escuchar

Aprender a escucharnos y a escuchar… ¿sabemos?

¿Saben los psicoterapeutas escuchar y acompañar el proceso de otra persona?

Llevo casi dos años con la formación para ser psicoterapeuta de la rama gestáltica. Y siempre había considerado esta profesión más o menos “fácil”. Sólo hay que escuchar al paciente, acompañarle y mostrarle su potencial para afrontar la vida desde el autoapoyo, y no desde la dependencia de la ayuda del ambiente. Parece fácil, ¿no?

Gracias a la formación y a la experiencia que tengo como paciente siempre he intuido las dificultades para afrontar esta tarea tan “fácil”… pero nunca las he vivido tan de cerca como en uno de los talleres de la formación: La escucha. Fue un shock que me ha llevado a replantearme qué es lo que realmente necesita un psicoterapeuta para poder ESCUCHAR en un proceso terapéutico.

 

coraza

 

Cómo podemos aprender a escuchar

Lo primero que debemos tener claro es que la formación de un psicoterapeuta no acaba nunca. Ni la formación ni el proceso personal que debe recorrer.

Para poder “estar” delante de alguien como terapeuta es muy importante haber hecho nuestro proceso personal. Tenemos que estar en contacto con nuestra biografía y nuestra historia.

Y para ello debemos recorrer todos estos pasos…

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1. Trabajo con la biografía:

Se trata de limpiar y conectar con el niño interior contenido (el niño contrae sus emociones para sobrevivir). Hay un niño rabioso, triste, dolido… dentro de nosotros. El niño se ha acorazado. Vivimos una falsa “adultez”. Tenemos un niño dentro muy contenido que no sabe manejar sus emociones. El adulto tiene problemas de comunicación, de relación, etc.

La persona va a terapia porque está en crisis. Se ha encontrado en una situación que lo desborda. Su “coraza” ha encontrado un límite. El terapeuta ha tenido que ver su coraza, vivir su coraza y limpiar su coraza.

Vivimos condicionados. Vivimos de forma fóbica. Tomamos decisiones solo para evitar nuestra herida, no de forma “libre”. Hacemos circunvalaciones en nuestra vida, con mucha frustración, para no tocar esa herida. Estamos huyendo de lo que creemos que nos va a dañar. Y cada vez esa situación se repite más.

Cuando vamos a terapia podemos hacer un “parón” en esa huida hacia delante. Nuestros mecanismos de defensa ya no funcionan y por eso entramos en crisis.

Tenemos que hacer mucho trabajo familiar. Ver qué papel nos ha colocado la familia y donde hemos elegido colocarnos nosotros mismos. Y desde esa posición vivimos nuestra vida. No somos “libres”. Tenemos un posicionamiento “descolocado” en nuestra familia. Y ese posicionamiento se va repitiendo en el trabajo, en nuestra familia, con los amigos…

Debemos ver dónde estamos colocados. Y ver cómo se repite ese “rol” en todos los aspectos de nuestra vida.

 

2. Vínculo familiar:

También es un trabajo fundamental. Se hace un trabajo de limpieza y de desidentificación.

Si yo estoy condicionado por la figura de mi madre, o de mi familia… ¿entonces quién soy yo realmente? Esta pregunta nos lleva a la búsqueda de nuestro Ser Interior.

Nos desdidenficicamos del papel que tenemos en la familia. Y que vamos repitiendo allí donde vamos.

 

3. Desarrollar el testigo interior:

Necesitamos desarrollar un testigo interior como terapeutas. Estar delante de un paciente sin identificarnos con nosotros mismos y ver qué pasa con nosotros en cada momento.

Esto nos obliga a SOSTENER LA HERIDA NARCICISTA. Saber que vamos a errar, que nos vamos a equivocar. Que podemos dañar al paciente.

 

4. Trabajar con el caracter:

Necesitamos conocer nuestro carácter. Qué mecanismos usamos, cómo distorsionamos al paciente, etc. Vamos a distorsionar al paciente a través de nuestra herida (eneagrama). ¿Qué nos pasa a nosotros con respecto a la persona que tenemos en frente? ¿Le vemos desde el miedo, la ira, etc.?

Necesitamos conocer nuestro carácter y ver cómo influimos al otro. Cuanto más sabemos de nuestro carácter menos usamos la coraza. Si conozco mucho a mí “tres” (enegrama), puedo ir desarrollando más otras facetas. Si vemos cómo estamos “estrechos” en nuestro personaje, podemos ir ampliando nuestra personalidad.

Se trata de ser más flexibles y de tener más registros. De esta forma seremos capaces de ayudar a más gente. Si somos muy rígidos sólo vamos a poder ayudar a gente que sea compatible con nuestro carácter. Cuanto más “amplios” seamos, más capaces seremos de acompañar a más gente.

Puede pasar que te lleguen pacientes que “toquen” un área que todavía no hemos resuelto nosotros mismos. En ese caso o derivamos al paciente, o nos toca solucionar ese tema en nosotros mismos. El terapeuta “empuja” al paciente para que le haga ampliar sus propios registros.

 

5. El proceso terapéutico:

Como terapeutas debemos haber pasado por todo el proceso terapéutico. Como mínimo de cuatro años, para haber pasado por todas las fases. Nuestros pacientes pasarán también por esas fases y debemos saber enfrentar al paciente. Nuestros pacientes un día desconfiarán de nosotros, y debemos ser capaces de sostener eso.

  1. DESCONFÍO DEL TERAPEUTA
  2. NO SÉ SI ME SIRVE
  3. ESTOY PLETÓRICO
  4. VUELVO A ESTAR DEPRIMIDO
  5. SIENTO QUE NO AVANZO

 

6. Vivir la relación terapéutica:

Lo que realmente sana en la terapia es la relación terapéutica. Tenemos que poner consciencia en lo que está pasando en la relación terapéutica.

Cuando estamos con un paciente tenemos que buscar nuestra herida para empatizar con él. Si yo he vivido un proceso terapéutico en el que me han “sostenido” en mi dolor, yo podré hacerlo con mis pacientes.

El proceso terapéutico “repara” el uso de los mecanismos neuróticos que usamos. La manipulación, el acting, etc.

ACTING: El paciente se siente mal pero no se atreve a decirlo. Y hace cosas que son expresión de sentimientos que no se atreve a expresar. Y se van al inconsciente y allí se disocian. El paciente se puede sentir herido con el terapeuta pero no se atreve a decirlo. Y entonces hace cosas como olvidar ir a la terapia, no pagar, no llamar cuando no puede ir, etc.

Esto pasa también en la pareja o en la familia. Usamos un montón de recursos neuróticos porque estamos “dirigidos” por el inconsciente. Por todas esas emociones que no nos atrevemos a expresar.

 

escuchar

 

Cómo es eso de “escuchar”

La mayoría de las personas nunca se han planteado cómo es la escucha. Y menos la escucha de un psicoterapeuta. Pero podemos diseccionar esta práctica para comprenderla mejor.

En terapia Gestalt hay tres tipos de escucha que el terapeuta debe dominar y practicar al mismo tiempo. Y aunque no lo parezca, no es tarea fácil…

 

1- Escucha empática (te escucho a ti):

Somos espejo de lo que nos dicen lo más objetivamente posible. El protagonista es el paciente. Nos quedamos en lo obvio.

 

2- Asimilación (me escucho a mi):

El protagonista soy yo. Lo que el paciente dice se pone en contacto con lo que yo siento, con mi historia. Aquí entra lo que a mí “me viene” mientras escucho. Lo que yo siento…

¿Cómo lo asimilo?

1- ¿Lo escupo?: Proyecto. No lo aguanto y lo proyecto en la otra persona.

2- ¿Me lo trago?: Introyecto. No lo aguanto pero lo hago mío sin darme cuenta.

3- Masticación: Es el proceso sano. No lo escupo ni me lo trago. ¿Qué me pasa?, ¿qué siento?, ¿qué me está tocando a mí?

 

3- Devolución o contacto en la relación (tu y yo):

El punto uno y el punto dos en conjunto generan una hipótesis en mí. Aparecen los recursos, lo creativo. Tengo que tener confianza en lo que me “viene”. Tenemos que deshinibirnos, tener mucha confianza en nosotros. Tenemos que ser capaces de tirarnos a la piscina.

El paciente es “estático”, no sabe cómo moverse. Tenemos que tener confianza en nosotros para ayudarle a moverse. Es un momento más de confrontación. Y de movilización del paciente.

¿Qué nos puede ayudar a desarrollar esta escucha? ¿A tener “devoluciones” creativas que ayuden a moverse al paciente?

  • Aquí y ahora
  • Atención
  • Romper el discurso mental
  • Vaciarse
  • Meditación
  • Concentración
  • Ampliarnos para poder escuchar nuestras limitaciones

 

Sin duda la devolución es el aspecto más difícil de la escucha. Ya que pone en juego la confianza en uno mismo, el ego, la responsabilidad… “Tiro la piedra…” y me quedo ahí. Me hago cargo, no me escondo. Soy capaz de sostener lo que muevo en el paciente. No me paralizo ante el miedo de la responsabilidad. También conlleva el afrontar cuando me he equivocado y estar presente. No es fácil sostener que puedo hacer daño al paciente. Y de hecho seguramente que antes o después lo haré.

Si desarrollo esa presencia interna y la responsabilidad me doy permiso cada vez más a mover “cosas”. Para esta fase necesitamos hacer el trabajo personal con el carácter y el vínculo familiar.

El niño por la socialización va perdiendo energía vital. Reprime esa energía. El trabajo de la terapia consiste en ir liberando esa energía. Liberar el enfado, el dolor, la ira… Y si el terapeuta no lo ha hecho, le va a costar mucho poder acompañar al paciente en ese camino. Toda limpieza biográfica es liberar energía para el terapeuta.

El terapeuta debe ser capaz de tocar todas las emociones. Por lo menos “escanear” todas las emociones y ver qué le pasa con ellas. Si un terapeuta no es capaz de transitar el miedo, nunca podrá acompañar a un paciente a través de su proceso. Si un terapeuta no ha transitado sus propios duelos, nunca podrá acompañar a sus pacientes en los suyos.

 

¿Qué ocurre si no escuchamos “bien”?

Puede ocurrir que no sepamos escuchar “de verdad”. Si no soy capaz de escuchar al paciente y de escucharme a mí mismo, no podré poner la emoción en juego para hacer una devolución con valor. Debemos desarrollar esa intuición interna que nos haga más creativos.

Si no nos damos tiempo a sentir, nos precipitamos y podemos hacer interpretaciones que no son valiosas para el paciente. La interpretación no es una herramienta de la Gestalt. La interpretación es invasiva. En Gestalt se proponen experiencias para que el otro explore y llegue él mismo a sus conclusiones.

 

Foto: Cassidy Kelley y Alice Moore.

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elsa@psiquentelequia.com

Fundadora de Psiquentelequia. Periodista, blogger, profesora... Estudiante de psicología y Terapia Gestalt... Amante del yoga, la espiritualidad y la filosofía. Lectora, fotógrafa y viajera.

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