El abrazo gestáltico

El abrazo gestáltico se diferencia de cualquier otro abrazo por su duración e intensidad. De hecho, cuando dos gestálticos se abrazan suelen mantenerse entrelazados un buen rato como si el mundo se detuviera en ese gesto, como si el resonar común de sus corazones se fundiera en la unidad primigenia. ¡Qué bonito! El abrazo gestáltico no tiene prisas, no busca cumplir con las buenas costumbres o la cortesía, no conoce protocolos. Ya desde el saludo, los gestálticos proclaman los principios fundamentales de su escuela: la escucha atenta del otro, la apertura emocional, la autenticidad en los sentimientos, el darse cuenta.

Ser gestáltico

En el momento en que un incauto interlocutor escucha aquello de: “soy terapeuta Gestalt”, en boca de un viejo compañero de la secundaria o en algún diálogo circunstancial con un desconocido, resultan muy curiosos de observar los primeros segundos de su reacción: un silencio incómodo, leve levantamiento  de cejas, sutil movimiento ascendente-descendente de la cabeza como asintiendo. (“Sí, claro, la Gestalt, hombre, es muy conocida”). El interlocutor aguarda perplejo alguna explicación suplementaria. El gestáltico accede finalmente a darla. Dice algo así: la Gestalt es una corriente dentro de la psicología humanista, nacida allá por los 50 en Estados Unidos como una revisión crítica del psicoanálisis freudiano.

Supongamos que la mención de “psicoanálisis”, “humanista” o “Estados Unidos” dentro de una misma frase tranquiliza, en parte, al interlocutor. Algo ha oído hablar, algo ha leído en internet, hay un amigo (¿o era el amigo de un amigo?) que una vez le dijo que había hecho terapia Gestalt.

No es suficiente para haber disipado todas las dudas. El interlocutor no está muy seguro de qué es la Gestalt pero se permite sospechar que, quizás, no sea una secta. No tiene gurú al que adorar ni tampoco practican sacrificios con gallinas. No hay rituales de iniciación, ni pirámides en miniatura. Sí es cierto que si alguien desprevenido observara por la mirilla de la puerta una sesión grupal de Gestalt podría asustarse.

Lo primero que llamaría su atención es que los gestálticos se reúnen en ronda y sin zapatos. No utilizan sillas sino que apoyan sus culos sobre cojines. Algunos practican la posición del loto, mientras que otros se desparraman por el suelo. En los trabajos grupales más intensos los gestálticos pueden llegar a levantar la voz, liberar al cuerpo del control de la mente, hacer ruido al inspirar-expirar aire o llorar (reír) de manera estruendosa. Los gestálticos bostezan y se desperezan sin pudor alguno. No visten uniforme ni túnicas pero entre ellos y ellas sí que abunda el chandal del Decathlon. En líneas generales, se podría decir que a los gestálticos no les interesa mucho la moda ni el aspecto exterior. Están en una búsqueda interior, en un camino de ampliación de la conciencia pero sin el LSD ni los psicotrópicos del hipismo años 60.

La mayor parte de la gente en España todavía se pregunta qué es la Gestalt y sucede  que en este país el desconocimiento de la terapia dispara un catálogo interminable de prejuicios ante ella.

– ¿En serio vas a terapia?

a) Ah, es que yo no le encuentro sentido a eso de ir y contarle todo a un desconocido.

b) Bueno, si yo tuviese algún problema serio preferiría hablarlo con mis colegas de toda la vida.

c) Es que la terapia no sirve para nada, ¿o acaso el terapeuta va a pagarte la hipoteca o conseguirte un trabajo?

d) Ah, yo una vez conocí al primo de un amigo del pueblo que iba a terapia. No veas lo perdido que está el pobre.

e) Pues a mí no engañan. No hay mejor terapia que la barra de un bar.

Práctica gestáltica

La práctica de la terapia gestáltica básicamente consiste en atender a otro ser humano de tal manera que le permita ser lo que realmente es.

La Gestalt se ocupa de los trastornos generados por nuestro rechazo a aceptar la responsabilidad de lo que somos y de lo que hacemos.

Fritz Perls, figura central entre sus iniciadores, creó un proceso de terapia que evita en lo posible los conceptos e interpretaciones. A diferencia del psicoanálisis, se busca llevar la atención a la conducta observable que constituye el fenómeno, en lugar de desarrollar conjeturas sobre los significados del discurso. En este sentido, la Gestalt  se ocupa más de la experiencia que del pensamiento y en ella cobran especial importancia las necesidades corporales y su satisfacción o bien los bloqueos que la impiden. Todo organismo busca satisfacer sus necesidades, para ello da y toma del medio ambiente.

Entre los propósitos de la terapia estará integrar las partes negadas de la personalidad, recuperar nuestra capacidad para la experiencia y nuestro funcionamiento rechazado.

Perls veía a la neurosis como el proceso de pérdida de la percepción y de la separación progresiva del potencial propio. De ahí que considerase que tendemos a apegarnos al pasado infeliz con el objetivo de evadirnos de la responsabilidad de lo que hacemos.

Fiarse de lo que pasa, dejar que ocurra, no empujar el río que fluye por sí mismo, son guías de inspiración provenientes de la filosofía oriental para la terapia gestáltica.  La confianza en el auto regulación del organismo es sinónimo de confianza en la espontaneidad, incluso una alusión al Tao como un curso de acción dictado por una profunda intuición antes que por la razón.

Durante la sesión, el terapeuta debe estar disponible para el paciente, empleando sus oídos y ojos para percibir lo que es obvio. A través de la percepción del cuerpo, el paciente puede descubrirse a sí mismo y la relación que mantiene con lo que le rodea.

Claudio Naranjo, otro de los referentes centrales de esta psicoterapia, ha sostenido que la Gestalt es un asunto de actitud, de estar en el mundo de cierta manera. Su rol no consiste en aplicar ciertas técnicas sino hacer que el paciente trabaje con ellas, a pesar de él mismo.

La vida es proceso y vivirla es todo lo que se necesita para mantener su flujo.

Basta con estar consciente. Para que se produzca un cambio no se necesita nada más que presencia, estar consciente y responsabilidad.

Bibliografía:

Peñarrubia, Círculo y Centro. El grupo gestáltico, Ediciones La Llave, Barcelona, 2014.

Perls, P. Baumgardner, Terapia Gestalt, Traducción de Victorino Pérez, Editorial Pax México, México D.F., 2ª edición, 2006.

Naranjo, La vieja y novísima Gestalt: Actitud y práctica de un experiencialismo ateórico, Traducción de Francisco Huneeus, Cuatro Vientos Editorial, Santiago de Chile, 11ª edición, 2011.

saravia.gregorio@gmail.com

Profesor de Filosofía. Doctor en Estudios Avanzados en Derechos Humanos.

  • Maria Jose Molina

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    15/05/2018

    Me suelen gustar los artículos recogidos en esta página, pero éste no empezó con buen pie. Para encumbrar algo en lo que crees no necesitas tachar a los demás de tontos o ignorantes
    Además, nadie está en posesión de la verdad, ni siquiera los gestalticos, como aquí se sugiere. Al margen de creer o no que sea la panacea, no me han gustado las formas

  • Matias

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    17/05/2018

    He aprendido conceptos nuevos y corregido algunos equivocados. Gregorio sos un gran divulgador con tu forma y lenguaje cercano y de todos.

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