donald trump meryl streep

Donald Trump y Meryl Streep (O la lucha entre el Ello y el Superyo)

meryl devil1. Meryl Streep

En su discurso en los Globos de Oro, Meryl Streep hacía una crítica muy pertinente que se refería a la ejemplaridad. Daba en un clavo que se puede y debe aplicar a todos aquellos que son referentes sociales, especialmente a los que lo son a raíz de un proceso democrático.

Se refería más específicamente a aquella desagradable ocasión en la que el presidente electo de EEUU, el señor Trump se burló de un periodista con diversidad funcional en el curso de una arenga política.

Y señalaba una cuestión fundamental: Aquellos que son referentes para otros deben cuidar sus declaraciones y acciones porque con ellas legitiman las declaraciones y acciones de otros. Así, como ella dijo, la violencia legitima la violencia y las faltas de respeto legitiman las faltas de respeto.

De un tiempo a esta parte hemos venido observando en prácticamente todos los ámbitos políticos una elevación del discurso. Este no es un fenómeno exclusivo de Donald Trump o del Brexit. Campa a sus anchas por toda Europa legitimando en muchas ocasiones el odio, la violencia, el abuso, etc…

Estamos asistiendo, en definitiva, a la ruptura de algunos tabúes que llevaban entre nosotros desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

¡Y qué rápido nos estamos acostumbrando!trump

2. Donald Trump

En el reverso de esta tendencia hay otra, diametralmente opuesta, que indaga con afilada lupa en toda palabra digital o impresa a la búsqueda del lugar dónde ejercer la corrección política.

Esta es la gran paradoja: en el momento en el que los tabúes se sostenían, el espacio para la libertad del chiste, por ejemplo, era mucho más amplio.

Hoy -rotos muchos de estos tabúes- nos encontramos atrapados entre aquellos que se declaran enemigos de la corrección política para expresar ideas que la historia reciente demuestra muy peligrosas y esos otros que, como adalides del tabú, cargan contra cualquiera que no se mantenga dentro del marco roto de lo que está prohibido expresar.

Uno siente casi la tentación de comportarse como el señor Trump ante esta presión constante hacia la corrección. Se percibe el deseo de opinar libremente cualquier barbaridad, de agredir sin consideración, de insultar, de expresar el demonio con libertad.

Libertad para ser un cabrón ¿Por qué no?

Libertad para decirle a Meryl que es una pesada sobreactuada y que burlarse de una persona con discapacidad no es tan grave.

3. El Superyó y el Ello

donald trump meryl streep

Estamos cayendo aquí en la trampa del Ello y el Superyó.

Trump, como el Ello, desea expresarse libremente, sin cortapisas. Meryl, encarnando al Superyó, le censura. Lo que provoca la reacción agresiva de Trump que, reincidiendo en su no-ejemplaridad, insulta a la actriz en Twitter.

La paradoja es que cuanto más fuerte es el Superyó más fuerte es el Ello. Cuanto más agresiva es la fuerza de la censura más potente será el deseo de liberarse de ella.

Con Trump poco se puede hacer, pero ¿Qué hacer con aquellos que sufren más esta falta de ejemplaridad? Me refiero a los niños, aquellos que están en pleno desarrollo moral.

Es importante huir de posturas censoras y represivas. Buscar la tercera vía.

La ley debe existir, igual que debe existir el deseo. Pero hoy sabemos que en la educación el amor funciona mejor que la ley.

Educar en libertad de pensamiento, palabra, obra y omisión. Libertad también para ser un cabrón, pero sin olvidar el empleo de la fuerza del amor. Con el empleo del poder del amor los educadores y los padres pueden construir sujetos libres, buenos y comprometidos, que entiendan porque es inadmisible burlarse de la discapacidad de alguien sin necesidad de la reprimenda de Meryl Streep.

Los padres y los educadores solo necesitan tres cosas:

Vocación, tiempo y recursos.

La primera depende de ellos y está en sus manos realizar el adecuado análisis de conciencia antes de ser padres o dedicarse a la enseñanza.

La segunda y la tercera dependen de otros factores. No basta en nuestros políticos que sean políticamente correctos. Son necesarios cambios en la esfera de la realidad que hagan que la famosa conciliación sea posible, que doten de recursos a las escuelas y que construyan planes educativos basados también en el aprendizaje moral. Un aprendizaje moral desideologizado es posible y una de sus premisas sería sin duda que está mal burlarse de una persona imitando su discapacidad.

La concepción del sujeto como un recurso económico, la idea del niño como una inversión para sus padres, en definitiva el sujeto del discurso capitalista nos lleva solo hacia la psicopatía.

Estamos construyendo un mundo de psicópatas, no nos debe extrañar verlos dirigiendo naciones o empresas.

Los ingredientes están claros. Tanto para el estallido del Ello salvaje como para la instauración de un Superyó sádico. El camino que estamos tomando es muy peligroso.

Solo los educadores -la denostada casta del profesorado- nos puede salvar, pero necesitan armas para luchar ¿Estamos dispuestos a dárselas?

El dragón es poderoso y necesitan ayuda.

¿Se la daremos?

 

Enrique Schiaffino

Psicólogo colegiado en Madrid

 

*Este texto está inspirado en recientes acontecimientos y de forma parcial en la lectura de “Problemas en el paraiso” de Slavoj Zizek.

ecuribesch@gmail.com

Fundador de Psiquentelequia. Psicólogo colegiado de Madrid, pintor de estilo figurativo, miembro fundador de Psiquentelequia y presidente de la Asociación Cultural Glycon.

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