Yoga, fuego y espiritualidad

El tener una granja no me convierte en granjero. Trabajar cada día las tierras, cuidar de los animales, hacer el sacrificio de estar ahí, presente, dedicado en cuerpo y alma es lo que me convierte en granjero. Lo mismo sucede con la espiritualidad. Soy una persona espiritual cuando hago un esfuerzo consciente por trabajar el espíritu.

En demasiadas ocasiones representamos en nuestras mentes  el espíritu de una forma fantasmagórica, le damos una imagen etérea y en la mayoría de los casos vacía. El espíritu es una fuerza, tan real como la de la gravedad. No se puede ver ni oír, pero se siente a través de la acción. Es la fuerza que nos mueve, que nos da vida y nos transforma.

Todo cambia, en todo momento. No hay nada que permanezca estático. Hasta la roca más sólida se va erosionando con el tiempo. No hace falta ser budista para comprender esto, cualquier persona que se siente a observar va a llegar a la misma conclusión.

El primer principio de la termodinámica nos dice que la energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Crear consiste en transformar algo de una forma a otra. Pensamiento en acción, imaginación en proceso. Sueños que se hacen “realidad”.

Resulta paradójico que el mecanismo de la espiritualidad consista en materializar lo intangible pero así es. Sin embargo el “propósito” al que sirve es lo verdaderamente “espiritual”. Lo importante nunca  a ser el resultado de la transformación si no el proceso que lleva detrás, la fuerza que lo hace posible.

El yoga es una forma de espiritualidad, es un camino de transformación. El objetivo consiste en convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Somos diamantes en bruto que debemos pulir para brillar con fuerza. La acción de pulir es la manifestación del espíritu, el brillo la iluminación.

La fuerza de la gravedad siempre está ahí, podemos aprovecharla o dejar que haga su función naturalmente. Con el espíritu sucede lo mismo. Podemos controlar esa fuerza, podemos hacerla más fuerte, podemos utilizarla para nuestro beneficio o bien dejar que fluya sin más. La clave en el yoga consiste en tomar el control sobre esa fuerza.

Aquí es donde comienza todo. Una persona espiritual es una persona con una fuerza de voluntad excepcional, constancia, determinación, valor… Conceptos que se asocian tradicionalmente al elemento fuego.

Entregarnos al fuego del espíritu para ser transformados es sólo el principio y el camino hacia el final. Un camino lleno de obstáculos y peligros, un camino que cada uno de nosotros debemos de andar. Un camino que desgraciadamente lleva en muchas ocasiones al engaño pues es un camino de poder. En el momento en que te das cuenta de tu poder te haces invencible (o más bien te crees) y olvidas que de igual modo que sucede con la gravedad, todo lo que sube baja en algún momento.

Ese es el verdadero infierno, en el que las llamas te consumen y sufres tu ignorancia. Ignorancia por haber llegado a creer que ese espíritu que te hizo brillar es tuyo, que te pertenece, pues el sentimiento de pertenencia no es más que un espejismo. Tan real como el reflejo que ves cada mañana en el espejo.

Buda decía que el deseo es la causa del sufrimiento pero en realidad el sufrimiento está causado por el apego. Es bueno desear, es necesario tener aspiraciones, sueños…es la forma en la que el espíritu cobra forma. Pero al mismo tiempo es fundamental no aferrarnos al resultado de nuestras acciones. Esta es la forma tradicional de crear karma.

El yoga nos enseña que debemos amar, y el amor es aceptación. Debemos amarnos a nosotros mismos de forma incondicional. Aceptar los resultados, sean cuales sean, valorando por encima de todo nuestro esfuerzo, pasión y entrega. Darle valor al espíritu por encima de todo. Sonreírle a la adversidad, entregarte al máximo en cada momento y no esperar nada. Ese fuego puede iluminar galaxias enteras, no tiene límites, es eterno.

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Profesor de Yoga. El yoga no es solo mi profesión, es mi guía, es el faro en la noche cuando navego en la oscuridad, es todo lo que te puedas imaginar y un poco más.

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