Estaba pasando unos días en casa de mis padres y la televisión estaba, como de costumbre, encendida. Dentro de la caja tonta un grupo de personas se gritaban (algo insólito e inexplicable en televisión) así que miré a mi alrededor y, como no había nadie, tomé el mando a distancia decidido a poner fin a aquel disparate. Entonces ocurrió algo que hizo que mis pelos no sólo se pusieran de punta sino que salieran disparados de mis capilares, fueran a dar una vuelta por el cuerpo para iniciar un escalofrío, y luego regresaran tan panchos a formar filas. Un experimento

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