Justicia

¿Por qué culpamos a las víctimas?

Casos de abusos sexuales

En las últimas semanas han salido a la luz múltiples casos de abusos sexuales en Hollywood, copando artículos y tertulias en prácticamente todos los medios de comunicación: desde periódicos internacionales (The guardian, The New York Times, BBC news… ), periódicos nacionales (El mundo, El país o La vanguardia por ejemplo), hasta blogs y webs específicas de cine (Fotogramas, Spin-off entre muchos otros), pasando por los telediarios y por distintos platós de televisión. El escándalo comenzó con una acusación de abuso a Harvey Weinstein, a raíz de la cual surgieron muchas otras denuncias salpicando tanto al propio Harvey Weinstein como a otras personas famosas del cine.

Maniquis

¿Qué efecto está teniendo esta súbita cadena de acusaciones en el público en general? Me he dedicado con gran curiosidad a leer las opiniones que los lectores vierten de estas noticias en la sección de comentarios de cada nueva noticia que se publica sobre el tema en Facebook, de cada nueva denuncia de abuso que se hace pública. Para mi sorpresa, he encontrado reacciones fuertemente encontradas; por un lado personas que empatizan con la presunta víctima (la chica o chico que denuncia el abuso), que lamentan que hayan tenido que sufrir esa situación, que se alegran de que por fin se atrevan a denunciar y que condenan cualquier tipo de agresión de este tipo imaginando la cantidad de casos que permanecen en el silencio de ese lugar tan oscuro en el que a menudo acaba atrapada la víctima de un abuso.

Por otro lado, muchas respuestas cuestionan de una forma u otra la versión de la persona que denuncia, tachándola de oportunista o incluso de merecida, cambiando los roles de víctima-agresor de forma que la persona denunciada sería la verdadera víctima de una difamación o de una acusación con intenciones ocultas.

¿Qué nos puede llevar a percibir como culpables a las víctimas de un suceso?

Una de las explicaciones más comunes reside en el hecho de que tras años de silencio, de repente muchas personas se decidan a denunciar. Teniendo en cuenta que se estima que menos de un 10% de los abusos sexuales son denunciados, esto no debería extrañar. El abuso generalmente se da en una relación de asimetría en la que alguien con más poder (por edad, por posición social, por superioridad física…) abusa de otra persona en situación de debilidad. Esta asimetría hace que muchas veces la persona se vea intimidada a la hora de denunciar, que crea que no va a servir para nada o incluso que reciba amenazas explícitas para que no denuncie. Pero no son los únicos motivos que llevan a alguien a no denunciar un abuso: no estar emocionalmente preparado ya que la víctima muchas veces tarda en procesar y aceptar lo ocurrido, minimizándolo, negándoselo o disociándolo, miedo a que se enteren otras personas como familiares, miedo a la retraumatización de tener que revivir el hecho al contarlo o miedo a que no le crean por falta de pruebas y ser juzgado o culpado por lo ocurrido. Este último motivo vendría a verse confirmado con los comentarios que se pueden leer en estas noticias del tipo: “anda ahora resulta que todas las actrices han sido abusdas!” o “vaya otra trepa que se suma a la moda de los abusos”.

Juicio

Este argumentario resulta imposible de sostener en los casos en que las personas denunciadas admiten los hechos, como es el caso de Kevin Spacey, Alec Baldwin o Ben Affleck. En estos casos los comentarios inculpatorios hacia la persona que denuncia se amparan en el supuesto oportunismo de denunciar ahora y no en su momento. Algunos no condenan el abuso y solo cuestionan el por qué de hacerlo público ahora, del tipo “no entiendo porque no lo denunciaron en su momento” o “hay que ver lo que hacen algunas para volver a ser portada, ¿qué pasa que antes esto no vendía?”, pero otros directamente defienden al acusado en la línea de “claro ahora que eres famosa bien que lo dices pero entonces sabías lo que hacías y decidiste dejarte, no hay delito si fuiste consciente y por lo tanto fue una relación consentida por ambas partes”. Ya he expuesto los motivos (¡y habrá más!) que llevan a que la inmensa mayoría de los abusos no se denuncien. Habría que hacerse la pregunta: ¿son más lícitas las denuncias de gente que no ha obtenido beneficios secundarios de un abuso, como por ejemplo, que ahora mismo no es famoso o famosa? O dicho de otra forma, ¿si como consecuencia de un abuso alguien obtiene algún beneficio secundario, su denuncia quedaría desacreditada? Es importante tener en cuenta que un abuso sexual es un abuso sexual al margen de que con posterioridad la persona, además de múltiples secuelas físicas y psicológicas, obtenga un beneficio secundario. Una cosa es ser consciente de que estás siendo abusado y otra muy distinta que eso signifique que has consentido el abuso.

En esta línea también estaría operando el llamado error fundamental de atribución, por el que se enfatizan los factores personales o internos de la víctima, como intereses ocultos, y se minimizan los factores situacionales o externos como el agresor o la asimetría de poder.

Otra explicación que opera en este tipo de reacciones es el sesgo cognitivo conocido como ilusión de un mundo justo. A veces preferimos culpar a la víctima (“se lo merecía” o “ella se lo buscó”) como una forma de defendernos frente a la idea de que nos pudiera pasar a nosotros o a alguien de nuestro entorno. De esta forma, el mundo estaría siendo justo lo cual nos inmuniza frente a la dramática situación de la víctima y además encontramos una explicación que nos hace sentir invulnerables ya que “nosotros no hemos hecho nada para merecerlo”. Este tipo de insinuaciones se pueden leer en los comentarios de las noticias que narran la denuncia que ha puesto Nacho Vidal, por ejemplo.

Siguiendo con motivos defensivos, es posible que lo que lleva al lector a cuestionar a la víctima es un intento de defender un estereotipo de persona con el que se identifica y que se ve amenazado por la noticia. Comentarios del tipo “una feminazi echando espuma por la boca en 3, 2, 1…” u “otra viogen que quiere mandar a un tío al calabozo”, en alusión a la ley actual de violencia de género en España. En estos casos, el estereotipo que represente el acusado hace que la persona que se identifique con él sienta la acusación dirigida hacia alguien de su comunidad o incluso hacia sí mismo y se sienta amenazado. Dicho estereotipo puede ser más genérico o más específico en función de la noticia o de la interpretación del lector: por ejemplo Harvey Weinstein podría representar el estereotipo de hombre blanco heterosexual y occidental que en la noticia parecería asociado a abuso sexual, mientras que Kevin Spacey el de hombre homosexual que quedaría asociado a pederasta, sin especificar raza ni procedencia. De esta forma los comentarios se dirigen a desmentir o negar la asociación que se presupone al estereotipo, pudiéndose leer muchos comentarios que aclaran que la homosexualidad y la pederastia no tienen relación o sugiriendo que el feminismo más radical ha emprendido una caza de brujas contra el hombre.

Algunas estrategias para hacer frente a este efecto son: la descategorización por la que consideras al acusado como ajeno a tu grupo, la recategorización por la que buscas un elemento diferenciador que hace que ya no pertenezcas a su grupo, la creación de un subtipos (por ejemplo crear un subtipo al estereotipo de hombre poderoso como el de hombre actor/productor poderoso, de forma que ya no nos incluye en su categoría) o la búsqueda de contraejemplos que es el modelo de conversión (como el caso de actores y actrices famosos que sí denunciaron que se estaban produciendo abusos).

Faltaría por incluir en esta lista de posibles motivos para culpar a una víctima los relativos a características personales de quien comenta, como su educación, sus valores, su historia de aprendizaje (como haber sido víctima de una denuncia falsa de abuso o conocer a una persona que haya sufrido abusos sexuales), su opinión o su relación con la persona que denuncia o el denunciado, su capacidad de empatía y un largo etcétera.

Influencia de los Medios de Comunicación

Medios de Comunicación

Una crítica que se puede leer en los comentarios está relacionada con la Teoría de la agenda-setting por la que un tema se convierte en relevante en tanto en cuanto los medios de comunicación le dan cobertura, de forma que son los medios los que terminan por decidir qué es importante. Es difícil distinguir cuando se cubre una noticia por la relevancia social que tiene o cuando tiene relevancia social una noticia porque los medios la cubren. Esto se observa en algunas noticias que parecen “de moda” durante un época y que luego caen en el olvido, sobre todo en política. En este caso podría explicar que denuncias que se habían hecho en el pasado no tuvieron cobertura mediática y pasaron desapercibidas.

Un efecto de esta teoría sería la Teoría del cultivo que defiende que la exposición progresiva a los mensajes que se repiten en los medios se instauran en nuestra forma de comprender el mundo, de forma que los medios de comunicación nos estarían moldeando. Hoy en día esta influencia se vería reducida gracias a las redes sociales y al intercambio casi instantáneo de opiniones, como por ejemplo las posturas encontradas frente a las noticias de los abusos o los millones de tuits que dan voz a personas individuales e incluso anónimas.

Por último destacar el conocido Efecto tercera persona por el que la persona percibe que los medios de comunicación están influyendo en los demás y no en nosotros mismos, de forma que desacreditamos opiniones contrarias ya que estarían sesgadas y reafirmamos nuestra postura ya que la consideramos genuina y libre de influencia externa. Con esta línea de descalificación se terminan algunos intercambios de comentarios que defienden opiniones dispares.

jacobo.ozores@gmail.com

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