¿Somos todos responsables de la crianza de un niño?

Que son las Competencias Parentales.

 

Como en artículos anteriores, el centro de las líneas que van a leer a continuación son: los niños y jóvenes. Y ¿porque se intenta enfatizar en la infancia?, ya que está demostrado que niños felices y protegidos se convertirán en adultos, que protegerán a otros y que por consecuencia, aportaran de manera positiva en su comunidad.

 

El término competencias parentales es un término relativamente moderno, se desarrolla en el ámbito de la crianza y sobre todo se resalta la capacidad que tiene ambas figuras parentales (padre y madre) como figuras que impactan directamente en el crecimiento del niño, y por resultado enfatiza la responsabilidad que tienen éstos en el desarrollo saludable del niño. Y este término no solo se enfoca en los padres, debido a los cambios observados en los estilos de familia, este término se extiende a toda aquella persona que participa activamente en la crianza de un niño. En caso de que existiese la incapacidad física o psicológica de un padre o madre para ejercer plenamente su parentalidad, aparecen actores claves que pueden reemplazarles, como los abuelos, padrinos, tíos, entre otros. Estas figuras también pueden fungir como protectores y como responsables de los cuidados y de la crianza de este niño, niña o joven.

 

Entonces, ¿Qué son las competencias parentales?

 

Es un concepto que se basa en el buen trato en la crianza, por lo que su foco fundamental son los vínculos que se establecen entre madre – hijo, padre – hijo, cuidador – hijo. Es decir es un término que se concentra en las relaciones vinculares.

 

Barudy (2005, 2010), hace mención a dos maneras de parentalidad:

 

  • La parentalidad biológica, directamente relacionada a la capacidad biológica de poder ser madre o padre, la procreación o la capacidad de dar vida.
  • La parentalidad social, (y en donde centra la mayoría de sus investigaciones) relacionada directamente con la capacidad de proteger, educar y socializar a los niños.

 

Por lo cual las competencias parentales, son aquellas habilidades de responsabilidad y compromiso, orientadas al cuidado, a la protección y a la orientación para responder de manera oportuna a las necesidades de los niños, niñas y jóvenes, según la etapa de desarrollo y contextos socioculturales.

 

Barudy, hace mención especial a que las competencias parentales, y el ejercicio de las mismas están relacionadas directamente a las historias propias de vida de cada padre o madre, quienes adquieren estilos de crianza y establecen relaciones vinculares según ellos mismos lo haya vivido durante su infancia. Es decir así como ellos vieron como les protegían (o no), como les Educaban (o no), y como les socializaban (o no) sus padres, ellos tomaran esos recursos para poder ejercer su propia parentalidad.  Por lo cual las competencias parentales están directamente relacionadas a la parentalidad social, razón por la cual el término se amplía a la persona que se determina como cuidadora principal los niños, niñas o jovenes (madres, padres, abuelos (as), tíos (as), padrinos (madrinas), entre otros). (Barudy y Dantagnan, 2006)

 

Barudy, quien se desarrolló como profesional de programas de la red de protección a la infancia, desarrolló un manual de evaluación de competencias parentales, a través de las experiencias de daño emocional y psicológico, sufrido por niños, niñas y jóvenes que había sido víctimas de malos tratos y negligencias graves durante su desarrollo.  Por lo que enfatizaba en que la detección y la protección de los niños, niñas y jóvenes maltratados de manera oportuna,  el apoyo terapéutico para la reparación de sus carencias y lesiones emocionales es una forma efectiva de prevenir lo que se conoce como la transmisión transgeneracional de los malos tratos (Barudy J. 1998). Este investigador y profesional observó a lo largo de su práctica clínica que las historias de vida de los padres estaban directamente relacionadas a la manera como estos ejercían su parentalidad. De allí, se puede hablar sobre la repetición de patrones transgeneracionales. Para profundizar en esto recomiendo leer el artículo Conectando con nuestras herencias familiares (transgeneracionalidad)

 

Evaluación de las competencias parentales

 

 

Aunque suene raro, y desconocido para muchos de nuestros lectores, existe un manual que nos permite evaluar las competencias parentales en una persona que ejerce el rol de cuidador en un niño. Generalmente se realiza en ámbitos más legales y posterior a una denuncia o la participación de un programa de intervención familiar, es decir, posterior al daño ocasionado a un niño, niña o joven.

 

En nuestra práctica clínica, lamentablemente vemos como día a día, muchos niños y jóvenes crecen en ambientes y contextos negligentes, abandonantes y mal tratante. En este sentido, al evaluarse el daño emocional y psicólogo que esto produce va directamente relacionado a evaluar a aquellos adultos que son los responsables por su bienestar. Por lo cual Los Psicólogos, Psiquiatras, Asistentes o Trabajadores Sociales, y aquellos trabajadores de programas sociales nos vemos en la dura tarea de detener las vulneraciones sufridas a estos niños, alejando toda fuente de dolor y daño y promoviendo adultos más sanos y responsables.

 

La base principal de la crianza es el apego que se desarrolla entre el niño y sus padres o cuidadores. Sin embargo cuando estos padres han tenido una historia de trastornos en el apego con sus figuras principales de apego los cuales fueron sus padres o cuidadores en la infancia esto producirá dificultades en el ejercicio de su parentalidad. Aunque no es algo determinante, sino, y como refieren los autores, estas lesiones afectivas pueden ser reparadas a través de vinculaciones de apego adulto, principalmente a través de relaciones reparadoras en su vida adulta, para esto es muy provechoso la psicoterapia, para sanar esas heridas infantiles y promover un nuevo paradigma en el ejercicio de su parentalidad. Es decir, de potenciar al máximo la Resiliencia propia de este ser humano, que vivió una historia de dolor y de desprotección emocional.

 

 

Las competencias parentales tanto para el padre, para la madre o para el cuidador designado, son habilidades dirigidas principalmente “al buen trato”, es decir, es la capacidad que tiene la persona que cuida y que está encargado de la protección de un niño, de soltar, quizás sus historias infantiles de mal trato de desprotección, para poder establecerse en un nuevo paradigma, el del “buen trato, de la crianza basada en el respeto”. Esto no solo tendrá un impacto en el niño (a), sino también en su cuidador. Un niño feliz y protegido, será un adulto que hará feliz y protegerá, por lo cual tiene un impacto no solo en la persona sino en la comunidad en la que se desenvuelve.

 

Es importante que el padre, madre, o la persona encargada del cuidado del niño tenga en cuenta distintas funciones en el ejercicio de la crianza, Barudy y Dantagnan, 2010:

 

  • Necesidades nutritivas, de afecto, de cuidados y de estimulación: esta característica se basa principalmente en facilitar un espacio SEGURO de crecimiento para el niños, en donde no solo las necesidades básicas se cubran, como son la alimentación y el abrigo, sino donde se estimule y se promueva una exploración del mundo a través del acompañamiento respetuoso u estable, lo cual permita hacer desarrollar al niño un apego seguro.

 

  • Necesidades socializadoras: el desarrollo de la identidad del niño se basa en los modelos ofrecidos por sus padres o cuidadores, la manera como estos gestionan sus emociones, como éstos se relacionan con personas externas al grupo familiar, como se desarrollan las jerarquías dentro del grupo familiar, el sistema de normas y valores, son los recursos que el niño irá asimilando para un futuro ejercicio de su sociabilidad.

 

  • Necesidades de protección: Basados en el respeto, es la capacidad del padre de poder establecerse como una figura que evite las lesiones y los daños tanto emocionales y psicológicos que puedan ser causados por experiencias traumatizantes.  Igualmente enfocados en la capacidad de desarrollar en los niños, niñas y jóvenes según su edad y etapa normativa la capacidad de protegerse a sí mismo en caso de no encontrarse con sus padres, desarrollar capacidad e toma de decisiones, de gestión de emociones y de enfrentar situaciones adversas.

 

  • Desarrollo o potenciación de la Resiliencia: Es decir, que el niño desarrollo habilidades y potencie sus recursos personales, que en caso de sufrir alguna experiencia traumática o lesionadora, esta no detenga su desarrollo. Que el niño desarrolle recursos que le permitan salir fortalecido de las adversidades.

 

De ésta manera que,  según Barudy y Dantagnan (2010) , las competencias Parentales puede ser evaluadas en dos componentes fundamentales:

 

  • Las capacidades parentales: relacionado a los recursos emotivos, cognitivos y conductuales que los padres o cuidadores disponen y que les facilita vincularse de manera adecuada y oportuna con sus hijos. Es decir que respondan efectivamente a las necesidades de los niños, niñas y jóvenes a fin de crear un vínculo fuerte entre ellos que permita el desarrollo de un apego seguro. Igualmente que les permita desarrollar Empatía, es decir, que los padres o las personas encargadas del desarrollo sano del niño puedan identificarse y entender o sintonizar con las emociones y necesidades del niño, niña o joven.

 

  • Las habilidades parentales: son aquellos recursos relacionados a la función socializadora y educadora, donde el principal componente es el estilo de crianza que utilice este padre, generalmente tomado de modelos familiares heredados. En consecuencia, su estilo para ejercer la norma y la verticalidad en la crianza, está igualmente relacionado al vínculo, más sin embargo aquí entra en juego los modelos sociales y familiares de crianza, y la capacidad de participación en redes sociales y externas a lo que se refiere al grupo familiar, como estos se relacionan y participan en su comunidad y como aprovechan los recursos de la misma.

 

La clave: Un niño que haya recibido una crianza  Bien Tratante será un Adulto Sano

 

 

Quienes trabajamos en programas de intervención familiar, nos damos cuenta que la intervención oportuna y la reparación de aquellas lesiones emocionales y psicológicas, permitirá a este niño, niña o joven volver a confiar en el mundo adulto, y por consecuencia, ayudarle a romper con ciclos familiares, que le permitan un futuro  con mejor pronóstico.

 

Siempre hay que asegurar que se puede potenciar a estos padres que han sido disminuidos en sus competencias parentales. Aquellos padres con historias de malos tratos y negligencias en su infancia, tengan la oportunidad de sanar esas heridas que se ven reflejados en sus patrones de crianza, a través de un proceso terapéutico que le permita re vincularse de manera más sana con su hijo, reparando así el daño causado por la repetición de las heridas familiares.

 

Sin embargo en algunos casos, estos padres ya cuentan con una condición incapacitante, ya sea de tipo psicológico o físico, y es aquí donde la red familiar es de suma importancia. Aparecen entonces, aquellos abuelos, tíos, o familiares resilientes, que son capaces de asumir el rol de la parentalidad social y ejercer la función de crianza de mejor manera, de manera que se garantice el desarrollo sano e integral de este niño, niñas o joven.

 

En algunas ocasiones más graves, donde el niño, niña o joven no cuenta con redes familiares sanas y protectoras, y el riegos social es muy alto, donde las vulneraciones y negligencias no pueden detenerse, entra en acción la activación de redes  de protección a fin de salvaguardar a este niño, niña o joven, a través de procesos de adopción o en consecuencia la institucionalización de este niño, niña o joven. De manera de detener inmediatamente la vulneración y garantizar así la protección del niño, niña o joven.

 

Somos todos responsables de una infancia saludable

 

 

 

No solo los padres son los responsables, la familia, la comunidad y cada uno de los ciudadanos somos responsables de fomentar una infancia saludable y protegida.

 

Si en alguna ocasión somos testigos de alguna vulneración grave de Derechos, nuestro deber como ciudadanos es: DENUNCIAR, así sea de manera anónima. Y mucho más cuando se trata de niños, niñas o jóvenes. Si eres testigo de malos tratos, negligencias, abusos, abandonos, trabajo infantil, entre otros, DENUNCIA! El no hacerlo te convierte en cómplice!

 

Todos los países que Firmaron la Declaración en la Convección de los Derechos del Niño, son responsables de brindar una sociedad basada en el Interés Superior del Niño, y debe desarrollar una serie de estrategias que garanticen el desarrollo sano de los niños, niñas y jóvenes. Desde todos los ámbitos. Somos nosotros, los ciudadanos, los responsables de obligar a los Estados a cumplir sus funciones, así que somos actores activos.

 

Existe un sistema de protección que tiene recursos y herramientas para detener alguna vulneración y promover una infancia protegida: Úsalos. La denuncia facilitará la activación de estas redes. Estos programas de protección subsidiados por el Estado tienen la obligación de garantizar la protección de ese niño, niña y joven el cual esta siendo objeto de abuso o de vulneración. Los profesionales de estos programas deben hacer un rápido diagnóstico a fin de establecer su intervención para restituir los Derechos, y así promover una vida familiar mas saludable. Ten la firme creencia que la no detención de las vulneraciones o abusos en la infancia generaran huellas irreparables en estos niñas, niños o jóvenes, produciendo así una edad adulta llena de dolor y de enfermedades psicosociales, en la mayoría de los casos.

 

Todos somos responsables de aportar a nuestra comunidad relaciones basadas en el respeto, en el buen trato hacia el otro, de manera que promovamos una convivencia pacífica, promoviendo así la cultura de la paz.

 

 

 

También recomiendo leer los siguiente artículos: 

 

Padre – Hijos – Abuelos: el trío La La La:

http://www.psiquentelequia.com/padres-hijos-abuelos/

 

Es la hora de Papá:

Es la hora de Papá

 

 

Bibliografía recomendada para la profundización del tema:

 

  • Barudy, J.; Dantagnana, M. (2005), Los buenos tratos a la infancia. Parentalidad, apego y resilencia. Gedisa. Barcelona.
  • Barudy, J.; Dantagnana, M. (2010), Los desafíos invisibles de ser madre o padre. Manual de evaluación de las competencias y la resiliencia parental. Gedisa. Barcelona.
  • “LOS BUENOS TRATOS Y LA RESILIENCIA INFANTIL EN LA PREVENCIÓN DE LOS TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO”http://infanciacapital.montevideo.gub.uy/materiales/BARUDY_Competencias_parentales.pdf

 

gabrielacahuao@hotmail.com

Soy psicóloga formada en el enfoque sistémico. Me desempeño en temáticas de Infancia y Derechos Humanos, actualmente trabajo para el Servicio Nacional de Menores de Chile.

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