Pedalear, amar y vivir es lo que hizo antes de morir. Infinidad de cosas más también, pero cuando la enfermedad fue avanzando y no pudo seguir en el trabajo del hostal, se dedicó con toda la energía disponible a dar largos paseos en bicicleta, a amar a los que le rodeaban, sobre todo a su hijo Tomás, y a vivir en los instantes, ocupando plenamente los minutos y las horas. Como si en cada una de estas medidas del tiempo, por fin hubiese encontrado el más valioso tesoro. Ese que no solemos ver, ocupados con nuestras prisas, ansiedades o frustraciones

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