Se ha puesto de moda hablar sobre nuevas masculinidades y sobre la necesidad de una revolución masculina que nos saque a los hombres de los rígidos patrones con los que hemos sido educados y con los que hemos ido aprendiendo (o no)  a expresarnos sentimentalmente. La manera en que nos hemos convertido en hombres, estilo “macho”, supone un lastre considerable para el autoconocimiento y el manejo de las emociones. También queda tocada nuestra capacidad responder a según qué  demandas, problemas o desafíos. La buena noticia es que somos cada vez más los hombres que tomamos conciencia de nuestras heridas, de nuestras

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