Pero, si soy yo quien tiene la razón!

Seguramente has ido a alguna fiesta que termina acabándose por una discusión sin fin, disgustos gratuitos, tiempo perdido. ¿Que mala racha no? “Allí va juanito siempre con su tema”, o “maría con sus ideas”, ¿es que no se dan cuenta que queremos relajarnos?, o ¿alguna vez has sido tu quien termina en el medio de un duelo de argumentos, sin jueces, sino solo con rivales?. Todos seguramente en algún momento de nuestras vidas hemos pasado por alguna discusión, donde lo que importa es quedarse con la palabra final, tener la razón.

Para nadie es secreto que ahora la televisión se ha convertido más en una fuente de estrés que de entretención. Aunque no queramos las malas noticias invaden las pantallas, y lamentablemente el mundo está lleno de malas noticias: guerras, invasiones, crisis, violencia. El pan nuestro de cada día. Y si no invaden las malas noticias, invade la publicidad que no hace más que hacernos sentir insatisfechos porque, según los publicistas, no tenemos todo lo que necesitamos. Nos ayudan a generar necesidades “falsas” para completar el día, “que si el coche, que si el cuerpo perfecto, que si la pareja perfecta, que si los muebles nuevos para la casa, cambiar de ropa se vuelve casi tan vital como el alimento”, es realmente estresante.

Para muchos la solución es fácil, NO MAS Tele. Pero, ¿es así de sencillo? En muchos casos sí, no tener tele en casa sería una gran solución, pero que pasa cuando en nuestros trabajos o con las personas que compartimos empiezan a aparecer todos los temas que invaden nuestra vida diaria, ¿también hay que dejar de hablar con la gente? Evidentemente hay culturas que invitan al retiro, pero nuestra realidad es otra, no vamos a dejar de ver tele, no vamos a dejar de trabajar, no vamos a cambiar a nuestros amigos, pero si podemos controlar que cosas nos afectan o no.

¿Soy radical?

Ciertamente hay situaciones sociales que invitan a la radicalidad, en esto la política y la religión suelen ser las protagonistas, pero no son las únicas causas. Para aquellos que hemos vivido en regímenes radicales o absolutistas (en mi caso el venezolano), es muy difícil no posicionarse en un extremo, pasar a ser parte de un bando es inevitable cuando el sistema político y social de un país te empuja a decantarte por una posición u otra. La política, la religión, o cualquier otro dogma fundamentalista, invade cada rincón de la vida cotidiana del ciudadano y esto quiera o no, le atrapa. Uff, que difícil es no dejarte controlar por una ideología, es un tema tentador, porque cuando una ideología te invade, quieras o no hacen que en tu interior se despierten los más primitivos instintos de supervivencia, querer ser más fuerte para poder sobrevivir, un tema que a nuestros antepasados ya preocupaba.

Pero darnos cuenta que esta situación (la radicalidad) empieza a controlar nuestras vidas, habría que ver cuánta parte de nuestra energía se centra en ello (pensamientos, emociones acciones). Por ejemplo: nos damos cuenta que hablamos más de lo que quisiéramos del tema, empezamos a relacionarnos solo con personas que piensan igual a nosotros, cambiamos nuestros hábitos para identificarnos cada vez más a estas ideologías, no logramos conciliar con aquellos que piensan distinto. Etcétera.

Hay veces que necesitamos meses, quizás años para darnos cuenta que sin querer o queriendo hemos sido radicales en algunas ideologías, pero a veces tardamos mucho más para valorar lo dañino que esto ha sido para nosotros. Sí, hablo de daño porque evidentemente cuando nos radicalizamos estamos tomando una decisión, y como cualquier otra toda decisión tiene sus consecuencias, y generalmente la radicalidad trae más consecuencias negativas que positivas.

Evidentemente hay situaciones en la vida donde simplemente debemos ser firmes y poner una posición clara, donde no se puede matizar, por ejemplo en hechos de violencia, vulneraciones de Derechos Humanos, abusos, etcétera, frente a situaciones como estas la lógica moral y social nos obliga a actuar con firmeza, nos obliga a decir NO, nos obliga a actuar para proteger, para restituir y garantizar derechos, sin embargo la diferencia está en que actuar para garantizar la vida y para garantizar el respeto por los derechos no se hace a través de más violencia y más vulneración o abusos, al contrario.

¿Qué pasa cuando mi mente se radicaliza?

  • Cuando una ideología nos atrapa, o nos domina, prevalece un pensamiento en nuestra mente de tipo dicotómico, que quiere decir esto, que perdemos la capacidad de pensar en matices, convertimos a nuestra mente en un campo de batalla: todo o nada, blanco o negro, sí o no, amigo o enemigo, conmigo o en mi contra.

Esto quiere decir que perdemos o disminuimos nuestra posibilidad de negociar, de dialogar y de aprender del otro. Perdiendo la posibilidad de aprender de otras experiencias, a ver las cosas desde otras perspectivas, y a darnos cuentas que no existen las verdades absolutas. Vamos desprendiéndonos de algo que nos hace ser humanos, distintos al resto del mundo animal: la razón. Nuestra mente regresa a uno de los estadios más infantiles y primitivos, donde resguardamos lo que creemos nuestro, por sensación de amenaza a perderlo, ¿y que perdemos?, principalmente “el poder sobre el otro, la superioridad, la sensación de control”.

  • Pero la radicalización hace otra cosa en el cuerpo, lo estresa. Quieras o no, una persona que esta radicalizada está tensa, alerta y presionada a responder ante cualquier amenaza, o lo que “considera” como una amenaza, y básicamente este es un proceso subjetivo.

Un cuerpo expuesto a un estado de estrés crónico se enferma. Y no es un proceso solo psicológico, sino médico y científico. Hay innumerables investigaciones que demuestran que el estrés crónico produce en nuestro cuerpo el mayor riesgo de producir enfermedades como gastritis, fallas cardíacas, dificultades respiratorias, migrañas, alteraciones del sueño, dificultades digestivas, entre muchas otras. para profundizar en este punto recomiendo la lectura de los siguientes artículos:

Respuestas del ser humano para adaptarse al estrés crónico

¿Estresado? pregúntale a tu cuerpo.

  • La exposición a radicalizaciones más crónicas o complejas también puede influir en la aparición de estados alterados de la conciencia, a la aparición de cuadros psicológicos complicados como ansiedades, depresiones, obsesiones. Y esto gracias a la exposición constante de pensamientos cargados de contenido negativo, dicotómico y poco conciliador, y gracias también a la exposición al estrés crónico.

También se relaciona con la capacidad de sugestión que tienen las personas que tienden a radicalizar sus posiciones, donde la capacidad de autocrítica esta disminuida, lo cual es fundamental para poder desarrollar espacios de aprendizajes y de crecimientos personales. Pensar que está todo hecho, y que aquellos que piensan como yo siempre tendrán la razón, evitando así contrastar la información opuesta, perdiendo un espectro de información que pueden complementar, o por el contrario cuestionar nuestros argumentos.

  • A nivel emocional también repercuten nuestros pensamientos radicalizados. Existe evidencia que muestra un aumento de respuestas impulsivas, en algunos casos también va relacionado con la agresividad y hostilidad hacia otros. Nuestras respuestas se vuelven más viscerales, por lo tanto se pueden ver más episodios de violencia en grupos o en personas radicalizadas en algunos dogmas o ideologías. Y no solo la impulsividad tiende a ser una consecuencia, se puede observar igualmente volatilidad o inconsistencia emocional.

 

 

 

  • Y una de las consecuencias más dolorosas son las sociales, ver como una idea o convicción te aleja de las personas que quieres, o haces que ellos se alejen de ti.

 

Ciertamente es importante que en la vida tengamos ideales y algún patrón que guie nuestro esquema moral, en este sentido, este patrón de “visión de vida”, define quien eres, y como te relacionas con el mundo. Lo difícil es cuando esa visión de vida se rigidiza y agrede a otros.

 

 

Lamentablemente he tenido la experiencia de ver familias divididas por temas políticos. En mi caso la situación política de Venezuela dividió a mi familia en dos, aquellos afectos al gobierno y aquellos en contra. También pude ver como amigos se peleaban por temas religiosos, pero no solo eso representa las radicalidades. También he visto parejas separarse por diferencias en gustos, costumbres y culturas, por lucha de poderes, que cultura se impone ante la otra, que costumbre gana a la otra.

No dejar de ser tú.

La invitación no es a que no te identifiques con un dogma u otro, con un ismo u otro, con una persona u otra. Estos también han ayudado a formarte a ti como persona y como individuo, como ciudadano, como humano. Solo NO DEJES QUE TE CONTROLE.

Tus ideas forman parte de tu personalidad, de tu manera de ver la vida, de tu posición dentro de este mundo, sin embargo, la invitación es a integrar, a complementar, y sobre todo a equilibrar. A darte cuenta que hay situaciones en las que no se tiene control. Pero en las que sí puedes controlar, aquellas que puedes manejar tú, siempre deben estar dirigidas a sembrar en ti bienestar y equilibrio, que te generen una sensación de utilidad para ti sobre todo, pero también para otros. El controlador de la marioneta debes ser tú, y no que las ideas o las creencias te controlen a ti.

Las situaciones adversas hacen parecer que son difíciles de superar, sin embargo una vez superadas la sensación de empoderamiento y de fortalecimiento son reconfortantes. Ayudan a favorecer el crecimiento, el aprendizaje y hasta la sabiduría.

También depende de ti.

Mi familia fue víctima de la violencia que impera en Venezuela, afortunadamente no costó la vida de mis seres queridos, sin embargo fue un momento duro y amargo en la historia de mi familia. Habían dos cosas que podrían pasar, quedarnos en la rabia, la impotencia y el dolor, o realizar acciones para poder seguir avanzando y fortalecernos como sobrevivientes y ¿por qué no? triunfadores.

Esta situación de violencia en mi familia pudo haber sido una buena excusa para radicalizar nuestros pensamientos. Sin embargo esta situación nos fortaleció como familia e hizo que emergieran capacidades resilientes que nos ayudaron a enfrentar el dolor de la experiencia. ¿A qué voy con todo esto? Aunque la sociedad te invite a sentir odio hacia otros, a pensar que todo está acabado, y que nunca saldremos del hoyo en que creemos estar, piensa: ¿es así realmente?

¿Cuánto vale mi salud mental?

¿Ésta idea, creencia, dogma favorece mi salud mental y física?

¿Qué realmente está en mi control, y que no puedo controlar?

¿A quienes les estas dando el control sobre tus emociones?

¿Vale la pena alejar PERSONAS queridas con tal de tener la razón?

Aprender a dejar ir, a perdonar y ser perdonado, a ser asertivo y respetuoso contigo y también con los otros, a poner limites con respeto, a entender que la vida es solo una, el presente es un regalo que a veces se nos olvida agradecer. Y aunque no lo creas puedes aprender a manejar una conversación difícil con alguna persona que piense diferente a ti:

 

 

La tolerancia y el respeto por el otro, por la diferencia, es la clave para no caer en la trampa de la radicalidad.

Todos queremos que el mundo se convierta en un lugar mejor para vivir, pero eso comienza por ti, ¿que estas haciendo para mejorar la convivencia con tu familia, pareja, amigos, vecinos?.

La cultura de paz es el mejor antídoto para una convivencia sana y respetuosa.

 

 

gabrielacahuao@hotmail.com

Soy psicóloga formada en el enfoque sistémico. Me desempeño en temáticas de Infancia y Derechos Humanos, actualmente trabajo para el Servicio Nacional de Menores de Chile.

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