al aislamiento como forma de protegerse frente a una situación sin salida, intentando eliminar las interacciones con los demás. No es difícil pensar en los correlatos clínicos que nos encontramos en psicología de estas tres formas de reacción posible.

Comunicación Paradójica

Un caso concreto que podría ser un subtipo de esta última forma de reaccionar, serían todas aquellas personas que para intentar no comunicar, lanzarían mensajes indeterminables porque afirman en sí mismo que no afirman nada (del estilo de “estoy mintiendo”). Esto es una forma muy sutil de intentar no comunicar nada utilizando una paradoja, puesto que resulta imposible no comunicarse. Cuando una persona quiere “no comunicarse” con otra, indirectamente se está comunicando (le comunica que no quiere comunicarse): por ejemplo una persona en el tren si al ver que su compañero de asiento le va a hablar y decide ponerse los cascos con música, implícitamente le está comunicando que no quiere comunicarse, aunque sea de forma no verbal, con gestos, expresión de la cara… No comunicarse es imposible porque incluso la postura corporal, la colocación en el espacio o la actitud son formas de comunicación. Sin embargo, una paradoja en la que se afirma que no se afirma nada al final resulta en sí misma una peculiar manera de lograr comunicarse sin comunicar nada.

Conclusiones sobre las Paradojas Pragmáticas

Lo increíble de las paradojas pragmáticas que se dan en la comunicación es que permiten explicar el desarrollo de diversos estilos de interacción aparentemente alterados, que en nuestra sociedad catalogamos como trastornados, pero que en realidad responden a un intento lógico de sobrevivir a un enunciado imposible. Llegados a este punto, para hacer un aprendizaje experiencial sobre las implicaciones de las paradojas pragmáticas, solo me queda pedirle al lector que no lea este artículo. Buena suerte.

Referencias Bibliográficas:

Watzlawick P., Beavin Bavelas J., Jackson D., Teoría de la Comunicación Humana, Biblioteca de Psicología: textos universitarios, Editorial Herder. Edición 1995

jacobo.ozores@gmail.com

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