Con esta entrada comenzamos un ciclo de artículos sobre la gran obra de Boecio, La consolación de la Filosofía. Nacido en Roma en torno al año 480, Anicio Manlio Severino Boecio llegó a ser Magister officiorum de la corte del rey Teodorico. Fue el mismo Teodorico, el que le encumbró políticamente, quien acabó condenándolo a muerte. Considerado mártir, a Boecio se le rindió culto en Pavía. Boecio es conocido como el último de los romanos, el último hombre antiguo, y el primero de los escolástico, el primer hombre medieval. Su propósito fue dar a conocer a los latinos la cultura y

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Seguimos con las lecciones de filosofía de la mano de Monica Cavallé y la filosofía perenne, aquella que sigue tan "viva" y es tan universal que podemos seguir aplicando a nuestras vidas para alcanzar el mayor bienestar y armonía. En este caso veremos cómo nuestra guía interna es la única fuente de verdad y felicidad, y lo único que realmente nos pertenece. Lo único que es intrínsecamente nuestro, y que nadie puede dañar

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Vivir intensamente depende de nosotras. Una amiga me contaba como una vez se encontraba entre unos conocidos que llevaban rato dando vueltas a temas irrelevantes y superficiales y al ver que no había manera de mantener una conversación sincera se levantó y dijo “lo siento pero me estoy muriendo” y se marchó. Fue su manera de expresar que no estaba interesada en malgastar el tiempo en conversaciones y relaciones que no sumasen a un Vivir pleno y consciente, a vivir intensamente. Recuerdo que cuando me lo contó me pareció un poco exagerado, pero había una gran verdad en sus palabras y su

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Un castigo infantil Cerca del lugar en el que vivo hay una prisión y cada vez que paso por delante no puedo evitar preguntarme: “¿para qué sirven las prisiones?, ¿son un bien para la sociedad o se trata de una institución obsoleta qué lejos de fomentar un bien social fomentan un mal?” Cada vez que paso por delante algo dentro de mi dice: “fíjate, entre esos muros hay personas como tú a las que se ha castigado sin poder salir durante unos años”. Enseguida me vienen a la mente los castigos de infancia en los que se deja al niño sin televisión,

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