Solo son negocios

Los romanos sabían muy bien de que iban los negocios. Por eso decían que lo principal era el ocio y que todo aquello que no era ocio se definía negativamente, es decir nec-otium. Pero en castellano utilizamos más que la palabra negocio, la de trabajo. La palabra viene del latín tripalium, una herramienta como un cepo con tres puntas que se usaba para sujetar caballos o bueyes y así poder herrarlos pero también se utilizaba como instrumento de tortura para castigar esclavos o reos. De ahí que tripalare signifique torturar, atormentar, causar dolor.

Tripalium

Tripalium

Sin embargo en el mundo anglosajón la palabra work no deriva del latín, sino que está más bien emparentada con el protoindoeuropeo werg o con el griego ergon que tiene una connotación más posoitiva como movimiento energía o acción. Así la ontología aristotélica utiliza la palabra energeia, que en términos latinos se traduce como acto. Por tanto aquí la palabra trabajao tiene una connotación positiva como algo que empuja, que se mueve o surge.

Esta connotación virtuosa del trabajo tiene también su apoyo en dos concepciones religiosas de la Edad Media, en concreto tiene su punto álgido con el cisma luterano y las diversas corrientes protestantes que surgen a su abrigo. Según la doctrina de la salvación o la predestinación, dominante en los puritanos que probaron suerte más allá del atlántico, Dios había decidido qué personas estaban salvadas y cuales condenadas, pero nadie sabía concretamente en qué situación se encontraba cada una. No obstante, había una forma de saberlo, por las obras, es decir por el werk (en un sentido amplio como toda obra o actividad humana) o work que cada uno llevase a cabo. Aquel que tuviese éxito en su trabajao era considerado como salvado. La manera de medir el éxito consistía en la acumulación de riquezas. Quien más dinero poseía es quien más éxito tenía y por tanto podía considerarse salvado. ¿Y qué hacer con estos dineros y riquezas? Pues conservarlos para gloria de Dios. Nada de gastos frugales y hedonistas, el ahorro era el fin de todo este trabajo. Durante mucho tiempo y junto con otras causas esta ideología puritana dio forma a la ética del trabajo en Estados Unidos y lo países del norte de Europa y propició un rápido crecimiento económico y del bienestar.

puritanos rezando

Puritanos rezando

Pero volvamos al cisma protestante. En ese momento tenemos que tener en cuenta también la ética del trabajo católica principalmente en los países del sur de Europa que se resume en las siguiente palabras de la Biblia: Génesis 3,17 “ Al hombre le dijo: por haber escuchado la voz de tu mujer y por haber comido del árbol del que yo te había prohibido comer, maldito sea el suelo por tu causa: con fatiga sacarás de él alimento todos los días de tu vida. Espinas y abrojos te producirá y comerás la hierba del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas al suelo pues de él fuiste tomado. Porque eres polvo y en polvo tornarás”. Está claro que la Biblia presenta el trabajo como una maldición, algo a lo que no nos queda más remedio que resignarnos, muy en sintonía con el significado latino del trabajo.

Pero entonces ¿es el trabajo una virtud o más bien un castigo? Frente a las posiciones protestantes o católicas reflejadas, la primera en la obra la Ética protestante y el Espíritu del capitalismo de Max Weber y la segunda en los textos de la Biblia ha habido dos pensadores modernos que han lidiado con el problema, Bertrand Russell y Keynes que no se caracterizan precisamente por un pensamiento excesivamente progresista pero que llegan a conclusiones inquietantes en dos opúsculos: Elogio de la Ociosidad, el primero y las Posibilidades Económicas de nuestros Nietos, el segundo.

En el primero Russelll nos cuenta que vivimos engañados. Creemos que el trabajo es algo virtuoso y digno cuando no lo es. Fue al comienzo de la historia, cuando los campesinos tenían que dar el excedente a los gobernantes y sacerdotes cuando estos propugnaron la visión del trabajo como un deber, algo digno y necesario: pero no porque lo fuera sino porque les convenía para mantener su status. La moral del trabajo por tanto no es más que una moral del esclavo. La tesis principal de Russell es que deberíamos dedicarnos más a l ocio y menos al nec-otium. La organización del trabajo debe permitir jornadas de 4 horas con sueldos que permitan vivir a las personas. Se propone pues una distribución más equitativa del trabajo para disfrutar más del tiempo libre. En éste no nos dedicaremos a actividades pasivas como ver una película sino que la menor carga de trabajo nos permitirá tener la energía suficiente para realizar otras actividades como puede ser escribir un poema o implicarse en asuntos ciudadanos.

Por otro lado, Keynes viene a decir implícitamente lo mismo pero a modo de previsión económica. Según él, en 100 años, es decir en 2030 dado que el ensayo se publicó en 1930, el problema económico del hombre estará resuelto, es decir, no necesitará trabajar más para ganarse su sustento gracias a los avances tecnológicos y podrán dedicarse al ocio. Para Keynes un futuro brillante es un futuro sin trabajo (en el sentido de necesidad y obligación) en el que cada uno puede dedicarse a lo que le guste. No obstante, siempre habrá gente que no podrá vivir sin trabajar y para ellos habría que establecer una pequeña jornada laboral, de 3 horas.

Por tanto la visión de estos autores gira entorno aspectos negativos del trabajo como el gran problema económico del hombre. Lo que está claro es que abogan por trabajar para vivir y no vivir para trabajar. Se plantea una limitación del trabajo que no una renuncia o eliminación total pues piénsese que si se vive en una sociedad y se recibe de ella, también hay que aportar. Pero se refiere a cosas como estas: si una persona gana 10000 por un trabajo de 12 horas, podrían trabajar 3 personas 4 horas por 33000 y tener bien satisfechas sus necesidades.

Largas jornadas de trabjao en los negocios

Largas jornadas de trabjao

El gran problema que plantean también las largas jornadas de trabajo es que no da tiempo a la persona a florecer en otros aspectos de la vida, tanto en el plano intelectual como emocional. Ya se ha hecho típica la escena del ejecutivo que solo llega a casa para ver dormir a su familia. El peligro, advertido por Weber en su obra, es claro, podemos convertirnos en unos especialistas sin espíritu y en unos gozadores sin corazón.

lf.sanz.17@gmail.com

Abogado.

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