Agradecimiento a mis cuarenta

 

Velas

 

Hoy cumplo 40 años, entro en lo que en Psicología del Desarrollo llaman la adultez. Atrás queda la infancia, la adolescencia y la juventud, tres etapas pasadas y una nueva por descubrir.

Ayer recapacitaba sobre ello y lo primero que me ha venido es una necesidad de agradecimiento. Y como si fuera un vendaval, en mi mente han comenzado a aparecer una serie de personas, espacios, lugares, palabras, momentos, a modo de fotograma, en distintos colores, ráfagas muy fugaces, destellos de amarillo, marrón, verde….  como si al tomar conciencia de que se acerca mi cumpleaños, de quién soy, el automático de la memoria me ha empezado a lanzar mensajes y recuerdos. 

Agradecimiento, esa es la palabra, y mientras la escribo, se me saltan las lágrimas, me sale el llanto y se me hace un nudo en la garganta. En este momento, aquí y ahora, agradecer es lo que necesito en mi vida.

Sentada en mi escritorio, el rincón de la casa que considero mi espacio, rodeada de libros, taza de té, fotos, desorden, pies descalzos, primavera que llega, la noche que todo lo calma, me siento más yo, me siento en mi lugar de escucha.

Agradecimiento a este espacio que me acoge, que me da sentido y calor, a todos los libros que leí completos, a los que dejé a medias porque no entendí, porque no me engancharon y a los que tanto me gustaron, prometí volver a leer y nunca lo hice. Gracias por crearme mundos a los que he escapado, por hacerme sonreír cuando estaba depre y por darme páginas y páginas de entendimiento en mi búsqueda.

Y porque el mundo está lleno de polaridades, agradezco también a esos escritos que quemé en una hoguera, encima de la tierra que los vio nacer y que me dieron libertad para volver a empezar, para escribir nuevos renglones y dibujar nuevos escenarios de mi vida.

 

 

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Gracias a mi familia. Mujeres y hombres del campo, trabajadores de la tierra, luchadores en un mundo de escasez, de guerra y de hambruna. Sé que os debo una mirada lenta, conoceros, saber de vuestras vidas, fechas, reconocerme como parte de vosotros; saber quién hay bajo los filtros de las pocas fotos amarillentas que conservo en los álbumes familiares.

Gracias Papa, por enseñarme a querer la tierra, las plantas por mostrarme que las cosas sencillas, son sencillas, y no necesitan de más adornos, están bien así y a que los árboles hay que hablarles desde el corazón y tocarle las hojas y acariciarlos para que den fruto.

A Mamá porque me gustaba y me gusta verte cantarina, por tu alegría, por decir lo que piensas sin que la lengua te pese, por la espontaneidad y la creatividad para montar de un pantalón viejo un delantal. A los dos, por quererme, por darme la vida, la vida que tengo, la vida que soy.

A los bizcochos de manzana de tía Bibi, por tu ternura, porque te llevo en mi corazón, porque estás conmigo en muchos momentos de mi vida. A mis amigos con los que crecí y sigo creciendo. A los que ya no son mis amigos por entender que en la vida, los caminos se cruzan y a veces se separan. A mis amores, desamores, novios, parejas, ex parejas, princesas y príncipes que pasaron por mi vida y yo por la de ellos, porque aprendí a distinguir entre amor, pasión, deseo, ternura, cariño, celos, infidelidad, amistad con roce, sin roce y todo a la vez mezclado. Un sinfín de emociones que hoy me hacen vivir el amor con mayor libertad y conciencia.

A los viajes que he podido hacer, que he disfrutado, a los países que se me han quedado grabados en la piel y a la gente con la que he compartido. Gracias México, Chile con vosotros renací unas cuantas vidas, me quitasteis las arrugas. Nani, Miguel, Vanesa, Cintia, Fausto, Santiago, Cintia, Gisela, Ingeniosos… a la Cordillera, con mayúscula por tu fuerza, tu grandeza, porque eres el gran santuario de altura, a Nestor por tu manera de vivir en libertad, a Juan, Trekking Club por enseñarme que no hace falta buscar fuera, que todo está dentro y que la montaña es un lugar sagrado donde los dioses nos saludan al caminar, y la senda, un laberinto donde hay que seguir con confianza, intuición y amor

A mi familia de gestálticos, satianos y exploradores, por quererme como soy, por hacerme crecer, porque sois muy bonitos. Juan Shambhala, Marien, Sonia, Rocio, Rafa, Sonia 8 bicicletas, sois todo corazón y melón.

Al cielo que miro, a los balcones con flores, a Alberto por crecer juntos, por tu escucha, por cuidarme, a Vanesa porque ser mamá es la sangre en tus venas… y qué se yo de eso, Ernesto por tu confianza infinita, a Tango, a los Joses, María, Regina, Diego…

A Estrella, mi estrella, con la que hablo, la que me escucha, la que me ve, con la que me dejo ser. A Claudio, Maribel, Olga, María, Gerardo …

 

A mis maestros, a cada uno de vosotros, que me habéis ayudado a ser quien soy, a cumplir mis 40…tanto, tanto… gracias a la vida. 

 

 

 

 

 

lola.ruano@gmail.com

Executive, live and deep coach. PNL. Gestalt. Mi manera de acompañar procesos se basa en aceptar el pasado, para poder construir un nuevo futuro y presente, siendo honestos con nuestro aquí y ahora y sobre todo, confiando en nuestra propia autorregulación y la del proceso.

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