Parar para continuar

Cuando  pensamos como utilizamos nuestro tiempo en la semana, probablemente nuestros trabajos o el tiempo dedicado a él,  se lleva gran la parte del mismo, seguro le siguen las actividades en casa, además, hemos intentado apuntarnos en alguna actividad que “nos distraiga o desconecte del día a día”. Qué decir de nuestra continua profesionalización, la necesidad de estar  cursando un  master o postgrado,  y por supuesto no puede faltar el tiempo que compartimos en familia o con amigos. Vamos, que tiempo sin hacer nada, imposible, “yo no tengo tiempo que perder”.

Que pasa cuando nuestro cuerpo dice; “!hasta aquí!”, o “!para un momento por favor!”,  y decidimos tomarnos un día de descanso sin hacer nada, la sensación, o más bien la idea contagiada o insertada que nos asalta, es de  que se está  “PERDIENDO EL TIEMPO”,  y es aquí cuando nos pueden abordar pensamientos del tipo: “¿Estuve todo el día en casa y no termine esto o lo otro?”, o “he perdido todo el día”. Que mala sensación se nos puede quedar, ¿verdad?

 

¿Te suena algo de este comercial?

 

Si, así es, nos han vendido muy bien la idea de vivir el día a día al máximo, no hay tiempo que perder, la vida es una, y además “corta”. Qué agobio, ¿no?, si nuestros congéneres de hace un par de siglos, o sin ir más lejos, nuestros abuelos pudieran ver el ritmo de vida actual en el que estamos inmersos, creo que se pondrían las manos en la cabeza y nos preguntarían ¿Cuándo paran?.

 

La sociedad del cansancio

 

La Sociedad del cansancio, es el título de un ensayo parte de una serie de libros escritos por el Filósofo Surcoreano  Byung-Chul Han, quien, entre otros escritores y estudiosos contemporáneos ha dedicado su trabajo en tratar de comprender y describir la sociedad actual (centrémonos en la occidental) híper-consumista, capitalista, y neoliberal.

 

El autor surcoreano nos plantea una nueva estructura social, con una nueva cara de esclavitud, donde la explotación ya no está en un patrón autoritario,  sino que se transforma en la auto-explotación  titulada como “realización personal”( es decir la eterna búsqueda de autorealizarse), y por consiguiente  “superar o ser mejor que el otro”. Esto es la filosofía del paradigma de la competencia, “entre mejor preparado esté, entre más idiomas se hable, entre más conozco sobre un tema tendré mejores y más  posibilidades de conseguir el empleo, estatus, y la vida soñada”.

 

Este nuevo paradigma de esclavitud fundamentado en la necesidad de auto-realización neurótica y sin descanso enfocada en la competencia, y donde básicamente la necesidad de destacarse y de “ser auténtico”, de ser más productivo, más avanzado, más integral, más comunicado, más tecnológico, más autónomo, más espiritual, etc, genera un alto grado de presión, de auto exigencia que termina derivando en diversos puntos en los cuales el libro dirige su análisis, sin embargo, en esta ocasión voy a enfocarme en los siguientes:

 

  • Vivimos en la sociedad de las enfermedades emocionales y relacionales

 

 

El siglo pasado se caracterizó por enfermedades bacterianas, virales y contagiosas, cargadas de epidemias y pandemias. El siglo XXI se caracteriza principalmente por las enfermedades de tipo mental y relacional: el crecimiento de diagnósticos de ansiedad, depresión, trastornos de personalidad, déficit de atención con hiperactividad, adicciones, el famoso Burnout (o síndrome del quemado), etc. Quizás esa necesidad de mantenernos rindiendo y haciendo “más” que se nos exige socialmente termine agotando, en algunos casos más pronto que en otros, nuestra organización psicológica y nos termina exponiendo a lesiones emocionales que al cronificarse y mezclarse con las condiciones precisas favorecen la aparición de una enfermedad de tipo mental.

 

  • Vivimos dentro de la “Gran Red”:

 

 

El video puede mostrar en cierta medida el lado B del uso de las redes sociales.   El internet y la exposición a la comunicación globalizada e instantánea ha generado una nueva manera de relacionarnos y vincularnos unos con otros. La aparición de las redes sociales ha fomentado una necesidad (camuflada en una falsa y frágil percepción de libertad) de exponernos y de conocer la “realidad mostrada” por el otro. Se crea así una nueva droga: los LIKES (me gusta). Centrados de manera narcisista ante las reacciones de los otros, entre mas “me gusta” consiga en Facebook, Instagram, etc, “más reforzado y más seguro me siento de mí mismo, más reconocido estoy”.  Es decir, vamos construyendo una frágil identidad digital, sin filtros que protejan nuestra privacidad. Todo se basa en el exceso de lo positivo, “lo feliz que soy, los lugares a donde viajo, lo que como”, ya todo pasa a ser de control público, y nuestra autoestima también.

 

 

  • La necesidad patológica por NO ABURRIRNOS:

 

 

Una de las características principales que se ha perdido o debilitado en esta sociedad es la capacidad para “aburrirse”, es decir, no hacer nada. Actualmente vivimos en una situación de sobre estimulación, lo que el autor llama multitasking, entendiéndose por la posibilidad de embotamiento de información que nos arropa en todo momento donde sea que vayamos. La publicidad en la calle, la cantidad de ventanas abiertas en nuestro computador, las distintas aplicaciones que usamos en nuestros teléfonos móviles al mismo tiempo, o la televisión encendida las 24 horas, no permiten que nos distraigamos, o más bien que nos enfoquemos en una sola cosa con atención.

 

Es decir HEMOS PERDIDO LA CAPACIDAD DE CONTEMPLACIÓN, aquella que generó tantos filósofos, astrónomos y científicos en la Antigua Grecia, aquella que ayudo a desarrollar a maravillosos navegantes que se guiaban por las estrellas, aquellos guiados por su propia contemplación y conexión con lo natural. Y qué decir del silencio, precioso regalo usado para conectarnos con nosotros mismos y con nuestros propios pensamientos, el silencio es un privilegio en este mundo convulsionado, lleno de ruido visual, sensorial,  acústico, etc. El silencio ya no es algo con la que estemos familiarizados, por eso cuando por fin se logra obtenerlo en la mayoría de los casos provoca, paradójicamente, ansiedad, tensión y sensación de incomodidad, generando la rápida reacción de encender la tele, la radio o de prender el computador.

 

No todo está perdido

 

Aunque parezca un enfoque negativista sobre la sociedad actual o sobre el futuro que nos depara,  es particularmente una invitación a detenernos un poco y realmente reflexionar que tan impregnados estamos de la sociedad del cansancio, que tanto has comprado el concepto y lo has traspasado a tu vida, cuanto ha penetrado en tu individualidad y ha trastocado tu salud mental.  Es una invitación para conectarnos nuevamente con lo esencial, con lo espontáneo, con lo genuino para renunciar a los accesorios adquiridos en nuestras vidas que terminan generando insatisfacciones eternas.

 

Por último les hago una invitación a la lectura de los libros de Byung Chul Han, ya que de esta manera podrán tener un criterio propio sobre sus escritos, en donde seguramente deferirán, y en otros casos conseguirán sentido.  Este artículo es solo una pincelada, el resto del cuadro queda a realizarse por cada uno de ustedes.

gabrielacahuao@hotmail.com

Soy psicóloga formada en el enfoque sistémico. Me desempeño en temáticas de Infancia y Derechos Humanos, actualmente trabajo para el Servicio Nacional de Menores de Chile.

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