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Crecimiento físico, mental y emocional ¡Comienza el viaje!

Una inquietud que tienen muchas personas que empiezan a hacer este camino de desarrollo personal es la preocupación de cómo, cuándo y hacia dónde encaminarse. Al principio, lo normal es que nadie lo tengamos claro. Vives tu vida más o menos «anestesiado», y un día la crisis existencial se abre paso. Y a partir de ahí no sabemos qué hacer. Es importante saber cómo es el proceso del crecimiento, tanto físico, como mental o emocional.

En la vida «crecemos físicamente» de forma automática mientras alimentemos correctamente nuestro cuerpo. No somos conscientes de este fenómeno. Y lo mismo ocurre con nuestro «crecimiento mental», para el cual deberíamos haber recibido una  enseñanza básica, pero ninguno lo hemos hecho… El «crecimiento emocional», que normalmente se ralentiza en torno a los siete años, no recibe una atención verdadera a medida que nos adentramos en la edad adulta (y tampoco lo hace en ninguna otra etapa de nuestra vida).

Lo bueno es que los seres humanos somos notablemente adaptables en nuestra relación con el mundo físico, pero por desgracia, nos hemos ido empequeñeciendo poco a poco en términos emocionales. Lo que nos ha permitido sobrevivir, pero desgraciadamente, no de la mejor manera posible. El turbulento estado de la realidad actual es una muestra fehaciente de que el mundo es el patio de recreo de unos absolutos inmaduros emocionales.

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¿Presencia física o mental?

La presencia física es una experiencia que tiene lugar cuando aprendemos a fijar la conciencia en el cuerpo físico. La mayoría de las personas cree que ocupamos este cuerpo, pero no es así. Pensar acerca del pasado o del futuro significa que tenemos que entrar en la esfera de lo mental.

La esfera mental no está confinada a la ubicación de nuestro cuerpo físico, sino que se extiende tan lejos como seamos capaces de pensar. Si pensamos en un amigo que se encuentra en otro país, o regresamos en la memoria a la última vez que estuvimos con él, quizás supongamos que seguimos aún dentro de nuestro cuerpo físico, pero no es así. Estamos allí donde nuestro punto de atención se ha proyectado. O como diría un yogui, la energía está donde está la atención.

Decididamente no estamos presentes físicamente. Quizá esté ocurriendo algo justo delante de nuestros ojos y puede que no seamos conscientes de ello, simplemente porque estamos perdidos en nuestros propios pensamientos. La presencia física sólo tiene lugar cuando entramos conscientemente en la conciencia del instante presente.

 

Cuerpo físico

El cuerpo físico, si bien refleja sintomáticamente nuestras experiencias pasadas y nuestras proyecciones futuras, está siempre presente al cinto por ciento. Está ciento por ciento presente en su funcionamiento, dado que el corazón sólo late en el ahora. Cuando experimentamos la presencia física, podemos sentir nuestro propio latido cardíaco.

Normalmente, como no sea que os pase como a mí, que prácticamente siempre siento mi corazón, lo más cerca que la gente está de esta experiencia es por defecto: cuando estamos a punto de tener un accidente o cuando alguien nos da un susto. En los instantes que siguen a una situación así, la conciencia entra plenamente en el cuerpo, y somos capaces de sentir el bombeo de la sangre a través de las venas y los latidos del corazón en el pecho. Sin embargo, cuando nos pasamos la vida en esa esfera mental que llamamos tiempo, ni siquiera somos conscientes de que tenemos un corazón, y mucho menos somos capaces de escucharlo o sentirlo.

 

Claridad mental

El paso del «crecimiento» consiste en fijar nuestra conciencia en el cuerpo físico. Después habrá que alcanzar una determinada claridad mental y un manifiesto equilibrio emocional.

 

Crecimiento emocional

La consecución del equilibrio emocional, obteniendo primero la presencia física y luego la claridad mental, es el sendero que da paso efectivamente al crecimiento emocional.

Puede que sea uno de los logros más difíciles de conseguir en este mundo. Porque la necesidad de crecer emocionalmente rara vez encuentra apoyo, y mucho menos comprensión, en las personas que nos rodean. No es un viaje en el que nos vayamos a sentir bien al principio. Y será más arduo cuánto más dormidos estemos emocionalmente.

Este viaje lo que pretende es que sintamos «de verdad». Y sentir «de verdad» puede suponer en un principio la experiencia de que estamos emocionales reprimidos, como con el miedo, la ira o la tristeza.

Para hacer este viaje debemos comprometernos en el empeño de nuestro crecimiento personal por encima y más allá de que podamos comprender la razón por la cual esto es tan importante y necesario. La comprensión mental rara vez forma parte de la integración emocional. Y como en cualquier viaje a lo desconocido, sólo podremos ver dónde hemos estado y por qué determinadas circunstancias se han desarrollado como se han desarrollado cuando lleguemos a algún punto culminante y podamos pararnos a reflexionar.

¡Comienza el viaje!

 

Fuente: El proceso de la presencia
Foto: Steve Carter

elsa@psiquentelequia.com

Fundadora de Psiquentelequia. Periodista, blogger, profesora... Estudiante de psicología y Terapia Gestalt... Amante del yoga, la espiritualidad y la filosofía. Lectora, fotógrafa y viajera.

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